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Comentario

El absoluto silencio de Trump sobre Israel pone a Netanyahu contra las cuerdas

No es el Reino Unido, sino Israel, quien ha provocado la mayor ruptura entre ambos países desde el fin del mandato británico en 1948, reflexiona Donald Macintyre

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Es inevitable preguntarse cuál habría sido la opinión del ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Gideon Saar, sobre Margaret Thatcher.

Su postura respecto al trato de Israel hacia los palestinos era prácticamente idéntica a la que Ed Miliband expuso en su acertadísimo discurso pronunciado el martes en la Cámara de los Comunes. Ella desempeñó un papel destacado al presionar tanto a Estados Unidos como al propio Israel para que forjaran una paz justa y duradera con los líderes palestinos; pero, sobre todo, le indignaba que Menachem Begin e Yitzhak Shamir promovieran los asentamientos judíos y nunca dudó en llamarlos territorios ocupados.

De hecho, no es difícil imaginar que, una generación más tarde, Thatcher —quien no tuvo reparos en sancionar a Israel, como lo hizo al negarle armas durante la invasión del Líbano en 1982— hubiera actuado exactamente igual que Burnham y Miliband. En 1986 había aproximadamente 60.000 colonos israelíes en Cisjordania. Ahora hay más de medio millón (además de 250.000 en Jerusalén Este) y su crecimiento se está acelerando como nunca antes, sobre todo por la promoción de nuevos y, con frecuencia, violentos asentamientos agrícolas diseñados para privar a los palestinos de sus tierras, medios de vida y hogares. Al menos 18 palestinos han sido asesinados durante ataques de colonos este año.

Es evidente que el uso que hizo Miliband del término “limpieza étnica” enfureció a los ministros israelíes y a sus partidarios. Pero resulta conveniente que olviden que, en una carta enviada en junio a Netanyahu, un grupo de figuras del establishment israelí (entre ellas dos ex primeros ministros, Ehud Barak y Ehud Olmert), utilizaron ese mismo término, junto con “terrorismo judío”, para describir las consecuencias de la actual política del gobierno israelí.

Es importante conocer la historia. No ha sido el Reino Unido, sino Israel, el que ha provocado la mayor ruptura entre ambos países desde el fin del mandato británico en 1948. También puso de manifiesto lo absurdo de tachar como un “acto inconformista de un gobierno de izquierda” la decisión que el gobierno británico venía cantando desde hace tiempo. De hecho, Benjamin Netanyahu describió recientemente al Reino Unido como “la primera república islámica del mundo en obtener un arma nuclear”.

La falta de intervención de la Casa Blanca fue una señal de su propia “frustración con la política del gobierno de Netanyahu en Cisjordania”
La falta de intervención de la Casa Blanca fue una señal de su propia “frustración con la política del gobierno de Netanyahu en Cisjordania” (AP)

El martes, Saar acusó a Miliband de pronunciar “mentiras escandalosas” en su discurso ante la Cámara de los Comunes, pero de alguna manera omitió aclarar cuáles. Quizás sea porque estaba demasiado ocupado haciendo algunas declaraciones cuestionables por su cuenta, ya que argumentó que Gran Bretaña está empleando “esta práctica del BDS [boicot, desinversión y sanciones] solo contra el Estado judío”. Aparte de todo lo demás, fue conveniente que el argumento ignorara la rotunda oposición de Miliband a la campaña del BDS y su repetida promesa de que el boicot no es contra el Estado de Israel, sino contra los asentamientos ilegales en territorio ocupado.

Lo cual nos lleva a la pregunta, acentuada por el silencio inusual de Trump sobre el tema hasta ahora, sobre cuál será la reacción de Washington. El ataque histérico del embajador estadounidense Mike Huckabee contra el secretario de Relaciones Exteriores judío por “odio a los judíos” (sin mencionar sus advertencias totalmente infundadas sobre el daño a las importaciones farmacéuticas de Gran Bretaña) refleja su propia naturaleza como cristiano sionista evangélico empedernido. A pesar de que siente una ligera vergüenza por el hecho de que los ciudadanos estadounidenses de origen palestino hayan tenido que lidiar en repetidas ocasiones con ataques de colonos, es un verdadero creyente en el proyecto de los asentamientos y en un Israel que se extienda desde el Mediterráneo hasta el Jordán.

Hasta ahora, Israel ha reservado en gran medida su ira para Gran Bretaña. Pero debería ser preocupante que Canadá —cuyo primer ministro, Mark Carney, ya está ganando apoyo tanto internacional como nacional por plantarle cara a Trump—, Francia y un puñado de otros países democráticos estén siguiendo su ejemplo. En el pasado, Netanyahu se ha mostrado en gran medida confiado en que la mayoría de ellos seguirían el ejemplo de Estados Unidos en su apoyo constante a Israel. Ya no parece ser el caso. Es demasiado pronto para sugerir que estamos presenciando siquiera los inicios de un reajuste global en el que las democracias liberales ya no vean a Estados Unidos como su defensor indiscutible. Pero resultaría irónico que la disposición del gobierno de Netanyahu a convertir a Israel en un Estado paria resultara ser el catalizador de dicho proceso.

Quizás Huckabee sea un caso atípico incluso dentro de la administración de Trump. El secretario de Estado, Marco Rubio, dejó en claro (como si fuera necesario) que Estados Unidos no haría lo mismo que Gran Bretaña; sin embargo, parece que Trump no intentó disuadir a los británicos cuando Burnham, con gran sensatez, le advirtió sobre la medida del Reino Unido. Según un informe bien fundamentado que publicó el sitio web de Axios, la falta de intervención de la Casa Blanca fue una señal de su propia “frustración con la política del gobierno de Netanyahu en Cisjordania”. Netanyahu debería preocuparse si no puede contar con el apoyo de Trump para su objetivo de anexar de facto Cisjordania, a menos de dos meses de la elección más importante de su vida, el 27 de octubre.

Cuando Margaret Thatcher habló con visión de futuro hace 40 años sobre lo que la “reputación” de Israel permitiría, seguramente tenía en mente los peligros de no lograr la paz con los palestinos: que podría menoscabar el enorme apoyo internacional a un Israel fundado como refugio seguro tras el Holocausto. Miliband se esforzó el martes por dejar muy claro que él, al igual que el mundo occidental en su conjunto, siempre apoyará a Israel dentro de fronteras internacionales legítimas. Pero ya no puede significar apoyo para que se les niegue a 5 millones de palestinos la seguridad y los derechos que el resto de nosotros, en los países democráticos, damos por sentados.

Traducción de Michelle Padilla

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