La mayoría de los virus pandémicos tienen origen natural, aunque uno podría haber salido de un laboratorio
La investigación ofrece un punto de referencia para distinguir brotes naturales de aquellos que podrían involucrar fugas de laboratorio
La mayoría de los virus pandémicos que han pasado de animales a humanos no muestran señales de adaptaciones especiales para infectar a las personas, con una excepción: el brote de influenza de 1977, que probablemente fue “provocado por una cepa de laboratorio”, según un nuevo estudio.
Hasta ahora se asumía que estos virus zoonóticos, que saltan de la vida silvestre a los humanos, primero adquirían mutaciones que les permitían propagarse de forma sostenida entre personas.
Sin embargo, la nueva investigación cuestiona esa idea y sugiere que muchos de estos virus ya estaban “preadaptados” para infectar a los humanos antes de provocar brotes.
Los cambios medibles en el genoma viral, según el estudio, suelen aparecer solo después de que el patógeno pasa a los humanos y comienza a transmitirse de forma sostenida entre personas.
“Este trabajo tiene relevancia directa para el debate actual sobre el origen del covid-19”, señaló Joel Wertheim, uno de los autores del estudio publicado en la revista Cell.
“Desde una perspectiva evolutiva, no encontramos evidencia de que el SARS-CoV-2 haya sido moldeado por selección en un laboratorio ni que haya evolucionado durante un largo período en un huésped intermedio antes de aparecer”, afirmó Wertheim, biólogo evolutivo de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego.
La falta de esta evidencia sugiere que la pandemia de covid-19 probablemente se originó en un salto natural de animales a humanos, según los científicos.
“Esto es otro clavo en el ataúd de las teorías que sostienen que el virus fue manipulado en un laboratorio”, añadió Wertheim.

Para el estudio, los investigadores analizaron los genomas de virus asociados a brotes de influenza A, ébola, marburgo, mpox, SARS-CoV y SARS-CoV-2, el virus que provocó la pandemia de Covid-19.
En particular, examinaron los genomas del período evolutivo justo antes de que estos virus comenzaran a propagarse en humanos, cuando cualquier adaptación importante previa al salto a las personas debería haber dejado una señal.
Los científicos no encontraron indicios evolutivos en la mayoría de los virus que sugirieran que ya estaban adaptados a infectar a los humanos antes de los brotes.
“En lugar de necesitar adaptaciones raras y muy específicas en animales, muchos virus ya podrían tener la capacidad básica de infectar y transmitirse entre personas”, explicó Wertheim.
“Si un virus hubiera sido cultivado durante mucho tiempo en un laboratorio antes de un brote, esperaríamos ver esa señal en el registro evolutivo. En casi todas las pandemias que hemos analizado, esa señal no aparece”, añadió.
No obstante, los investigadores señalan una excepción histórica: la influenza H1N1 de 1977, conocida como “gripe rusa”, que reapareció casi sin cambios tras 20 años de ausencia.
Los científicos señalan que este patrón es difícil de explicar mediante la evolución natural.
El brote viral fue reportado por primera vez por la Unión Soviética en 1977 y se propagó hasta 1979. Según los investigadores, la cepa H1N1 de ese año mostró un cambio claro, compatible con virus que se habían propagado en cultivos celulares o en animales de laboratorio.
“Los resultados aportan nueva evidencia molecular que respalda la idea, planteada desde hace tiempo, de que la pandemia de H1N1 fue provocada por una cepa de laboratorio, posiblemente en el contexto de un ensayo de vacuna fallido”, explicó Wertheim.
Además, los científicos señalan que el estudio ofrece un punto de referencia para distinguir brotes de origen natural de aquellos relacionados con la manipulación en laboratorio. “Nuestro objetivo no es solo entender el pasado, sino estar mejor preparados para el futuro”, afirmó el biólogo evolutivo.
Traducción de Leticia Zampedri







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