Pete Hegseth cometió la imprudencia de alabar a Trump en la conmemoración del 11 de septiembre en el Pentágono
El secretario de Guerra elogió el conflicto con Irán mientras Trump se mantuvo en gran medida apegado al guion, después de que Condoleezza Rice prácticamente se disculpara por los fallos de seguridad previos a los atentados, escribe Andrew Feinberg
En un día reservado para honrar a los héroes de uno de los capítulos más oscuros de la historia de Estados Unidos, el hombre encargado de dirigir el aparato de defensa del país hizo lo único que parece saber hacer en público: elogiar a su jefe y arremeter contra Irán.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, tenía una tarea sencilla durante la ceremonia celebrada el viernes en el Pentágono para conmemorar el 25.º aniversario de los atentados perpetrados por Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001 contra el Pentágono, el World Trade Center y el vuelo 93 de United Airlines: recordar a quienes murieron, honrar a los sobrevivientes y rememorar los horrores de aquel día.
Debería haber sido una tarea sencilla para un hombre que pasó años leyendo un teleprompter como presentador de un programa matutino de fin de semana en Fox News. Sin embargo, por razones que solo él —y quizá quienes escribieron su discurso— conocen, el autodenominado “secretario de Guerra” optó por arremeter contra los “terroristas islámicos” y la “amenaza islamista”, al tiempo que trazó un vínculo entre la respuesta de Estados Unidos a los atentados del 11-S y la controvertida guerra que él y el presidente Donald Trump han librado contra Irán durante los últimos seis meses.
Hegseth pasó de rendir homenaje a las 184 personas que murieron en el Pentágono cuando el vuelo 77 de American Airlines se estrelló contra uno de los muros de piedra caliza del edificio a presumir de que Estados Unidos había “arrasado con el principal patrocinador estatal del terrorismo en el mundo”. También elogió a los “guerreros” estadounidenses por haber “combatido a una teocracia islámica [...] que aplaudió el 11-S”.
Fue un discurso tan inapropiado para la ocasión como históricamente equivocado.
En su afán por justificar la desastrosa guerra que ayudó a iniciar, vinculándola con los atentados perpetrados hace 25 años contra el mismo edificio que hoy dirige, Hegseth pasó por alto que el Gobierno iraní de entonces no solo condenó enérgicamente el 11-S, sino que Teherán incluso ofreció colaborar con Estados Unidos en sus esfuerzos por derrocar a los talibanes durante las semanas y meses posteriores.
Pero Hegseth no se detuvo ahí. Continuó elogiando a Trump por haber llevado al país a la guerra contra Irán y recordó ante los sobrevivientes del 11-S y los familiares de las víctimas cómo el presidente había “matado a sus líderes”, “destruido su fuerza aérea” y enviado a la armada iraní “al fondo del mar”.
Sus belicosas declaraciones contrastaron con las palabras pronunciadas justo antes por Condoleezza Rice, exsecretaria de Estado y asesora de seguridad nacional del entonces presidente George W. Bush durante los meses previos al 11-S.
Rice prácticamente se disculpó por los fallos del Gobierno de Bush a la hora de investigar una serie de pistas que podrían haber contribuido a evitar los atentados si los organismos de inteligencia y las fuerzas del orden hubieran compartido información con mayor libertad durante los meses previos a los ataques.
Al concluir su discurso en homenaje al heroísmo de quienes se encontraban en el Pentágono aquel fatídico día, Rice dijo ante los presentes que quería compartir algo “personal”.
“Quienes ocupábamos cargos de responsabilidad ese día no comprendimos a tiempo la magnitud del peligro como para evitar los atentados del 11 de septiembre”, reconoció.
“Hicimos lo que sabíamos hacer, pero, por definición, no fue suficiente”.
Rice también se mostró “agradecida” de que no se produjera un segundo ataque y calificó ese hecho como un “milagro” por el que, afirmó, los estadounidenses tienen “una enorme deuda de gratitud con nuestras fuerzas armadas y nuestra comunidad de inteligencia”.
“Pero siempre sentiré un profundo remordimiento personal por el dolor que ustedes, las familias de quienes murieron, todavía llevan consigo y por el trauma que sufrió nuestro país”, afirmó Rice.
Más sorprendente aún fue que, después del discurso de Hegseth, le correspondiera a Trump mantener el tono de la ceremonia y rendir el debido homenaje a las víctimas y sobrevivientes del ataque al Pentágono. Y, por una vez, el presidente se mantuvo en gran medida apegado al guion.
Trump, quien insistió en asistir a la conmemoración anual del 11-S en el Pentágono, porque no se le habría permitido pronunciar un discurso en el lugar donde se encontraban las Torres Gemelas, ofreció un discurso relativamente convencional en el que recordó las historias de algunas de las personas que murieron en los atentados y a bordo de los cuatro aviones secuestrados.
Entre ellas mencionó a un hombre que hablaba por teléfono con su esposa desde su oficina mientras las torres se derrumbaban a su alrededor; a una azafata de United Airlines que hirvió agua para utilizarla como arma mientras pasajeros y tripulantes se enfrentaban a los secuestradores del vuelo 93, que se estrelló en un campo cerca de Shanksville, Pensilvania, antes de alcanzar su objetivo previsto en Washington; y a una mujer embarazada que observó horrorizada cómo el segundo avión impactaba contra el World Trade Center, justo donde sabía que se encontraba la oficina de su esposo.
“Los pueblos libres jamás deben apartar la mirada ante semejante crueldad. No podemos olvidar aquel momento de inmensa y terrible maldad que irrumpió en este mundo, empeñada en destruir todo lo bueno”, afirmó Trump, quien contrastó el “terrible poder del odio” demostrado en los atentados con el “poder aún mayor del espíritu estadounidense para resistir, prevalecer y vencer” que, según dijo, el país ha demostrado durante el último cuarto de siglo.
Hegseth, quien lleva ya casi dos años al frente del Pentágono y, según se informa, alberga aspiraciones presidenciales, quizá debería aprender algo de su jefe, otro exconductor de televisión.
Trump sabe que quienes asisten a sus mítines esperan escucharlo salirse del guion, improvisar y lanzar insultos contra sus adversarios, por lo que suele dejar de lado los discursos preparados.
Pero también sabe cuándo bajar el tono, ceñirse al guion y comportarse con la mayor normalidad posible para la ocasión.
Traducción de Leticia Zampedri



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