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Comentario

Un robot acaba de batir el récord mundial de Usain Bolt. ¿Qué les depara el futuro a los humanos?

La extraordinaria imagen de un robot batiendo el récord de velocidad del célebre atleta es un nuevo hito en el rápido avance de la tecnología de IA que podría dejar obsoletos mucho más que los récords mundiales olímpicos, afirma Sean O'Grady

Los robots compiten en un tira y afloja en los Juegos Mundiales de Robots Humanoides de 2026
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Esta semana, un robot “atleta” rebajó unos milisegundos el récord mundial de Usain Bolt en los 100 m lisos, que el ocho veces medallista de oro olímpico estableció en 2008 con un tiempo de 9,58 segundos. Un humanoide llamado Tiangong Ultra completó la prueba en 9,39 segundos.

El señor Ultra —o simplemente Tian— merece ser felicitado, aunque aún no domine el arte de frenar, y se estrelló contra el gran colchón de plástico colocado al final de la pista por los organizadores de la segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides (WHRG) en Pekín, China. Algunos trozos del “cuerpo” de Tian salieron disparados con el impacto.

Sin embargo, nada que no se pueda reparar. Ningún robot verá su carrera cercenada por una rotura del tendón de Aquiles.

Como era de esperar, los juegos en la capital china, diseñados por seres humanos inevitablemente sádicos, también incluían eventos en los que los robots se daban una paliza entre sí por diversión. Me sorprendería que alguien no hubiera apostado por el resultado.

(Quizás la comunidad británica de cazadores de zorros podría idear un desafío en el que un robot sea perseguido por la campiña inglesa para ser despedazado por los perros, con sangre simulada salpicada por todas partes. De ello se deduce que, como ya vemos en la guerra de Ucrania, las nuevas tecnologías se emplearán para matar tanto a personas como a robots).

Hasta aquí el circo de las olimpíadas de robots… ¿y qué hay del pan?

Bueno, los juegos también tienen nuestra rutina diaria cubierta. Fuera del estadio, los humanoides asumieron una serie de tareas domésticas. Por ejemplo, se requisó un hotel para que un equipo de sirvientes robot pudiera ponerse manos a la obra con hacer las camas y planchar, tender la ropa y ordenar una habitación desordenada.

Corran por sus vidas, humanos...
Corran por sus vidas, humanos... (AFP/Getty)

Para colmo de males, las tareas domésticas se vieron interrumpidas por un requerimiento imprevisto: recibir un paquete. Obviamente, esto también requería una velocidad digna de Usain Bolt para llegar a la puerta antes de que el repartidor de Amazon, presumiblemente también un robot, saliera corriendo.

Como espectáculo, ver robots es sumamente impresionante, y a la vez escalofriante. Aquí tenemos otro ejemplo gráfico de cómo los robots podrían algún día reemplazar a los humanos en la industria hotelera, e incluso encargarse de todo tipo de tareas tediosas en el hogar. Y, si se cumplen las profecías de innumerables películas de Terminator, también podrían acabar con todos nosotros.

Aun así, quiero uno de esos robots totalmente automatizados. Tener mi propio robot mayordomo/ayudante/jardinero/cocinero/ayudante doméstico sería una maravilla, me daría más tiempo libre y me liberaría de las tareas del hogar. Todas las casas deberían tener uno. Esperen cinco años.

En términos más generales, la revolución robótica acabaría de golpe con nuestro problema de productividad, creando un mundo de abundancia, una sociedad de “ocio colectivo” que imaginaron figuras como John Maynard Keynes, Aldous Huxley y H. G. Wells hace casi un siglo, y que pronto podría convertirse en realidad.

En una sociedad tan nueva, donde la robótica se combina con la inteligencia artificial, la noción de escasez económica prácticamente desaparecería y el nivel de vida aumentaría drásticamente. La cuestión de la llamada equidad intergeneracional se resolvería en pocos años, ya que los robots crearían, por ejemplo, viviendas nuevas, abundantes y de alta calidad. Si hoy no contamos con suficientes carpinteros, albañiles, electricistas y andamieros, que los humanoides se encarguen de ello. Una generación de jóvenes que hace tan solo unos años parecía tener perspectivas tan sombrías pronto será la más afortunada de la historia de la humanidad.

El problema evidente radica en qué harán las personas que antes percibían un salario para obtener ingresos. En una economía transformada por la IA y la robótica, menos personas percibirán un salario y se verán obligadas a depender de la seguridad social, si es que aún existe. El ocio masivo podría equivaler a un desempleo masivo.

Quienes se beneficiarán de la próxima Revolución Industrial serán los propietarios de capital: aquellos afortunados que poseen acciones en las empresas que se verán favorecidas. Esto incluye a las nuevas empresas que desarrollan la IA y fabrican los robots; a las empresas más antiguas que se beneficiarán de la drástica reducción de costes (desde la distribución y la hostelería hasta la contabilidad y los taxis); y a las dedicadas a la generación de energía y la refrigeración de agua para los grandes centros de datos.

Un robot humanoide patea una pelota durante un partido de fútbol en la 2.ª edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides
Un robot humanoide patea una pelota durante un partido de fútbol en la 2.ª edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides (AFP/Getty)

Aún habrá espacio para algunos oficios en los que los robots no puedan competir del todo; me vienen a la mente los futbolistas, después de haber visto al equipo Humanoids United FC jugar contra los Robot Wanderers en Pekín. Creo que Erling Haaland y sus compañeros tienen poco que temer. Los periodistas de prensa escrita, en cambio, quizás tengan menos motivos para estar entusiasmados.

Lo que los economistas denominan la distribución factorial de la renta —salarios frente a beneficios—, hasta ahora de interés para los estudiantes marxistas, se convertirá en un área de estudio de moda, e incluso fundamental. Sin embargo, las decisiones sobre cómo garantizar una distribución “justa” de la renta y la riqueza serán esencialmente políticas.

Debo decir que el sistema de gobierno chino, tan abominable en muchos aspectos, es mucho más adecuado para resolver esa cuestión que nuestros sistemas occidentales, más liberales y orientados al mercado. Si la historia sirve de algo, probablemente nos adentraremos en un mundo mucho más próspero, pero desfigurado por grotescas desigualdades en riqueza e ingresos, y quizás encaminándonos hacia un cambio climático caótico.

Los segundos WHRG han sido entretenidos, pero también han marcado un antes y un después. Para nosotros, los humanos, la inminente revolución robótica resultará ser un arma de doble filo.

Traducción de Sara Pignatiello

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