Esperábamos respuestas de Tyra Banks, pero el documental de ‘America’s Next Top Model’ manipula a la audiencia
El nuevo documental de Netflix ‘La cruda realidad: dentro de «America’s Next Top Model»’ analiza la cultura tóxica que marcó al concurso desde 2003. Sin embargo, nadie asume responsabilidad por lo ocurrido. Mientras Tyra Banks insinúa un posible regreso del programa, Ellie Muir se pregunta: ¿qué aporta realmente esta producción?
Tras el estreno de La cruda realidad: dentro de ‘America’s Next Top Model’, un documental en tres partes que repasa la cultura tóxica detrás del reality America’s Next Top Model, cabría pensar que su creadora, Tyra Banks, evitaría cualquier intento de revivir el programa. Sin embargo, ocurre lo contrario.
Después de tres horas eludiendo cuestionamientos sobre la gordofobia, el racismo, la humillación pública, el acoso y los abusos verbales que marcaron al show desde 2003, Banks deja entrever que planea traer de vuelta ANTM. “No tienen idea de lo que tenemos preparado para el ciclo 25”, afirma a cámara con una sonrisa cómplice.
Ahí radica la principal contradicción de Reality Check, presentado como una mirada introspectiva al ahora cuestionado concurso televisivo que buscaba a la próxima supermodelo. Sin embargo, en la práctica, el documental se percibe como un desplazamiento interminable por contenido diseñado para provocar indignación.
A lo largo de los episodios, los espectadores ven cómo el equipo original de ANTM —Banks, el productor de la cadena Ken Mok y los jueces Jay Manuel, Miss Jay Alexander y Nigel Barker— evade las preguntas incómodas sobre lo ocurrido en las primeras temporadas, y lo hacen recurriendo a frases ensayadas y gestos de hastío. “Era otra época”, repiten una y otra vez.
Es cierto que la serie funciona como un análisis de la ética cuestionable que caracterizó a los realities de principios de los años 2000, pero ese contexto no debería utilizarse como justificación. Hay que decirlo con claridad: Banks no queda bien parada en el documental.
Si bien no duda en atribuirse el mérito de haber creado ANTM y de haber ampliado la representación en la industria del modelaje —un aporte que merece reconocimiento—, rara vez asume responsabilidad por los aspectos más problemáticos del programa, pese a los importantes beneficios económicos que obtuvo. Según estimaciones de Forbes, en 2009 Banks ganó 30 millones de dólares por ANTM solo en ese año. En contraste, la exconcursante Sarah Hartshorne afirmó que ella y sus compañeras recibían apenas 38 dólares diarios cuando participó en 2007.
La impronta creativa de Banks en el programa es innegable; sin embargo, en el documental tiende a minimizar su papel como “productora ejecutiva”, como si se hubiera limitado a ser el rostro frente a las cámaras. En un momento, incluso sugiere que la responsabilidad por las prácticas más cuestionables recaía en la audiencia: “Ustedes lo exigían… El público quería cada vez más”, afirmó.
Asimismo, cada vez que se le pregunta por su implicación en los momentos más polémicos del programa, insiste en que “la producción no era mi territorio”, deslindándose así de decisiones clave que marcaron el rumbo del show.
Y, para ser claros, hubo muchos de esos momentos.
Durante la pandemia, tanto nuevos espectadores como antiguos seguidores volvieron a ver ANTM desde sus primeras temporadas y quedaron sorprendidos ante la ética explotadora que marcó a muchos realities de los años 2000. En redes sociales, seguidores millennials reconocieron que haber visto el programa dos décadas atrás contribuyó a que interiorizaran estándares corporales problemáticos.
El show incluía a modelos consideradas “plus size” —es decir, de talla grande—; sin embargo, en varias ocasiones solo les proporcionaba prendas demasiado pequeñas, lo que evidenciaba las contradicciones en su discurso de inclusión.
A ello se sumaron las polémicas sesiones fotográficas. En al menos dos ocasiones, se pidió a las concursantes que se caracterizaran como una etnia distinta a la suya e incluso que posaran junto a niños pequeños que coincidían con la “raza” asignada.
Keenyah Hill, participante del ciclo cuatro, también relató los episodios de “gordofobia” que sufrió por parte del jurado cuando le asignaron el pecado de la “gula” en una sesión inspirada en los siete pecados capitales, cuya puesta en escena incluía un montaje en el que aparecía comiendo un bagel. En otra sesión con temática de safari, además, le correspondió representar a un elefante.
En otro caso, a Dionne Walters, del ciclo ocho, le pidieron posar con una herida de bala en la cabeza, exactamente en el mismo lugar donde su madre había recibido un disparo por parte de una expareja, ataque que la dejó paralizada. Al abordar el episodio en el documental, Ken Mok reconoció que esa sesión en particular fue “un error” y admitió que “glorificó la violencia”.


Durante la etapa de cambios de imagen, varias modelos se sometieron a procedimientos irreversibles. Dos concursantes del ciclo seis —Dani Evans, quien resultó ganadora, y Joanie Dodds— reconocieron que fueron presionadas para modificar permanentemente sus dientes, una decisión por la que Banks se disculpó tiempo después.
La situación adquiere una dimensión aún más preocupante cuando exconcursantes e incluso ganadoras admiten que, tras atravesar esas experiencias, quedaron prácticamente vetadas de la industria del modelaje profesional al finalizar el programa, debido a la reputación que ANTM arrastraba entre agencias y marcas.
“Nadie quería contratarme para desfiles porque era una estrella de reality”, afirmó Evans. También recordó una conversación que tuvo años después con Banks, quien, según su relato, le confesó que sabía que las participantes de ANTM no tenían posibilidades reales dentro de la industria de la moda, pero que no hizo nada para cambiar esa situación.
“Y que ella, una mujer negra, me diga que sabía que yo estaba pasando por dificultades y no hizo nada… No me veas sufrir y simplemente sigas como si nada”, continuó Evans. “Eso es muy injusto”.
La revelación más inquietante proviene de Shandi Sullivan, concursante del ciclo dos, al recordar el viaje de las modelos a Milán. Presentada en el programa como la empleada ingenua de Walgreens con un futuro prometedor, Sullivan se embriagó tras beber dos botellas de vino y mantuvo relaciones sexuales con un hombre que había sido invitado por la producción a una fiesta en la residencia de las concursantes, junto a otros jóvenes locales.
En Reality Check, ni Sullivan ni el documental califican el episodio como agresión sexual. Sin embargo, las imágenes originales de ANTM sugieren que se encontraba en un estado de ebriedad tal que difícilmente podía otorgar un consentimiento claro.
Entre lágrimas, Sullivan relató que estuvo inconsciente durante gran parte del tiempo y que apenas sabía que estaba teniendo relaciones sexuales, antes de desmayarse.
La producción no solo no intervino, sino que además registró todo lo ocurrido. Cuando el episodio salió al aire, Sullivan fue retratada como la “chica cristiana” que se había desviado del camino y solo se le permitió llamar a su novio con la condición de que la conversación fuera grabada y filmada.
Según su versión, sus reiterados intentos por abandonar el programa fueron ignorados. Paradójicamente, el episodio terminó titulándose “La chica que engañó”.

Cuando le preguntan por lo ocurrido con Sullivan, Banks afirma que le cuesta recordar quién era, pese a que la entrevistó en varias ocasiones sobre el incidente de Milán en su propio programa, The Tyra Banks Show. “Es un poco difícil para mí hablar de producción, porque ese no era mi territorio”, respondió con franqueza.
De hecho, al ser consultada sobre el momento más duro de ANTM, Banks no menciona ninguno de los episodios antes señalados, sino su célebre estallido —“¡Te estaba apoyando!”— dirigido a la concursante eliminada Tiffany Richardson, una escena que más tarde se convirtió en uno de los memes más conocidos de la televisión de realidad. “Fui demasiado lejos. Perdí el control”, reconoció. “Probablemente era algo más grande que ella: la presión de la familia, los amigos y la sociedad, los desafíos que enfrentamos las mujeres negras y esa sensación constante de no ser suficientes. Creo que todo eso influyó en ese momento”.
Se trata de una reflexión honesta; sin embargo, deja la impresión de que Banks quizá no dimensiona el impacto que el programa tuvo en las modelos que participaron.

Es cierto que no resulta del todo justo juzgar un programa de 2003 con los estándares de 2026, ya que el privilegio de la retrospectiva influye en este análisis. arias de las exconcursantes que aparecen en Reality Check reconocen que no dimensionaron la gravedad de lo que vivieron en ANTM sino hasta años después. Al fin y al cabo, términos como “deber de cuidado”, “límites” o “manipulación psicológica” no formaban parte del lenguaje habitual sobre salud mental en ese momento.
Sin embargo, también hubo modelos que denunciaron comportamientos inapropiados en su momento y, lejos de ser respaldadas, fueron castigadas o desacreditadas. En el ciclo cuatro, por ejemplo, Keenyah Hill habló frente a cámaras con el equipo y el jurado tras sufrir insinuaciones no deseadas por parte de un modelo masculino durante una sesión fotográfica. Según se muestra, la respuesta fue que Banks le sugirió utilizar sus “armas femeninas” para manejar la situación y simplemente resistir.
El término “abuso emocional” o “gaslighting”, hoy de uso común para describir la manipulación emocional, no se popularizó sino hasta 2016 y fue elegido palabra del año por Merriam-Webster en 2022. Y resulta, además, el concepto más adecuado para describir la defensa pública que Banks ensaya en Reality Check. De hecho, el propio documental puede generar en los espectadores una sensación similar: justo cuando uno empieza a involucrarse en una historia y a cuestionar lo que ve, esas dudas se diluyen bajo el argumento reiterado de que “era otra época”.
Reality Check, estábamos apoyándote. Sin embargo, abundan las oportunidades desaprovechadas para una rendición de cuentas genuina por parte de quienes estuvieron detrás del programa, en particular de Banks.
Y si al final Reality Check no es más que un preludio para relanzar ANTM, tal vez los ingenuos fuimos nosotros.
Traducción de Leticia Zampedri







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