Fans de Harry Potter logran desviar enlace energético para proteger la “tumba” de Dobby: ¿acaso no tienen límites?
Los planes de construcción de un enlace eléctrico multimillonario se modificaron después de que amenazara con perturbar un monumento a Dobby, un elfo ficticio. “Consíganse una vida” se queda corto, escribe Louis Chilton
Incluso en tiempos más amigables, ser un fanático adulto, vocal y orgulloso, de la saga de Harry Potter —un Adulto Harry Potter, en la jerga moderna— nunca ha sido precisamente elegante. Hay diferentes grados: tal vez tengas una bufanda de Hogwarts; tal vez llenes tu perfil de Hinge con afirmaciones de que eres de Hufflepuff, que tu Patronus es un emú y que tu varita sería de pistacho (para un muggle potterfóbico como yo, siempre ha habido algo muy poco atractivo en todo esto). Pero resulta que todavía hay otro nivel de superfan: ¿alguna vez te has indignado tanto por que perturbaran la tumba de un elfo ficticio que has obligado a reorganizar un proyecto de infraestructura multimillonario?
La disputa giró en torno al interconector eléctrico Greenlink, valorado en 580 millones de dólares, un cable de alimentación submarino que conecta la Red Nacional del Reino Unido con Irlanda. Se habían elaborado planes para instalar el cable de 200 km de longitud en una ruta que atravesaba Freshwater West, una playa en la costa de Pembrokeshire, en Gales. ¿Por qué importa esto? Pues bien, esta playa se utilizó brevemente como lugar de rodaje en la séptima y octava película de Harry Potter, donde ahora se encuentra un montón de rocas que sirve de monumento a un personaje llamado Dobby el elfo. El director del proyecto eléctrico, Simon Ludlam, declaró la semana pasada en el pódcast Energy Revolution que habían recibido “cientos” de llamadas protestando contra los planes. “Les dije: 'Es un personaje ficticio en un libro ficticio, todo es ficticio. ¿De qué están hablando?'”, relató. Tras darse cuenta de la intensidad de las objeciones, el proyecto se modificó (la construcción comenzó en 2022 y entró en funcionamiento el año pasado). “Nos acercamos bastante a algunos restos auténticos de la Edad de Bronce, pero evitamos la tumba de Dobby”, dijo Ludlam, dejando que la absurda ironía hablara por sí sola.
Esto no va a ser una diatriba sobre lo incorrecto que es que los adultos se involucren con Harry Potter (aunque la actividad de J. K. Rowling en redes sociales ha hecho que esta postura sea cada vez más popular entre quienes se preocupan por temas como los derechos trans). Tampoco va a ser una discusión sobre por qué es infantil y miope —y, en la práctica, bastante desconcertante— hacer un berrinche por la profanación de una tumba inexistente para un elfo inexistente; esto debería ser obvio (para decirlo sin rodeos: esta gente necesita madurar). Pero, al menos, el incidente ha puesto de manifiesto los problemas de los fandoms adultos de obras como Harry Potter y cómo son fundamentalmente incompatibles con las realidades del mundo adulto.
Lo que hace que todo el asunto de Dobby sea tan indignante es que, en el panorama general, los fans adultos de Harry Potter ya han ganado. Vivimos en un mundo que satisface sus caprichos con una minuciosidad empalagosa. Si quieres dar rienda suelta a tu pasión por Harry Potter, hay videojuegos, franquicias cinematográficas, parques temáticos; tiendas físicas enteras que venden productos de Harry Potter a los fans. Esta Navidad se estrenará una nueva serie de televisión basada en la saga de libros, un proyecto que ya parece redundante tras las ocho adaptaciones cinematográficas, pero que, sin embargo, promete convertirse en una de las series más vistas de la historia (a juzgar por el tráiler, que ha alcanzado la cifra sin precedentes de 277 millones de visualizaciones en sus primeras 48 horas). Se ha especulado que cada episodio de la serie de HBO costará $100 millones, lo que eleva el presupuesto total de la serie a miles de millones.
En realidad, los fans adultos de Harry Potter no son diferentes de los de Disney o los de Pokémon. Estas fronteras también son difusas: en cierta medida, casi todos consumimos contenido dirigido a niños. Es lo que llena los multicines, lo que domina las listas de los más vendidos. En general, nuestros medios de comunicación se han infantilizado, en parte como resultado de la popularización de la cultura nerd que tuvo lugar en las últimas décadas. Es importante reconocer esto con neutralidad y admitir que podría no ser algo bueno; de hecho, podría ser problemático construir tu personalidad en torno a un arte creado para personas que aún no tienen edad para presentarse a los exámenes de secundaria. ¿A dónde nos lleva esto? A un montón de piedras apiladas de forma llamativa, tratadas como tierra sagrada: una fantasía absurda hecha realidad.
Traducción de Sara Pignatiello


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