Las memorias póstumas de Eric Dane transmiten un mensaje del que todos podemos aprender
El fallecido actor de 'Anatomía según Grey' y 'Euphoria' completó sus memorias en los meses previos a su muerte en febrero a causa de la ELA. Dane llenó su libro de lecciones de vida destinadas a sus hijas adolescentes, pero sus meditaciones finales contienen enseñanzas vitales, escribe Carsen Holaday
Casi al final de las memorias póstumas de Eric Dane, la estrella de Anatomía según Grey describe una fantasía en la que puede volver a correr. En el pasaje, Dane, quien sufrió parálisis muscular progresiva tras su diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) en 2024, Se imagina corriendo a toda velocidad por la ciudad de Nueva York en zigzag. Baja a toda velocidad por la Quinta Avenida, gritando y saltando entre el tráfico, hasta que finalmente vuela por los aires. “¡Soy invencible!”, exclama.
Tras las páginas llenas de euforia, se yuxtapone una descripción de su realidad: cuatro meses antes de su muerte a causa de una enfermedad neurodegenerativa a los 53 años, Dane realizó un último viaje con sus mejores amigos a Tokio para asistir a un concierto de Oasis. El actor no podía caminar, mantenerse en pie ni alimentarse por sí mismo, y dependía de sus amigos para que lo cuidaran. Recuerda haber llorado durante el concierto mientras sus amigos lo abrazaban, sollozando al saber que era “[su] último momento juntos”.
Dane terminó de escribir el libro My Book of Days: A Memoir in Moments (Mi libro de los días: unas memorias en instantes), publicado esta semana, en los meses previos a su fallecimiento en febrero a causa de la ELA, también conocida como enfermedad de la neurona motora. Dane, que no podía escribir ni teclear, probablemente dictó los recuerdos que relata en el libro, escrito directamente para sus dos hijas adolescentes, Billie y Georgia, fruto de su matrimonio con Rebecca Gayheart. A lo largo del libro, se dirige a ellas con frecuencia, ofreciéndoles consejos sobre citas, trabajo y la vida adulta. Dane deja claro que quiere dejarles un manual de vida para después de su muerte.
Como lectores, podemos aprender muchísimo de sus lecciones. Su relato es amplio y crudo. Cuenta historias increíbles sobre sus días de fiesta cuando era un joven actor que luchaba contra la drogadicción en Los Ángeles. Más adelante, revela detalles sobre sus papeles como el apuesto doctor Mark Sloan en Anatomía según Grey —cómo sus problemas de adicción contribuyeron a su salida de la serie— y el aterrador Cal Jacobs en Euphoria, que describe como el trabajo “más gratificante e importante” que jamás haya tenido.
Quizás como resultado de dictado a través de la dificultad para hablar causada por la ELA, el libro de Dane consta de capítulos cortos formados por frases aún más cortas. La cronología de sus recuerdos se vuelve confusa en algunos momentos, y las historias contienen clichés y digresiones prolijas. No es una obra pulida, pero tampoco pretende serlo.

Es precisamente esa imperfección lo que hace brillar la humanidad en sus historias. A diferencia de otras memorias de famosos que intentan vender una imagen cercana a través de las palabras de un escritor fantasma, las historias de Dane se narran desde una perspectiva que se siente más como necesidad y cariño. Admite sus errores y es honesto sobre sus problemas —el síndrome del impostor que acompaña a la fama, la humillación de su adicción y la devastación de su enfermedad terminal— con la esperanza de mostrar una imagen más auténtica de sí mismo a sus fans y, sobre todo, dejar un ejemplo para sus hijas.
La inminencia de la muerte de Dane se cierne como una sombra sobre el libro, tiñendo incluso los momentos más felices de un tono agridulce. Pero, de una manera retorcida y divertida, también le permite ser despreocupado y generoso con sus recuerdos: no tiene reparos en mencionar nombres al marcharse. Le reprocha a Billy Corgan, líder de Smashing Pumkins, ser un mal vecino; se disculpa con Josh Duhamel por la pelea a puñetazos que tuvieron en el plató de la serie Las Vegas, y recuerda haber decepcionado a Ed Harris en una audición para la que no estaba preparado debido a su adicción a la heroína.
En otras partes del libro, admite haber descargado una escopeta en una calle de Hollywood y haber robado jeringas de habitaciones de hospital antes de que sus amigos lo internaran en un centro psiquiátrico bajo la sección 5150 del Código de Bienestar e Instituciones de California, en medio de su adicción.
“Recuerdo todas esas noches peligrosas y bajo los efectos de las drogas, noches que desearía poder olvidar, años que desearía poder recuperar”, escribe Dane, y sigue: “De alguna manera, evité una sobredosis. Milagrosamente, salí ileso de las peleas callejeras. Nunca me golpearon, apuñalaron ni dispararon. Salí con vida”.
Sin nada que perder y con todo por transmitir, Dane decide no mentir, y admite tener arrepentimientos al final de su vida. Acepta con resignación su destino, escribiendo: “No tengo prisa por corregir mis errores porque sé que no puedo. Me arrepiento, pero tengo que vivir con ellos. No tengo alternativa”.
A pesar de su honestidad, estas memorias son una lectura innegablemente dolorosa. Algunos momentos del libro son casi insoportables. Dane recuerda que tenía siete años cuando su padre se suicidó, y que al ver a otros niños comportarse como niños pensaba: “Ya no puedo jugar así”.

Casi cada frase que dice sobre sus hijas es desgarradora. Recuerda estar entre bastidores en la última actuación de baile de su hija y no poder abrazarla. En otro pasaje, describe cómo su hija menor lo salvó de ahogarse durante una excursión de snorkel. En el relato, Dane rompe a llorar al darse cuenta de que nunca volverá a nadar.
En los momentos más crudos de su vida, Dane vuelve una y otra vez a la lección más importante de sus memorias: no tienes tanto tiempo como crees. Pero hay una salvedad: ve con calma. “Tienen que aprender a ir con calma, algo que solía costarme muchísimo. Lo quería todo al instante”.
“Chicas, tómense su tiempo”, les dice a sus hijas, y continúa: “Vivan esa contradicción. No tienen todo el tiempo del mundo, pero tómense su tiempo. No se apresuren; encuentren esos momentos, disfrútenlos, vívanlos. Yo aprendí a hacerlo. No fue fácil y me llevó tiempo, casi demasiado. Pero lo logré. Ustedes también lo lograrán”.
Con un libro repleto de sus momentos más vitales e imperfectos, Dane les ha dejado a sus hijas este regalo: una valiosa lección de vulnerabilidad en lugar de invencibilidad. Tenemos la suerte de que haya decidido compartirla también con nosotros.
My Book of Days: A Memoir in Moments, publicado por Penguin Random House, ya está a la venta.
Traducción de Sara Pignatiello





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