La nueva serie ‘Belleza Perfecta’ no logra satirizar las cirugías estéticas de Hollywood como pretendía
La nueva serie de horror corporal de Ryan Murphy ofrece una sátira inquietante sobre la industria de la belleza y la obsesión por la perfección. Pero, como escribe Ellie Muir, hay un problema evidente en el elenco
En plena era de Ozempic, bótox y procedimientos quirúrgicos normalizados, ¿cuál será la próxima “poción mágica” para alcanzar la perfección estética? Esa es la premisa de Belleza perfecta, la nueva serie de horror corporal creada por Ryan Murphy para FX/Hulu, que podría estar anticipando un futuro distópico no tan lejano.
Basada en el cómic del mismo nombre, la historia sigue a dos agentes del FBI que investigan la propagación de un misterioso contagio de transmisión sexual que provoca dos efectos opuestos: A) las personas explotan en pedazos, dejando solo un charco de vísceras, o B) se transforman en versiones ridículamente más atractivas de sí mismas.
La sustancia promete perfección estética total. Quienes la reciben emergen con mandíbulas definidas, pómulos rellenos de colágeno, ojos grandes y brillantes, glúteos firmes y abdominales marcados: un estereotipo de los estándares de belleza occidental.
Uno de los protagonistas es Jeremy (interpretado por Jaquel Spivey y más adelante por Jeremy Pope), un incel deprimido y aislado que, en su deseo por parecerse a un “Chad” (un estereotipo de hombre joven considerado muy atractivo, popular, seguro de sí mismo y exitoso con las mujeres), recurre a la cirugía. En cambio, recibe la inyección. Sus huesos crujen, vapor sale de su piel… pero sobrevive y renace como un hombre irreconocible.
La serie funciona como una sátira escalofriante sobre la industria de la belleza y hasta dónde estamos dispuestos a llegar por alcanzar ideales imposibles. Tiene aciertos notables: Isabella Rossellini como la excéntrica esposa de un magnate tecnológico interpretado por Ashton Kutcher, Anthony Ramos como un villano tuerto y un episodio brillante sobre una red clandestina de multimillonarios que acceden primero a la droga.
Sin embargo, hay un gran problema: Belleza perfecta intenta criticar los estándares estéticos actuales mientras se apoya, paradójicamente, en el casting de celebridades que los encarnan. ¿Los rostros transformados por la droga? Nada menos que la supermodelo Bella Hadid y la heredera Nicola Peltz Beckham.
Hadid abre la serie desfilando por una pasarela en París, antes de sucumbir —literalmente— a los efectos secundarios de la droga y desintegrarse.
Por su parte, sin revelar demasiado, Nicola Peltz aparece hacia el final de la historia interpretando una versión “retocada” de otro personaje después de recibir la inyección: más joven y más bella, como sacada de una selfie con filtro.
No sé ustedes, pero elegir intencionalmente a algunas de las mujeres más bellas de Hollywood para protagonizar una serie que satiriza los mismos estándares de belleza que ellas representan, envía señales bastante contradictorias. Belleza perfecta advierte a su audiencia sobre los peligros de lo que la industria estética promueve y sobre cómo los ricos y poderosos explotan a personas comunes —especialmente a chicas jóvenes— dispuestas a casi todo por alcanzar ese rostro hegemónico de Instagram.
Y aunque no tengo nada en contra de Nicola Peltz ni de Bella Hadid —ambas hacen un buen trabajo en la serie—, es innegable que sus rostros forman parte activa de una cultura que impone cómo “deberíamos” vernos: desde sus publicaciones en redes sociales ante millones de seguidores, hasta sus tutoriales de maquillaje y rutinas de cuidado facial. Después de todo, las tendencias de belleza nacen en Hollywood… y el resto del mundo solo intenta ponerse al día.
Entonces, si Belleza perfecta busca denunciar los ideales estéticos tóxicos que hacen sentir indignas a tantas personas, ¿cómo se justifica un elenco repleto de rostros perfectos que refuerzan ese mismo modelo?
Algunos momentos de Belleza perfecta se sienten inquietantemente reales. Hacia el final de la serie, adolescentes de secundaria hacen lo imposible por conseguir la droga. Son chicos y chicas muy jóvenes, pero ya han recibido el mensaje de que no son suficientes tal como son.
Y en la vida real, la situación no es tan distinta: hay adolescentes de apenas 16 años que ya se están aplicando rellenos labiales y otros procedimientos estéticos.
También existe un inyectable cada vez más omnipresente que llegó al mercado masivo: fármacos para la pérdida de peso como Mounjaro o Wegovy, tan populares que incluso algunos restaurantes han empezado a reducir el tamaño de sus porciones para adaptarse a quienes toman estos medicamentos, que suprimen el apetito.
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Viendo cómo se están dando las cosas en la vida real, no resulta descabellado pensar que muchas personas estarían dispuestas a gastar todos sus ahorros en una única inyección capaz de transformar por completo su apariencia.
Esta serie debería funcionar como una advertencia.
Pero cuando el personaje de Nicola Peltz lanza su apasionado monólogo contra los estándares de belleza, no puedo evitar preguntarme si Belleza perfecta me estuvo manipulando desde el principio.
Traducción de Leticia Zampedri


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