Islas Malvinas: Milei aprovecha el caos de Trump para presionar al Reino Unido
Argentina volvió a plantear la posibilidad de invadir las Malvinas, mientras el Reino Unido tiene pocas opciones para impedirlo, una situación que podría favorecer a Putin e Israel, escribe el editor de asuntos internacionales Sam Kiley
Estados Unidos e Israel han contribuido a crear un escenario internacional tan caótico que el presidente de Argentina se siente ahora con suficiente margen para amenazar con invadir territorio británico: las Islas Malvinas.
En un mundo anterior a Trump, habría sido difícil imaginar que Javier Milei se atreviera a lanzar una declaración semejante: “Las grandes naciones saben que en el futuro deberán competir por los recursos necesarios para alimentar el crecimiento que traerá la era de la inteligencia artificial. En esa disputa, la Antártida será uno de los principales focos de interés y competencia. Y la Argentina no parte de cero: tenemos en la Antártida la presencia ininterrumpida más longeva del mundo. Quien tenga mayor proyección sobre el Atlántico Sur estará en una mejor posición para defender sus intereses. Por eso, asegurar nuestra preeminencia en este territorio no es un capricho político, es una cuestión de supervivencia y, por ese motivo, cualquier avance adicional sobre las Islas Malvinas será considerado como una violación a nuestra seguridad nacional. Debemos actuar hoy en función del futuro y Malvinas es el futuro. No es solamente una cuestión de nuestro pasado. Defender nuestra soberanía y recuperar nuestras islas requiere ser una nación políticamente relevante, económicamente influyente y militarmente respetable. No hay otro camino”.
Ese cambio de tono, sin embargo, no surge en el vacío. El propio presidente de Estados Unidos, líder de la principal potencia occidental, amenazó con anexionarse Canadá, miembro de la OTAN, y sugirió en repetidas ocasiones que quería hacerse con Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, otro país de la alianza. Para Milei, esos precedentes alteraron las reglas del juego y ampliaron el margen para plantear abiertamente sus propias ambiciones territoriales.
A ello se suma una realidad estratégica que favorece al mandatario argentino: el Reino Unido tendría serias dificultades para defender las Islas Malvinas ante una invasión. El archipiélago permanece bajo control británico, pero se encuentra a miles de kilómetros del Reino Unido y Argentina mantiene desde hace décadas su reclamo de soberanía.
El problema, sostiene el autor, es que Trump ha dejado claro que no comprende —o no le interesa— el papel de la OTAN. En ese contexto, alentó a Milei en sus amenazas sobre las Malvinas, planteadas en medio de la disputa por los planes de una empresa británica para explotar las reservas de petróleo de la zona.
La postura de Trump también está marcada por su malestar con el Reino Unido, que se negó a participar en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, un conflicto que queda fuera del ámbito defensivo de la OTAN. El mandatario considera que sus aliados occidentales deberían haberse sumado a la ofensiva, que llevó a Teherán a cerrar el estrecho de Ormuz y provocó fuertes turbulencias en los mercados mundiales del petróleo.
Ese descontento quedó en evidencia el jueves, cuando Trump reprochó públicamente al Reino Unido no haber acudido en su ayuda.
“A su país no le está yendo bien. No olvide que obtiene un gran porcentaje de su petróleo a través del estrecho de Ormuz y que no estuvo ahí para ayudarme”, declaró a GB News.
“Su país no estuvo ahí para ayudarme. No necesitábamos ayuda, pero sí se lo pregunté a la OTAN y a su anterior líder: ‘¿Por qué no enviaron un par de barcos?’”.

“Dijo que no tenían nada, y toda la situación fue bastante triste. Así que la OTAN no estuvo ahí, pese a que muchos de esos países obtienen buena parte de su petróleo de esa región. Al final, lo estamos haciendo por nuestra cuenta”, añadió Trump.
Ese mensaje, sostiene el autor, pareció darle a Milei suficiente margen para endurecer su postura sobre las Malvinas: el presidente argentino amenazó con sancionar a las empresas que participen en la explotación petrolera frente a las costas del archipiélago y reiteró su intención de recuperar las islas.
Al mismo tiempo, el Reino Unido enfrenta otro foco de tensión con Israel, cuyo gobierno reaccionó con indignación ante los planes de Londres de imponer sanciones a empresas israelíes que operan en Cisjordania. La medida británica llega en medio de crecientes denuncias por la violencia de colonos israelíes contra la población palestina y por los desalojos forzosos en el territorio ocupado, en los que, según el autor, también han participado las Fuerzas de Defensa de Israel con el respaldo del Estado.

La presión sobre Londres adquirió otra dimensión la semana pasada, cuando Yair Netanyahu, hijo del primer ministro Benjamin Netanyahu y sin ningún cargo oficial en la política israelí, respaldó públicamente el reclamo argentino sobre las Malvinas. Para el autor, resulta difícil imaginar una intervención de ese tipo sin el conocimiento o el respaldo de su padre.
Ese gesto cobra mayor relevancia ante las presiones que también llegan desde Washington, ya que fuentes diplomáticas señalaron que la Casa Blanca está intentando que el Reino Unido dé marcha atrás en sus planes de imponer sanciones relacionadas con los asentamientos israelíes.
La combinación de ambos factores alimenta ahora la preocupación entre diplomáticos europeos. “No hace falta ser un teórico de la conspiración para ver las conexiones. Una amenaza de invasión en un momento en que las fuerzas armadas británicas están debilitadas plantearía la cuestión de una intervención de la OTAN. Pero el principal aliado de la alianza ya está diciendo ‘nosotros no’. Eso debilita a la OTAN, reduce la capacidad británica para hacer frente a Argentina y beneficia enormemente a Israel”, declaró uno de ellos.
Las consecuencias, sin embargo, irían más allá de Israel y Argentina, ya que un debilitamiento de la posición británica también jugaría a favor de Rusia. Moscú ha amenazado al Reino Unido por su apoyo militar a Ucrania y, según autoridades occidentales, mantiene una campaña híbrida contra países europeos mediante ciberataques y actos de sabotaje.
Todo ello ayuda a explicar por qué Milei ha vuelto a poner las Malvinas en el centro de sus ambiciones territoriales justo cuando las fuerzas armadas británicas atraviesan fuertes restricciones presupuestarias. La situación ha llegado al punto de que se ordenaron recortes en los entrenamientos para ahorrar dinero, mientras el número de efectivos se encuentra en uno de sus niveles más bajos de los últimos siglos.
Esa debilidad, según el autor, no pasa inadvertida para Milei, quien sabe que el Reino Unido tendría hoy muchas más dificultades para responder a una eventual ocupación argentina que en 1982. Si Argentina volviera a enviar tropas al archipiélago, Londres ya no contaría con la misma capacidad para desplegar una fuerza naval como la que Margaret Thatcher envió durante la guerra de las Malvinas.

Milei, sostiene el autor, está aprovechando el caos que emana de la Casa Blanca y las decisiones erráticas surgidas del Despacho Oval, que desembocaron en la desastrosa guerra con Irán, el fin del apoyo militar estadounidense a Ucrania y amenazas contra otros países de la OTAN.
Para el presidente argentino, ese escenario representa una oportunidad. Para Estados Unidos y sus aliados europeos, en cambio, supone otra victoria en la guerra híbrida de Rusia, cuya estrategia considera que sembrar el caos y profundizar las divisiones entre sus adversarios constituye un triunfo en sí mismo. Lo más conveniente para Moscú es que esta vez obtiene ese beneficio sin asumir costo alguno, pese a encontrarse debilitada en el plano económico y golpeada en el militar.
Israel persigue sus propios intereses regionales, pero el resultado, según el autor, termina favoreciendo nuevamente al Kremlin. De ahí su conclusión: aunque Trump y Milei actúen movidos por sus propias agendas, sus decisiones parecen estar haciendo buena parte del trabajo de Moscú.
Traducción de Leticia Zampedri





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