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Colapso de glaciar que mató a cientos en Nepal fue un proceso que se gestó durante décadas, según científicos

Las montañas que rodean el valle de Langtang en Nepal se están calentando a un ritmo excepcional. Este calentamiento está transformando la región de tal manera que aumenta la probabilidad de que ocurran “incidentes horribles” como este, según explican los científicos a Stuti Mishra

Nepal: el ejército rescata a cientos mientras la diáspora lamenta las vidas perdidas
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Un muro de hielo, roca y lodo arrasó Nepal y el Tíbet esta semana, causando la muerte de cientos de personas. Los científicos creen que el desastre comenzó cuando parte de un glaciar y la ladera de la montaña que se encontraba debajo se derrumbaron. Si bien no está claro qué lo desencadenó, ha planteado una pregunta aún más importante: ¿se está convirtiendo la cordillera del Himalaya en un lugar más peligroso para vivir?

En lo alto de Langtang Lirung, una montaña de 7.000 m en la frontera entre Nepal y el Tíbet, parte de la ladera cedió y se llevó consigo una sección de glaciar.

La masa resultante de hielo, rocas y escombros se estrelló contra el río Lhende Khola, que discurría abajo, y creció a medida que avanzaba, recogiendo sedimentos y agua antes de precipitarse río abajo hacia los distritos nepalíes de Rasuwa, Nuwakot y Dhading.

El lago formado por el deslizamiento de tierra inicial ha comenzado a desbordarse, provocando un nuevo pánico en las comunidades ya devastadas por el desastre del miércoles. Según las autoridades, el número de muertos asciende a 538 en Nepal y cinco en el Tíbet.

La Cruz Roja afirma que más de 90.000 personas se han visto directamente afectadas y necesitan ayuda urgente, y advierte que la crisis “aún está en desarrollo” mientras las autoridades se preparan para nuevas inundaciones.

Esta imagen de satélite, facilitada por la empresa Vantor, muestra los daños en Syapru Besi, Nepal
Esta imagen de satélite, facilitada por la empresa Vantor, muestra los daños en Syapru Besi, Nepal (Imagen satelital ©2026 Vantor)

Jeffrey Kargel, científico sénior del Instituto de Ciencias Planetarias en Arizona, EE. UU., calculó que el flujo había cubierto los primeros 22 km a una velocidad media de 193 km/h, llegando al fondo del valle en menos de siete minutos.

Según los informes, los ríos en los valles afectados han crecido hasta 9 m en media hora.

Esta no es la primera vez que un desastre azota precisamente este tramo del Himalaya.

Una inundación ocurrida en julio del año pasado causó la muerte de nueve personas y arrasó el mismo puente fronterizo, después de que las fuertes lluvias provocaran el desbordamiento de los ríos Lhende y Bhote Koshi.

La región de Langtang, en general, también sufrió graves daños a causa de una avalancha durante el terremoto de Nepal de 2015, que destruyó el propio pueblo de Langtang.

Las montañas que rodean Langtang se están calentando a un ritmo excepcional, y ese calentamiento ya está transformando la región de maneras que, según los científicos, aumentan la probabilidad de desastres como este. Las tierras situadas por encima de los 4.000 m en la cuenca de Langtang se han calentado aproximadamente cinco veces más rápido que el promedio mundial desde la década de 1960, según una investigación dirigida por Bethan Davies, catedrática de glaciología de la Universidad de Newcastle, y esta tendencia se ha acentuado aún más en la última década.

Según explica Davies a The Independent, parte del motivo es que, a medida que la nieve y el hielo desaparecen, dejan al descubierto la roca más oscura que hay debajo, la cual absorbe más calor del sol y calienta la montaña aún más rápido.

La imagen de satélite muestra uno de los dos lagos situados en el lugar donde se produjo el colapso glaciar, en la zona fronteriza entre Nepal y la Región Autónoma del Tíbet, China
La imagen de satélite muestra uno de los dos lagos situados en el lugar donde se produjo el colapso glaciar, en la zona fronteriza entre Nepal y la Región Autónoma del Tíbet, China (Reuters)

En toda la región del Himalaya, la tasa de pérdida de hielo de los glaciares se ha duplicado desde el año 2000, según Ella Gilbert, climatóloga del Relevamiento Antártico Británico.

“Sabemos que el calentamiento global está desestabilizando los glaciares del Himalaya”, afirma, y añade: “Cuando la estabilidad de los glaciares se ve comprometida, pueden producirse desprendimientos repentinos, lo que da lugar a incidentes horribles como este”.

Asimismo, Davies señala un proceso relacionado: el deshielo del permafrost o gelisuelo, un suelo que normalmente permanece congelado durante todo el año y que ayuda a mantener unidas las laderas empinadas de las montañas.

“El permafrost es como el 'pegamento' que mantiene unidas las rocas”, explica.

A medida que el suelo se calienta y ese pegamento se derrite, las pendientes pronunciadas como la que se encuentra sobre Langtang Lirung se vuelven progresivamente menos estables.

El IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático) ha afirmado, con un alto grado de certeza, que el deshielo de los glaciares, la nieve y el permafrost ya está desestabilizando las regiones montañosas de todo el mundo, y que es probable que sucesos como el derrumbe de esta semana se vuelvan más frecuentes a medida que el clima siga calentándose.

Sin embargo, los expertos aún no relacionan este desastre con el cambio climático.

“No sabemos con exactitud qué ocurrió aquí, pero es probable que haya intervenido alguna combinación de estos factores; y sabemos que todos ellos se ven potenciados por el cambio climático”, aclara Gilbert.

Al preguntársele si las condiciones inusualmente cálidas y secas reportadas en la zona esta semana se ajustaban al patrón que se observa normalmente antes de un gran colapso glaciar, Gilbert dijo: “He visto informes de que las temperaturas fueron inusualmente cálidas y la capa de nieve era escasa, lo cual es coherente con lo que sucede antes de un desprendimiento o colapso importante”.

El hecho de que algunas comunidades tuvieran tiempo de escapar y otras no se ha convertido en una cuestión central en sí misma. Hannah Cloke, profesora de meteorología y ciencias climáticas en la Universidad de Reading, afirma que el desastre se desarrolló en tres zonas distintas, cada una con diferentes lecciones para los sistemas de alerta temprana.

Los vecinos rescatan sus pertenencias de su casa destruida tras las riadas repentinas
Los vecinos rescatan sus pertenencias de su casa destruida tras las riadas repentinas (Getty)

En la zona más cercana al origen del agua, las inundaciones llegaron en cuestión de minutos, lo que dejó pocas posibilidades de que cualquier advertencia sirviera de algo.

En cambio, río abajo, las autoridades meteorológicas de Nepal emitieron avisos varias horas antes de la llegada de la inundación, lo que, según los funcionarios, ayudó a salvar cientos de vidas.

Según Cloke, el área más complicada se encontraba en el punto intermedio: una inundación que se produjo bajo un cielo despejado, sin lluvia que indicara peligro.

“Para muchos, una inundación es algo que sigue a una tormenta”, expresa la experta, y sigue: “Cuando una advertencia describe una amenaza que no coincide con la imagen mental que la gente tiene del peligro, es fácil que se la desestime”.

La imprevisibilidad física del desastre también agravó el problema.

Fatima Pillosu, hidrometeoróloga de la Universidad de Reading, explicó que los escombros que habían bloqueado el río tras el colapso inicial habían formado lo que se conoce como un lago barrera, una represa natural sin estructura de ingeniería y sin forma de liberar la presión de forma segura.

“A diferencia de una presa construida con ingeniería, esta barrera no tiene aliviadero ni núcleo sólido. No se puede predecir el momento exacto del fallo, ya que depende de la estructura interna de la presa”, explica. Esa es, en gran medida, la razón por la que el mismo lago ahora amenaza con una segunda ola de inundaciones, días después de la primera.

Una combinación de imágenes de satélite muestra una zona situada en la frontera entre Nepal y la Región Autónoma del Tíbet (China), antes y después de que se formara un lago de represa a raíz de unas crecidas repentinas y un deslizamiento de tierra
Una combinación de imágenes de satélite muestra una zona situada en la frontera entre Nepal y la Región Autónoma del Tíbet (China), antes y después de que se formara un lago de represa a raíz de unas crecidas repentinas y un deslizamiento de tierra (Reuters)

Jeff Da Costa, investigador de riesgos hidrometeorológicos en la Universidad de Reading, comenta que el riesgo se vio agravado por una conocida falta de cooperación transfronteriza. Tras las inundaciones del año pasado en el mismo río, explicó, las autoridades nepalíes informaron no haber recibido ninguna advertencia previa de China y señalaron que no existía un mecanismo formal para compartir ese tipo de información a través de la frontera.

Posteriormente, Nepal se comprometió a reforzar esa coordinación, aunque sigue sin estar claro cuánto había cambiado para cuando se produjo el desastre de esta semana.

“Se trata de un sistema fluvial transfronterizo, y la información sobre el lago barrera se comparte entre China y Nepal”, afirma, y continúa: “Las observaciones realizadas aguas arriba pueden brindar a quienes se encuentran aguas abajo un tiempo valioso, pero se vuelven realmente útiles cuando se conectan con modelos, alertas y decisiones prácticas sobre el terreno”.

Los vecinos rescatan sus pertenencias de su casa destruida tras las riadas repentinas
Los vecinos rescatan sus pertenencias de su casa destruida tras las riadas repentinas (Getty)

Más allá de las causas del derrumbe, el desastre ha reabierto un debate de larga data sobre la justicia climática.

Nepal produce menos del 0,1 % de las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global, sin embargo, está considerado como uno de los países más vulnerables del mundo a los desastres relacionados con el clima.

“Esta es la realidad: quienes menos han contribuido están pagando el precio más alto, especialmente con sus vidas”, asegura Savio Carvalho, del grupo activista 350.org.

Carvalho agrega que los países más ricos tienen el deber de ayudar a financiar la preparación ante desastres antes de que se produzca una crisis, y no solo de responder después, señalando los sistemas de alerta temprana bien dotados de recursos que se utilizan en los Alpes como ejemplo de lo que le falta a Nepal.

“Si Nepal contara con buena tecnología, como la que tienen Suiza o Italia para los Alpes, podrían haber tenido mejores mecanismos de predicción”, explicó. También pidió que se impusieran impuestos a las ganancias extraordinarias de las empresas de combustibles fósiles para ayudar a sufragar los gastos de la respuesta.

Unos escolares, con velas LED en la mano, se reúnen en Chennai para rendir homenaje a las víctimas de la riada repentina ocurrida en Nepal
Unos escolares, con velas LED en la mano, se reúnen en Chennai para rendir homenaje a las víctimas de la riada repentina ocurrida en Nepal (AFP/Getty)

Carvalho afirma que los daños económicos se extenderían mucho más allá de la propia zona del desastre.

Rasuwa se encuentra en una importante ruta de senderismo y peregrinación, y el turismo sustenta a un gran número de personas en Nepal; es un trabajo que no cuenta con la red de seguridad de la que disponen los trabajadores en los países más ricos.

“La mayoría de estas comunidades, a diferencia de muchas partes del hemisferio norte, carecen de protecciones estatales como subsidios por desempleo”, expresó Carvalho. Añadió que los daños van mucho más allá del turismo, señalando la destrucción de centrales hidroeléctricas, puentes, líneas eléctricas y carreteras.

Según señaló, los fondos internacionales existentes destinados a ayudar a países como Nepal a hacer frente a los desastres siguen siendo insuficientes y de difícil acceso, tardando a menudo meses o años en llegar, y en ocasiones se conceden en forma de préstamos que dejan a los países más pobres aún más endeudados, en lugar de subvenciones.

Sudarshan Neupane, director nacional de la organización WaterAid Nepal, quien creció en el distrito de Rasuwa, sostiene que los daños a los sistemas de agua y saneamiento requerirán atención urgente durante la recuperación para proteger la salud pública y detener la propagación de enfermedades en comunidades que ya se están recuperando del desastre.

WaterAid ha pedido al Gobierno del Reino Unido que restablezca su presupuesto de ayuda al 0,7 % de la renta nacional para apoyar la respuesta.

“Habiendo crecido en el distrito de Rasuwa, una de las regiones más afectadas por las recientes inundaciones repentinas en Nepal, es verdaderamente devastador ver a tantas familias enfrentando pérdidas, desplazamientos e incertidumbre inimaginables”, declara Neupane.

Traducción de Sara Pignatiello

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