Princesa Diana: cinco impactantes revelaciones que se conocen del libro de su hermano, Charles Spencer
El Palacio de Buckingham afirmó que “el dolor [podía] nublar la razón” en vísperas de la publicación de las esperadísimas memorias de Spencer sobre Lady Di
Se ha publicado la segunda serie de extractos del libro del conde británico Charles Spencer sobre su hermana, la princesa Diana.
En su esperadísimo libro biográfico, Swan Song: Diana, My Sister, el conde ha formulado acusaciones explosivas sobre la conducta del rey Carlos III en torno a su ex esposa, la princesa Diana, durante su relación y después de su muerte.
Las revelaciones del libro, que actualmente está siendo publicado por entregas en el periódico británico Daily Mail antes de su lanzamiento el próximo martes, se han centrado hasta ahora en el comportamiento del entonces príncipe de Gales, ahora rey Carlos III, desde las declaraciones que hizo a Diana antes de su matrimonio hasta los comentarios que hizo a Spencer antes de su funeral.
Antes de la publicación de la serie, el Palacio de Buckingham respondió directamente a las acusaciones, diciendo que el rey era consciente de que “el dolor de la pérdida fraterna [podía] nublar la razón”, en referencia a Spencer.
Estas son las últimas acusaciones explosivas que aparecen en las memorias.

Príncipe Carlos “no tenía cabida en el funeral de su ex”
Spencer recordó el funeral de su hermana como “una forma de tortura mental”, afirmando que creía que ni el príncipe Carlos ni los príncipes William y Harry deberían haber asistido.
Compartiendo sus sentimientos sobre la procesión fúnebre, un pasaje decía: “¿Qué hacía realmente el príncipe Carlos allí? Pensé en un momento”.
“Este exmarido, de un matrimonio que se había derrumbado tan amargamente cuatro años antes y que finalmente había terminado en divorcio un año antes, no tenía cabida en el funeral de su exesposa”, escribió.
“La razón que dieron para que ocupara un puesto tan destacado fue que quería acompañar a sus hijos, pero ¿qué hacían los chicos allí, de todos modos? A mí me parecía una locura”, continuó.
“Me preocupaba no poder mirar a mi alrededor para ver cómo estaba Harry. Pero en un momento dado, nos vi marchando brevemente bajo un enorme arco, fuera de la vista. Aliviado de que nadie nos viera allí, me incliné rápidamente hacia Harry y le di un abrazo de ánimo. ‘¡Bien hecho, Harry!’, le dije. ‘¡Lo estás haciendo de maravilla!’, relató.

La tensa relación de Diana con la familia real en el momento de su muerte
Los extractos publicados el viernes revelan más detalles sobre la tensa relación de Diana con el Palacio en el momento de su muerte.
El libro decía: “Vi el rostro de la princesa Miguel de Kent, a quien Diana consideraba su 'vecina pesadilla' en el Palacio de Kensington. Había abordado a mi hermana después de que la despojaran de su título de Alteza Real y le dijo, con fingida amabilidad: 'No te preocupes, Diana, ¡solo tienes que hacerme una reverencia cuando estemos en público!'”.
“Allí estaba también la princesa Margarita, que había sido una buena aliada de Diana hasta la entrevista en el programa Panorama. Margarita jamás podría perdonar lo que consideraba un acto de traición contra la familia real y optó por no hacer una reverencia ante el féretro de Diana cuando pasó frente a ella aquella mañana”, prosiguió Spencer.

Tras la muerte de Diana, hubo una “evidente falta de atención” hacia el príncipe Harry
En otros pasajes del libro, Spencer expresó su preocupación por el príncipe Harry.
Escribió: “Mi principal recuerdo de aquel viaje en tren es la preocupación que sentí por la evidente falta de atención hacia Harry, mientras se recuperaba de la espantosa experiencia de la mañana”.
“Él necesitaba los abrazos de Diana, por supuesto, y los echaría en falta siempre. Pero en lugar de calma y afecto, se le permitió quedar a la deriva y perder el control”, siguió.
“A menudo he reflexionado sobre ello, pensando que una mano más cariñosa en momentos como este le habría ayudado enormemente en el futuro. En cambio, parecía estar muy solo en su desesperación y tormento”, manifestó.
La oferta de la reina de restituirle sus títulos honoríficos póstumamente

El conde explicó que había rechazado el gesto “bienintencionado” de la difunta reina Isabel II de restituirle a Diana el título de Alteza Real a título póstumo, pues lo había considerado un “premio de consolación”. Afirmó que su hermana se había sentido “terriblemente herida” por la decisión “mezquina y vengativa” de retirarle el título, y que la reina se había ofrecido a restituírselo apenas unas horas después del funeral.
“Sentí que sabía, en lo más profundo de mi ser, cómo vería ella este premio póstumo”, escribe, y añade: “‘Eso es muy amable por parte de la reina, por supuesto. Pero, ¿qué sentido tiene? ¿Ahora? Es decir, Diana está muerta’, respondí”.
Dijo que, apenas unas horas después de su discurso fúnebre en el funeral de Diana, el secretario privado de la difunta reina, Robert Fellowes, le había hecho señas para que lo siguiera a un rincón tranquilo del carruaje.
“Acabo de recibir una llamada de Su Majestad, y le gustaría devolverle a Diana su título de Alteza Real”, escribió que le dijo Fellowes.
Si bien el conde se preguntó más tarde si había hecho bien en rechazar el premio, opinó que “el título nunca debería haberle sido retirado en vida, en cuyo caso no habría sido necesario ofrecérselo tras su muerte”.
El príncipe Carlos tomó “una sola flor” para dejarla caer sobre el ataúd de Diana

El conde también recordó su enfado con el príncipe Carlos el día del funeral de Diana.
Escribió: “Diana fue bajada a la tierra mientras el vicario ofrecía sus palabras de consuelo cristiano”.
“Varios de nosotros arrojamos nuestras flores sobre el ataúd. El príncipe Carlos arrancó una sola flor de mi ramo y la dejó caer sobre el ataúd de su exesposa”, continuó.
“’Qué generoso’, pensé, enfadado ahora por Diana, mientras ella comenzaba a desaparecer bajo tierra”, añadió.
“Pero la ira fue una emoción secundaria en un momento de tan profunda pérdida. El entierro fue a la vez increíblemente doloroso y absolutamente exquisito”, describió.
Traducción de Sara Pignatiello






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