Jefe antiterrorista de Trump renuncia y asegura que Irán “no representaba una amenaza inminente”
Un exboina verde se convierte en el primer funcionario del Gobierno de Trump en renunciar por desacuerdos con la guerra contra Irán
Joe Kent, director del Centro Nacional Antiterrorista, dimitió tras la decisión del presidente Donald Trump de llevar a Estados Unidos a la guerra con Irán.
Kent anunció su salida en X. Señaló que no podía “apoyar en conciencia la guerra en curso en Irán”, ya que, a su juicio, Teherán no representaba “ninguna amenaza inminente” para el país.
Además, sostuvo que la ofensiva contra Irán comenzó por “la presión de Israel y su poderoso lobby en Estados Unidos”. En su carta de renuncia dirigida a Trump, acusó a “altos funcionarios israelíes y a influyentes figuras de los medios estadounidenses” de impulsar “una campaña de desinformación” para socavar las políticas del presidente y promover un conflicto con Irán.
En ese contexto, afirmó que una “cámara de eco” llevó a Trump a creer que Irán constituía una “amenaza inminente” y que un ataque abriría “un camino claro hacia una victoria rápida”.
“Esto fue una mentira. Es la misma táctica que se usó para arrastrarnos a la desastrosa guerra de Irak, que costó la vida de miles de nuestros mejores hombres y mujeres. No podemos repetir ese error”, advirtió Kent, exboina verde del Ejército de Estados Unidos y exagente de la CIA.

Kent aludió a su trayectoria como veterano de combate y a su historia personal —es viudo; su esposa, criptoanalista de la Marina, murió en un atentado del ISIS en Siria—. A la vez, sostuvo que no podía apoyar “enviar a la próxima generación a luchar y morir en una guerra que no beneficia al pueblo estadounidense ni justifica el costo en vidas”. Sin embargo, recurrió a afirmaciones polémicas al sugerir que la campaña de Estados Unidos y la OTAN contra el ISIS fue “fabricada por Israel”.
Dirigiéndose directamente a Trump, añadió: “Le pido que reflexione sobre lo que hacemos en Irán y para quién lo hacemos. Es momento de actuar con decisión. Puede corregir el rumbo de nuestra nación o permitir que caigamos aún más en la decadencia y el caos”. Y remató: “Usted tiene la sartén por el mango”.
La renuncia del exsuboficial del Ejército se produjo menos de un año después de que el Senado lo confirmara por un margen estrecho, tras un proceso de seis meses marcado por fuertes cuestionamientos. Senadores demócratas, incluidos los de su estado, Washington, lo calificaron de “manifiestamente no cualificado” y lo señalaron como “un teórico de la conspiración que promueve ideas supremacistas blancas”.
Mientras su nominación estaba pendiente, se incorporó a la Oficina del Director de Inteligencia Nacional como asesor principal de la directora Tulsi Gabbard. Más tarde, participó en una conversación en Signal —que luego generó controversia— iniciada en marzo de 2025 por el entonces asesor de seguridad nacional Mike Waltz. En ese chat se incluyó por error al editor jefe de The Atlantic mientras se discutían planes de guerra clasificados.
Dos meses después, según reportes, utilizó su cargo para presionar a analistas de inteligencia con el fin de modificar una evaluación sobre supuestos vínculos entre el gobierno venezolano y la banda Tren de Aragua, de modo que se alineara mejor con las políticas del Gobierno de Trump.
Antes de asumir el cargo, trabajó como asesor de política exterior en la campaña de Trump de 2020. También lanzó dos campañas fallidas para el Congreso por el estado de Washington. Durante ese periodo, enfrentó críticas por difundir teorías conspirativas, como cuando describió la vacuna contra el Covid-19 como una “terapia génica experimental”. Además, tomó distancia de vínculos previos con figuras asociadas al nacionalismo blanco, entre ellas el activista Nick Fuentes.

La dimisión de Kent al frente del Centro Nacional Antiterrorista se produce mientras la campaña aérea conjunta de Estados Unidos e Israel contra Teherán entra en su tercera semana, sin señales de un desenlace cercano.
Su carta de renuncia, en la que afirmó que funcionarios israelíes “engañaron” a Trump para atacar a Irán —una acusación que remite a estereotipos antisemitas—, probablemente intensifique el escrutinio sobre las cambiantes justificaciones del Gobierno de Trump para la guerra.
En un inicio, los ataques se presentaron como necesarios para frenar los esfuerzos de Irán por reconstruir un programa de armas nucleares que Trump aseguró haber “aniquilado” con bombas antibúnker en junio pasado.
El 5 de marzo, el secretario de Estado Marco Rubio declaró que la decisión de atacar buscó debilitar de forma preventiva la capacidad de Teherán de responder contra bases estadounidenses tras una ofensiva israelí.
Rubio, quien también actúa como asesor de seguridad nacional, afirmó que el Gobierno “sabía que habría una acción israelí” que “desencadenaría un ataque contra fuerzas estadounidenses”, el cual habría sido mucho más letal si Washington no se adelantaba.
Sin embargo, ese mismo día Trump ofreció una versión distinta ante la prensa en la Casa Blanca, luego de que le preguntaran si Israel lo había empujado a actuar.
“Por cómo avanzaban las negociaciones, pensé que ellos atacarían primero. Y no quería que eso ocurriera”, dijo. “En todo caso, puede que haya sido yo quien empujó a Israel. Pero ellos estaban preparados y nosotros también”.
El mandatario insistió en esa idea ante los periodistas: “Iban a atacar si no lo hacíamos. Estaba convencido de que iban a atacar primero”.
Traducción de Leticia Zampedri







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