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Trump hizo una monótona divagación sobre temas irrelevantes un día antes de las elecciones de medio mandato

Con el control del Congreso en juego, el presidente de EE. UU. pasó casi una hora en el Monumento a Lincoln de Washington D. C. describiendo fotografías de viejas tuberías, reflexionando sobre la posibilidad de cambiar el nombre del estanque reflectante en su honor y advirtiendo sobre los vándalos antes incluso de mencionar a los llamados “yihadistas comunistas”

Head shot of Andrew Feinberg
Andrew Feinberg en Washington, D. C.
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En la última tarde antes de que los estadounidenses voten sobre si el Partido Republicano mantiene el control del Congreso, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se paró frente al estanque reflectante del Monumento a Lincoln y habló, largamente y con considerable detalle, sobre plomería.

El mandatario de 80 años, cuyas declaraciones habían sido anunciadas como un alegato final destinado a recordar a los votantes por qué debían votar por sus candidatos preferidos el martes, ofreció en cambio un discurso divagante de aproximadamente 50 minutos que pasó de la calidad del nuevo revestimiento del estanque reflectante del Monumento a Lincoln (en el parque National Mall, Washington D. C.) al cambio de nombre de cuerpos de agua, la conquista de Venezuela, de vuelta a los vándalos que, según él, destruyeron la primera renovación del estanque, y, finalmente, a la lista de candidatos demócratas a los que describió como “yihadistas comunistas”.

Tras comenzar con lo que él describió como una sugerencia en tono de broma de cambiar el nombre del estanque reflectante por el suyo propio, el presidente llamó a un asistente aparentemente desconcertado para que mostrara una serie de fotografías que mostraban tuberías corroídas y juntas viejas, lo que atribuyó a la mala gestión de la centenaria instalación acuática por parte del Gobierno anterior.

“Estas eran las juntas que había aquí y que quitamos”, afirmó, y para luego entretenerse hablando de las algas; el color azul de la bandera estadounidense de la cuenca renovada; el granito que, según dijo, tiene “una vida útil de un millón de años”; y los 100.500 m2 de revestimiento instalados para protegerla.

Ante la mirada de periodistas y otros invitados, habló monótonamente con voz ronca y repitió las acusaciones inventadas sobre un supuesto vandalismo inexistente que había fabricado meses antes, tras el fracaso estrepitoso de un intento anterior de renovar el estanque. Y, por si fuera poco, repitió una acusación desacreditada que se encuentra en el centro de uno de los casos penales contra el exdirector del FBI, James Comey, a quien los fiscales federales acusan de amenazar a Trump publicando una foto con la frase “86 47” en su cuenta de Instagram.

El mandatario de 80 años se pasó casi una hora despotricando, medio adormilado, sobre el estanque centenario
El mandatario de 80 años se pasó casi una hora despotricando, medio adormilado, sobre el estanque centenario (Reuters)

Trump llevaba casi 24 minutos hablando cuando, finalmente, se refirió a las elecciones de mitad de mandato, calificando la votación de mañana como “la más importante de nuestras vidas” y advirtiendo contra la elección de demócratas, describiendo a quienes se postulaban en su contra como “la lista de candidatos más extremista y peligrosa de la historia estadounidense” y señalando al candidato demócrata al Senado de Michigan, Abdul El-Sayed, con una acusación infundada de que su candidatura significaba que la lista demócrata incluía a “yihadistas y miembros de la Hermandad Musulmana”.

Trump siguió atacando a El-Sayed —exfuncionario de salud pública y ganador de la prestigiosa beca Rhodes— con una afirmación infundada de que el nativo de Michigan se había referido a EE. UU. como “la casa de Satanás”.

El monótono soliloquio continuó con descripciones más vívidas de renovaciones y restauraciones de monumentos y memoriales en Washington, así como con alardes infundados, incluyendo afirmaciones de que la Administración Trump había creado “25 billones de dólares en riqueza” y que “se [estaban] invirtiendo $22,5 billones en EE. UU. en este momento”, cifras que ha inflado regularmente en las últimas semanas y que no se corresponden con ninguna métrica gubernamental de inversión ni de riqueza nacional.

Todo el espectáculo provocó una mezcla de desprecio, burla e incredulidad en los círculos demócratas; un miembro del equipo de campaña del partido lo calificó de “auténtico desastre” y preguntó retóricamente: “¿Cómo pudimos perder contra este tipo dos veces?”.

Tommy Vietor, ex portavoz del Consejo de Seguridad Nacional durante los gobiernos de Barack Obama y ahora presentador del pódcast Crooked Media, describió la escena en una publicación en X, escribiendo: “No puedo creer que realmente esté hablando sobre las renovaciones del estanque reflectante en su discurso de clausura”.

“Esto es una mala broma de la resistencia liberal que se ha hecho realidad”, añadió.

Por su parte, el presidente del Comité Nacional Demócrata, Ken Martin, también se pronunció al respecto en una declaración justo después de que Trump concluyera su discurso, escribiendo que los demócratas estaban “listos para reducir costos, erradicar la corrupción, acabar con el caos y exigir responsabilidades a Trump y a sus republicanos títeres".

“Durante los últimos dos años, las familias trabajadoras, los agricultores y los pequeños empresarios se han visto obligados a recurrir a sus ahorros o a endeudarse simplemente para poder pagar la gasolina, los alimentos y la atención médica, mientras que Donald Trump dedica su atención —y el dinero de los contribuyentes— a sus proyectos vanidosos y a favores especiales para los ultrarricos”, dijo Martin.

Ahora, llega el momento de pagar las consecuencias: los estadounidenses están hartos de pagar el precio de la agenda republicana mientras Trump, el vicepresidente J. D. Vance y los republicanos les dan la espalda.

El intento poco enérgico de Trump de presentar un argumento final a los votantes pareció ignorar el hecho de que actualmente es uno de los presidentes menos populares de los tiempos modernos en este punto de su mandato de cuatro años.

Una encuesta de CNN/SSRS, realizada entre el 15 y el 18 de octubre, situó su índice de aprobación en el 32 %, un mínimo histórico para su presidencia, con los demócratas liderando la intención de voto para el Congreso con un 49 % frente a un 39 %. Reuters/Ipsos le otorgaba un 31 % a mediados de octubre y un 32 % en una encuesta publicada hace una semana, con los demócratas por delante por un margen de dos dígitos en ambas.

La corrupción también ha cobrado gran relevancia como tema de votación en las últimas semanas de la campaña, con múltiples encuestas que la sitúan entre las principales preocupaciones de los votantes, y una encuesta del Washington Post-ABC News-Ipsos que reveló que aproximadamente dos tercios de los estadounidenses creían que Trump estaba utilizando la presidencia para enriquecerse.

Las encuestas le otorgan un promedio de aprobación de alrededor del 37 % y a los demócratas una ventaja de aproximadamente ocho puntos en la intención de voto general; cifras que, de mantenerse, apuntan a pérdidas republicanas en la Cámara de Representantes y a un panorama complicado en el Senado.

Su aparición en el Monumento a Lincoln culminó un mes de campaña en el que ofreció sus característicos mitines de MAGA ante multitudes más pequeñas y menos entusiastas en estados tradicionalmente republicanos donde, sin embargo, los candidatos de su partido corren el riesgo de perder ante sus oponentes demócratas, un resultado que habría sido impensable hace un mes.

Si bien personas cercanas al líder han expresado su confianza en su capacidad para motivar a los simpatizantes menos propensos a votar y para impulsar los mercados mediáticos vecinos con sus apariciones, las encuestas muestran que incluso sus partidarios más fervientes están mostrando signos de un entusiasmo menguante en medio de una crisis del costo de vida que no solo no ha abordado, sino que ha exacerbado a través de sus políticas arancelarias y su decisión de lanzar una guerra no provocada contra Irán.

Lastrados por su incapacidad para abordar la inflación que impulsó su victoria en 2024 contra Kamala Harris, los candidatos republicanos en estados que antes eran seguros, como Kansas, Iowa, Nebraska y Alaska, podrían salir perdiendo cuando se cuenten los votos el martes por la noche.

Traducción de Sara Pignatiello

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