Elon Musk acaba de demostrar que Trump y EE. UU. son ahora un enemigo interno para Europa
Las medidas del presidente de EE. UU. contra Ucrania —incluido un acuerdo sobre el diésel con Putin y una disputa sobre las restricciones a Starlink— implican que ahora debe ser visto como una fuerza hostil en Europa, explica el editor de asuntos internacionales Sam Kiley

Ahora se puede concluir que el presidente de EE. UU., Donald Trump, no es solo un aliado de Rusia, sino que su Gobierno se ha convertido en un peligro para Europa, quizás mayor que el que supone Vladímir Putin.
El presidente ruso libra una guerra híbrida en el continente y en el Reino Unido. Putin también libra una guerra contra el flanco oriental de Europa en Ucrania y amenaza con extender el conflicto a los países bálticos, Polonia o Rumania. Rusia ha interferido en elecciones en toda Europa y se sospecha que se inmiscuyó en la campaña del Brexit.
Pero Estados Unidos, el país más poderoso de la OTAN, que ha sido la alianza que ha sustentado la seguridad occidental desde el final de la Segunda Guerra Mundial, representa ahora un peligro interno.
El ejemplo más dramático del peligro que ha supuesto EE. UU. bajo el mandato de Trump, ha sido el repentino bloqueo de los sistemas de comunicaciones por satélite Starlink de Ucrania, que son fundamentales para su defensa.
Elon Musk ha culpado a la Casa Blanca por las restricciones en la velocidad de transmisión de datos de las pequeñas antenas parabólicas, que están montadas en una gran cantidad de sistemas de drones y misiles de Ucrania. “Los sistemas Starshield son propiedad del Gobierno de EE. UU. y están controlados por él. Cualquier limitación en la velocidad o el uso la deciden las Fuerzas Armadas o el presidente”, publicó Musk en X.
Starshield es la versión militar de Starlink y utiliza las mismas redes, pero con niveles de cifrado más elevados. La rápida reacción de Musk para intentar negar su responsabilidad en la ralentización de la señal, que afectará a las operaciones militares y a la capacidad de Ucrania para proteger a su población civil, demuestra que comprende las dramáticas consecuencias de la medida estadounidense contra Kyiv.
El renovado vigor de los ataques rusos contra Ucrania ha coincidido con la ayuda prestada a Moscú por la Administración Trump.
Europa apoya a Kyiv en su defensa contra los invasores de Putin. EE. UU. no lo hace, salvo en un área crucial: la inteligencia. El flujo de esta arteria vital para la defensa de Ucrania se ha visto amenazado por la Administración Trump.
Esta semana, después de que los negociadores ucranianos en Miami fueran advertidos por los “negociadores” de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, de que debían aceptar los términos de un alto el fuego prorruso o Washington cortaría el flujo de inteligencia, regresaron a casa.

No está claro si los estadounidenses desactivaron entonces su sistema de alerta temprana, pero esta semana Rusia ha atacado a Ucrania con misiles y drones de los que, según Volodymyr Zelensky, Ucrania no sabía nada.
Es posible que los misiles Iskander, que destruyeron varios sistemas energéticos de Kyiv, tuvieran un tiempo de vuelo muy corto desde sus plataformas de lanzamiento en territorio ruso, o que la Administración Trump los observara volar y no enviara la alerta por satélite a Ucrania.
Un corte repentino por parte de EE. UU. en el suministro de inteligencia a Ucrania sería prácticamente un acto de guerra contra Kiev y, por extensión, contra Europa.
EE. UU. ya le ha dado un gran impulso a Putin con un acuerdo para importar diésel a su territorio, desafiando las sanciones internacionales contra Rusia. El acuerdo parece un intento poco claro de reducir el precio del combustible, que se ha disparado en EE. UU. debido a la guerra de Trump contra Irán, antes de las elecciones de mitad de mandato del próximo mes.
No tendrá ningún efecto en los precios del diésel, pero será el preludio del levantamiento de las sanciones contra Rusia que impiden la importación de repuestos para las refinerías que Ucrania ha estado bombardeando. Reconstruir los sistemas de craqueo de petróleo crudo que Kyiv ha atacado representaría una ventaja estratégica para la economía rusa, que atraviesa dificultades.
Según Reuters, SpaceX ha restringido el uso de las comunicaciones por satélite Starlink por parte de las Fuerzas Armadas de Ucrania.
“SpaceX ha impuesto un límite a algunos servicios de Starlink en Ucrania, deteniendo el funcionamiento de su versión de grado militar por encima de los 160 km/h, lo que interrumpe las misiones de combate”, dijo el miércoles el asesor presidencial ucraniano Serhiy Beskrestnov.
“Nuestras fuerzas de defensa no recibieron ninguna advertencia sobre esta limitación, lo que provocó la interrupción de varias misiones”, añadió el político en Telegram.
“Oye, @elonmusk, ¿estás haciendo política con tus productos otra vez?”, escribió el ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, en una publicación en X el miércoles. Agregó: “Como tus clientes europeos, te estamos vigilando”.
Las antenas Starlink son la columna vertebral de los sistemas de comunicaciones de Ucrania. Se utilizan para guiar prácticamente todos los drones terrestres y aéreos; son el medio por el cual las tropas ucranianas se comunican entre sí y con sus cuarteles generales en todo el país.
Al restringir la velocidad a la que pueden volar por el aire a bordo de un misil o un dron, SpaceX está mermando la capacidad de Ucrania para defenderse y contraatacar a Rusia.
Interferir con las transmisiones de Starlink provocará, y probablemente ya ha provocado, la muerte de ucranianos.
Sabemos esto porque, cuando Starlink impidió que las fuerzas rusas usaran sus terminales en Ucrania, las fuerzas de Kyiv pudieron obtener rápidamente una ventaja táctica y recuperar el territorio perdido a principios de este año. Lo mismo ocurrirá ahora con los rusos: podrán matar a más ucranianos si se bloquea Starlink.
El acuerdo sobre el diésel, el posible corte en el suministro de inteligencia y el presunto estrangulamiento de Starlink son intervenciones bélicas directas y contundentes en nombre de Rusia.
A esto se suma la hostilidad del Gobierno de Trump hacia la OTAN, que ha incluido amenazas de anexión o invasión de territorios que forman parte del organismo (Groenlandia y Canadá) e injerencia electoral a favor de candidatos prorrusos en Europa (Viktor Orbán en Hungría), el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania, entre otros. Por ello, queda claro que Trump solo sirve a los intereses de Rusia. No colabora con los aliados tradicionales de EE. UU., sino que trabaja abiertamente en su contra.
Oleksandr Morezkho, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento de Kyiv, declaró: “El problema es que recientemente hemos empezado a ver una serie de señales muy preocupantes: entre ellas, el acuerdo sobre el diésel; la exigencia de celebrar elecciones presidenciales durante la guerra; las ambigüedades con Starlink y el intercambio de información de inteligencia; otras declaraciones de Trump; y el hecho de que ignore e incluso intente justificar de alguna manera los ataques rusos contra nuestra infraestructura civil”.
“En conjunto, podría parecer un intento de presionarnos para que nos rindamos. Podría estar relacionado con la lucha política interna en EE. UU. en vísperas de las elecciones de mitad de mandato, pero para nosotros se trata de vidas humanas”, agregó.
También se trata de la seguridad en Europa, donde Trump ahora debe ser visto, no como un desequilibrado, sino como una figura peligrosa y hostil.
Traducción de Sara Pignatiello


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