Trump lame sus heridas por no recibir el Nobel de la Paz compartiendo un iracundo mensaje
Trump ha dedicado gran parte de los últimos dos años a hacer campaña abiertamente por el premio, el cual se ha otorgado a dos presidentes estadounidenses anteriores

El presidente de EE. UU., Donald Trump, respondió a haber sido ignorado para el Premio Nobel de la Paz por segundo año consecutivo amplificando una publicación de su exabogado en la que este calificaba a la nueva galardonada, la jurista sudafricana y ex jefa de derechos humanos de la ONU, Navanethem (Navi) Pillay, como “una detractora declarada de Estados Unidos e Israel” que “nunca [había] hecho nada para fomentar la paz”.
La publicación, escrita por David Schoen —quien defendió a Trump en su juicio político en el Senado de EE. UU. en 2021 por el ataque del 6 de enero— se publicó en Truth Social a las 7:58 a. m. del viernes, pocas horas después del anuncio del Comité del Nobel Noruego en Oslo, y fue compartida por el mandatario con sus 10 millones de seguidores poco después.
“Hoy, el Comité del Nobel se ha avergonzado profundamente y ha denigrado el otrora prestigioso Premio Nobel de la Paz al otorgárselo a Navi Pillay, de la ONU”, escribió Schoen, y siguió: “Pillay odia abiertamente a EE. UU. e Israel. En su cargo, celebró a terroristas y recompensó a Hamás. Llevó a cabo una falsa ‘investigación’ afirmando haber concluido que Israel había cometido genocidio, e instando a su enjuiciamiento. Carece de toda credibilidad en cualquier ámbito normal y jamás ha hecho nada por fomentar la paz. Todo lo contrario. ¿Pero qué se podía esperar de un comité que anteriormente otorgó el otrora codiciado premio de la paz a Yasser Arafat?”.
En la publicación, Schoen —que omitió mencionar que Arafat, el difunto líder de la Organización para la Liberación de Palestina y exterrorista, había recibido el premio conjuntamente en 1994 con los líderes israelíes Yitzhak Rabin y Shimon Peres por su trabajo conjunto en los Acuerdos de Oslo— luego centró su atención en el hombre que creía que debería haber ganado: su antiguo cliente.
“El presidente Trump nos dio los Acuerdos de Abraham, que el mundo consideraba imposibles, ¡y ahora los está ampliando! ¡Rescató a los rehenes cuando todo parecía perdido! Está haciendo todo lo posible por poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania; por detener a Irán, el principal patrocinador del terrorismo internacional; y está intentando reconstruir Gaza a pesar de los esfuerzos de los terroristas por controlarla. La lista es interminable. ¡Este es el tipo de cosas que el Premio Nobel de la Paz debería reconocer y premiar!”. El mensaje finalizaba etiquetando la cuenta del presidente.
Pillay (85), por su parte, ya había dado su propio golpe. Al llegar entre aplausos a una conferencia jurídica en el tribunal de Núremberg —escenario de los juicios de posguerra contra los líderes nazis—, les dijo a los presentes: “Si aplauden un poco más, tal vez comparta este premio con Trump”.
La mención del comité no hizo referencia a Trump, pero no era necesario. El presidente del comité, Jørgen Watne Frydnes, afirmó que Pillay estaba siendo homenajeada por su papel fundamental en el enjuiciamiento de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio, en un momento en que el sistema de derecho internacional se encontraba bajo una enorme presión y sus instituciones estaban siendo atacadas. La declaración del comité fue más allá: “Observamos un giro hacia la política de poder a expensas de los marcos jurídicos y el respeto global por la ley y la justicia. Cuando la fuerza se impone a la razón, socava la estabilidad, la confianza y la coexistencia pacífica”. Concluía con tres palabras: “La paz requiere justicia”.
Pillay defendió a Nelson Mandela y a otros activistas antiapartheid antes de ejercer como jueza y posteriormente presidenta del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, y luego como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de 2008 a 2014. La “falsa investigación” a la que se refirió Schoen es la comisión de investigación independiente de la ONU que ella presidió, la cual concluyó que Israel estaba cometiendo genocidio en Gaza, una conclusión que Israel rechaza y que la Administración Trump ha tratado como una prueba más de que el aparato de derechos humanos de la ONU es, en palabras de la subsecretaria de prensa de la Casa Blanca, Anna Kelly, el mes pasado, un organismo que “no ha logrado nada en materia de derechos humanos y ha proferido tonterías sin fundamento durante décadas”.

Trump había pasado la semana defendiendo su candidatura, declarando a los periodistas el miércoles que había “hecho cosas que nadie más [había] hecho jamás” y afirmando que “probablemente ningún presidente [había] resuelto jamás ninguna guerra”, al tiempo que se jactaba de haber supuestamente puesto fin a ocho.
La cifra era de siete cuando se dirigió a la Asamblea General de la ONU el pasado septiembre; EE. UU. está en guerra con Irán, uno de los siete, desde febrero. Y su afirmación de que ninguno de sus predecesores había “resuelto ninguna guerra” parecía revelar su desconocimiento del hecho de que Theodore Roosevelt, el 26º presidente de EE. UU., recibió el Premio Nobel de la Paz (que se exhibe en el ala oeste de la Casa Blanca) por negociar el fin de la guerra ruso-japonesa en 1905.
La publicación de Trump que compartió la diatriba de Schoen fue una reacción mucho más moderada al desaire de este año en comparación con lo que sucedió cuando fue ignorado el año pasado.
Cuando el premio de 2025 fue otorgado a la líder de la oposición venezolana María Corina Machado, la Casa Blanca acusó al comité de anteponer la política a la paz. Posteriormente, Machado le entregó su medalla a Trump como un “reconocimiento a su singular compromiso con [la] libertad [de los venezolanos]”. Hasta el viernes por la tarde, Pillay no había hecho ninguna oferta similar.
Traducción de Sara Pignatiello


Bookmark popover
Removed from bookmarks