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Bajo la lupa

¿Puede tu relación sobrevivir a diferencias en el uso de las redes sociales?

Para algunos, enviar memes se ha convertido en un lenguaje de amor, pero no todos estamos obsesionados con estar al día con la cultura de Internet. ¿Pueden las personas que se encuentran en extremos opuestos del espectro de las redes sociales hacer que una relación funcione? Ellie Muir indaga

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Emma*, una productora de video de 30 años, estaba muy enamorada de Sam, a quien conoció a través de Bumble en 2025. Le parecía una persona increíble. Era amable, divertido y altísimo, con 1,96 m de estatura. Pero había algo que les faltaba: no hablaban el mismo idioma en lo relacionado con las redes sociales.

Sam no usaba Instagram ni TikTok, plataformas donde Emma pasa la mayor parte del tiempo, ya que se describe a sí misma como una persona “crónicamente conectada”. Para Emma, los memes son su lenguaje del amor. Enviar un GIF o un video sin sentido a un ser querido es una forma de fortalecer el vínculo. Por eso se frustró cuando el año pasado se obsesionó con un meme popular en Reino Unido, y Sam simplemente no lo entendía.

“No entendía de memes”, dice Emma, y añade: “El humor es fundamental en mis amistades y me entristeció un poco que no lo compartiéramos del todo, sobre todo porque las redes sociales son una parte muy importante de mi trabajo”.

Esto es la brecha de los memes: cuando una persona en una relación vive y respira la cultura de Internet, y la otra no usa las redes sociales, lo que genera una desconexión en el sentido del humor, los intereses compartidos y la forma de pasar tiempo juntos. El año pasado, Internet se llenó de debates sobre la llamada brecha del estilo (cuando uno de los miembros de la pareja viste mejor que el otro), pero la brecha en las redes sociales puede tener consecuencias emocionales más reales para quienes intentan construir relaciones significativas.

A diferencia de Emma, Lily* (27) era la que se mantenía al margen de la interacción en su relación de un año con Chris, a quien conoció en un bar en 2021. En su primera cita, descubrió que él era modelo y creador de contenido, y para la tercera, ya estaba detrás de la cámara, sacándole fotos para su Instagram. Él revisaba constantemente sus redes sociales y dedicaba tiempo a redactar meticulosamente los textos. Luego, cuando estaban separados, ella notaba —desde su cuenta privada de Instagram, que usa de vez en cuando— que él publicaba contenido nuevo en lugar de responder a sus mensajes. “Se volvió insoportable”, confiesa, y sigue: “Odiaba que su vida estuviera tan expuesta en Internet”. Al final, se dio cuenta de que llevaban estilos de vida tan diferentes que la relación no iba a funcionar.

Según los expertos, interactuar de formas diferentes con las redes sociales no es señal de incompatibilidad
Según los expertos, interactuar de formas diferentes con las redes sociales no es señal de incompatibilidad (Getty/iStock)

En el caso de Emma, ella notó que ella y Sam tenían relaciones completamente diferentes con sus teléfonos móviles. Ella siempre lo tiene a mano, pero él vive mucho más desconectado. “Yo envío mensajes de texto sin parar y respondo enseguida, mientras que él solo me contestaba tres veces al día cuando estaba sentado y podía mirar el teléfono, porque no podía hacer dos cosas a la vez”. Finalmente, la relación se fue apagando.

La brecha digital en las redes sociales es algo que Chloë Bean, terapeuta matrimonial y familiar licenciada y residente en Los Ángeles (California, EE. UU.), ha observado en su trabajo. “La pareja que pasa más tiempo en línea invierte mucha energía en proyectar una imagen idealizada de sí misma: decide qué decir, cómo lucir y qué compartir con el público”, explica, y prosigue: “La pareja menos conectada no vive en ese mundo, por lo que puede sentir que convive con dos personas distintas”.

Según ella, la disparidad en las referencias a Internet puede generar una desconexión. “Si los memes se convierten en la principal forma en que uno de los miembros de la pareja expresa humor o espontaneidad, el otro se perderá por completo esa faceta”, afirma, y continúa: “Y quien no usa Internet también se pierde esas referencias culturales. Cuando los memes no conectan con el otro, este puede sentirse ignorado o excluido”. Si bien no es esencial crear un vínculo a través de los memes, añade que “lo importante es que las parejas rían juntas de forma compartida”.

Bean añade que una diferencia en el sentido del humor o en los hábitos en Internet no implica automáticamente incompatibilidad. “Las parejas crean sus propios chistes con el tiempo, y estos son más valiosos que los memes virales. La pareja más conectada puede explicar la referencia como una invitación a su mundo en lugar de una prueba: ‘Déjame mostrarte por qué esto es tan gracioso’. Disfruten del humor juntos en persona, no se limiten a reservar los chistes y los juegos para las pantallas”.

“Disfruten del humor juntos en persona, no se limiten a reservar los chistes y los juegos para las pantallas”, recomienda una experta
“Disfruten del humor juntos en persona, no se limiten a reservar los chistes y los juegos para las pantallas”, recomienda una experta (Reuters)

Por su parte, Leigh Norén, terapeuta sexual y de pareja, afirma que todas las relaciones sólidas pueden superar las diferencias, pero la clave está en la comunicación. “Si uno de los miembros de la pareja cree que las redes sociales son una tontería y el otro no, puede surgir una brecha en la que uno de ellos menosprecie el uso que el otro hace de ellas”, explica, y añade: “Este tipo de situación suele ser síntoma de una dinámica de pareja turbia. En general, las relaciones y los matrimonios deberían ser capaces de manejar las diferencias en intereses y opiniones”.

En cuanto a cómo la presencia de teléfonos y dispositivos afecta la relación, Norén afirma que las parejas pueden establecer reglas o límites para mejorar el tiempo de calidad juntos. Detalla: “Aconsejo a las parejas que decidan juntas cómo quieren gestionar el uso de las redes sociales en su relación. Para algunos, se trata de silenciar sus teléfonos después de cierta hora de la noche y pasar tiempo de calidad juntos. Para otros, se trata de decidir no usar el teléfono al mismo tiempo que ven sus series favoritas juntos”. Lo más importante, agrega, “es que se sienta como un esfuerzo conjunto y mutuo, por el bien de la relación”.

Cuando Emma volvió a tener citas, cambió sus preferencias y buscó a alguien que pudiera seguirle el ritmo a sus referencias en Internet. Conoció a Oliver, quien —¡bingo!— trabajaba como jefe de redes sociales en una gran empresa y, al igual que ella, no podía soltar el teléfono. “Estoy casi segura de que lo elegí por su trabajo”, dijo, y siguió: “Y enseguida pensé: ‘Dios mío, este hombre va a estar conectado a Internet todo el tiempo”. Hacía referencia a memes constantemente, y yo lo entendía todo. Eso me hizo sentir que teníamos el mismo sentido del humor”.

Para Emma, ha sido una lección sobre lo que le gusta y lo que no: “Me he dado cuenta de que es una mala señal si no tienen redes sociales”, expresa. Ahora, en su perfil de Hinge dice: “Debes estar familiarizado con los memes”.

Traducción de Sara Pignatiello

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