Reseña de ‘Ted Lasso 4’: la serie de Apple TV+ pierde fuerza, pero sigue en el partido
El regreso de la comedia futbolística, tras tres años de ausencia, se siente innecesario y oportunista
Ted Lasso, la exitosa comedia sobre un entrenador de fútbol americano que termina dirigiendo a un club de la Premier League, regresa para una cuarta temporada en un momento particularmente complejo para el fútbol. Tras un Mundial marcado por las acusaciones de injerencia política del Gobierno de Trump, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, anunció un plan para abrir la propiedad del torneo a inversores de Wall Street. En ese contexto, la creciente influencia estadounidense sobre el deporte parece más evidente que nunca. Y es entonces cuando vuelve Ted Lasso.
Al final de la tercera temporada, emitida hace más de tres años, el AFC Richmond estuvo a un paso de conquistar la Premier League. Ted (Jason Sudeikis) regresó a Estados Unidos para reunirse con su hijo, Roy Kent (Brett Goldstein) asumió como entrenador, Nate (Nick Mohammed) encontró la redención al volver al club y la historia parecía haber llegado a un cierre perfecto.
“Ya estuve ahí, ya hice eso. Tengo la camiseta... y ahora la uso para lavar el auto”, dice Ted al comienzo de esta nueva temporada. Trabaja en un supermercado, sigue repartiendo sus característicos aforismos y no tiene intención de volver a dirigir. Pero Rebecca (Hannah Waddingham), Keeley (Juno Temple) y Higgins (Jeremy Swift) viajan hasta Kansas para hacerle una propuesta difícil de rechazar: convertirse en el primer entrenador del equipo femenino del AFC Richmond. Poco después, Ted regresa al suroeste de Londres, donde se reencuentra con su inseparable amigo y asistente técnico, Beard (Brendan Hunt).
Hace unas semanas se estrenó Toy Story 5 y, con algo de tiempo libre, decidí volver a ver las cuatro películas anteriores. Las tres primeras forman una trilogía prácticamente perfecta, con un final emotivo y satisfactorio. Después llegaron nuevas secuelas que, por razones evidentes —el dinero—, nunca justificaron realmente su existencia.
Esa misma sensación de alargar una historia que ya había llegado a su fin se percibe en el regreso de Ted Lasso. La salida de varios de sus personajes más queridos, entre ellos Nate (Nick Mohammed), Jamie Tartt (Phil Dunster), buena parte del plantel masculino y Rupert, el antagonista interpretado por Anthony Head, da paso a un elenco renovado, encabezado por Tanya Reynolds (Sex Education) como Alice Chilton, una entrenadora estricta pero eficaz que incluso llega a describir a Batman como "un fascista". También se incorporan Abbie Hern, en el papel de Gemma, la estrella delantera del equipo; Faye Marsay como Lizzie, una madre trabajadora que juega como defensora central; y el resto de las nuevas "Lady Greyhounds".

A pesar de todo, el creador Bill Lawrence y el elenco principal logran que la serie siga sintiéndose como Ted Lasso. El problema es que también da la impresión de haber perdido su razón de ser.
“La última vez te contraté por las razones equivocadas”, le dice Rebecca a Ted al ofrecerle volver al AFC Richmond. “Esta vez quiero hacerlo por las razones correctas”. Aunque la temporada intenta incorporar una mirada feminista al presentar al equipo femenino —“A quién le importa?”, le grita un aficionado a Keeley durante la presentación; “¡Tampones gratis e ilimitados, qué maravilla!”, celebra una de las jugadoras al conocer el vestuario—, el resultado transmite la sensación de que la serie sacrificó el cierre que ya había conseguido en favor de más episodios, mayores ingresos y, quizá, más premios Emmy.
Jason Sudeikis conserva su carisma habitual, Juno Temple vuelve a destacar como la irreverente Keeley y Tanya Reynolds aporta una presencia tan seca como magnética. Aun así, el regreso, tres años después, deja un sabor algo insípido.
Parte del problema es que la serie se limita a repetir su propia fórmula. Ted vuelve a tener que convertir a un grupo de individualistas en un equipo competitivo mientras desafía a clubes más poderosos y con mayores recursos. Incluso los chistes recurrentes —como el de “el primero que se comió un huevo debió hacerlo solo para hacer reír a sus amigos”— ya no tienen la misma frescura.
Las actuaciones siguen siendo sólidas, pero con frecuencia quedan sepultadas por un sentimentalismo excesivo. Incluso el forzado cameo de Jill Scott termina haciendo que Chris Powell parezca Laurence Olivier. Y aunque Ted Lasso nunca se caracterizó por un humor desbordante, sino por una comedia sutil, esta temporada ofrece muy pocos chistes realmente memorables, con la excepción de uno particularmente ingenioso sobre Harold Pinter.
Es cierto que los estadounidenses quizá no entiendan del todo el fútbol, pero sí saben contar historias. Ted Lasso siempre fue un héroe deportivo típicamente estadounidense, en la línea de Rocky Balboa o Air Bud. La gracia de la serie consistía en enfrentar ese optimismo casi ingenuo con la dureza del fútbol inglés. ¿Puede un optimista incorregible sobrevivir a una fría y lluviosa noche en Stoke? Una vez respondida esa pregunta, la serie parece condenada a seguir adelante por inercia, como un delantero veterano que observa cómo sus mejores días quedan cada vez más atrás.
Traducción de Leticia Zampedri






Bookmark popover
Removed from bookmarks