Exasistente de Gavin Newsom se pronuncia finalmente sobre el romance que tuvieron hace décadas
La aventura de Newsom con Ruby Rippey en 2005, cuando era alcalde de San Francisco, sacudió los círculos políticos californianos en aquel momento, y está resurgiendo como un problema de carácter ahora que el actual gobernador de California contempla una candidatura presidencial

La asistente que tuvo una aventura con su jefe, el entonces alcalde de San Francisco, Gavin Newsom, mientras estaba casada con el jefe de campaña de este, ha hablado por primera vez en 20 años sobre lo sucedido.
En un ensayo publicado el martes en la revista Vanity Fair, Ruby Rippey (54) relató cómo su romance con el actual gobernador de California, EE. UU., entre 2005 y 2006, había destrozado su vida. La madre también reflexionó sobre cómo tuvo que ocurrir “algo catastrófico” para que pudiera afrontar su grave problema con el alcohol.
“Había estado intentando mantener a flote un trabajo, un matrimonio, un bebé y una aventura amorosa mientras bebía y consumía cocaína”, escribió, y describió la aventura no como amor o romance, sino como “una intoxicación”.
Si bien Newsom estaba soltero en el momento del romance —tras divorciarse de Kimberly Guilfoyle, quien ahora es embajadora del presidente Donald Trump en Grecia y exnovia del hijo mayor del mandatario, Don jr.—, el escándalo de una relación con su asistente, que también era la esposa de su jefe de campaña, Alex Tourk, sacudió los círculos políticos de California en aquel entonces.
Rippey, ahora sobria desde hace 20 años, asume la responsabilidad de su papel en el asunto, pero concluye en el ensayo: “El poder no distribuye las consecuencias de manera uniforme”.


Su romance, que comenzó en el verano de 2005, poco después de que ella diera a luz a un hijo con Tourk, duró meses. La madre, que desde entonces se ha vuelto a casar, recordó cómo solía ir al penthouse de Newsom en el exclusivo barrio de Russian Hill en San Francisco, o a una habitación del Hotel W cuando estaban en Los Ángeles.
Según ella, los encuentros solían tener lugar en medio de una bruma de alcohol. “Nos veíamos y bebíamos. Había sexo, pero ese no era el objetivo. Lo importante era la cercanía”.
Según contó Rippey, en enero de 2007, al no poder enfrentarse a él en persona, finalmente se lo confesó a su ahora exesposo por correo electrónico.
“Lo dije claramente: ‘Fue solo sexo —con interrupciones durante meses— con el alcalde. Terminó antes de la rehabilitación. Lo siento’. Culpé a mi alcoholismo. Miré la pantalla un momento, luego presioné enviar y apagué el teléfono”, escribió Rippey, y añadió: “Todavía me pregunto qué fue lo peor: mi infidelidad o el no mirarlo a los ojos cuando se lo conté”.
Según el artículo, la mujer le confesó la verdad a Tourk, quien entonces solicitó una reunión con el alcalde para hablar con él antes de dimitir del equipo de Newsom.
“Durante ese tiempo, solicitó una reunión con el alcalde, que aún se encontraba en Davos en el Foro Económico Mundial”, escribió Rippey, y continuó: “Quería oírlo directamente, mirarlo a los ojos por última vez. Pero no hubo una respuesta clara”.
Cuando el romance salió a la luz pública en febrero de 2007, Newsom estaba saliendo con la que ahora es su esposa, Jennifer Siebel.

Newsom abordó la controversia en sus recientes memorias, donde reconoció que ambos estaban “bebiendo demasiado”.
Rippey “estaba entre un grupo de empleados que vinieron a mi apartamento para una fiesta. Fue la última en irse. Fue una aventura de lo más estúpida y breve. Un año después, cabe destacar que Ruby decidió sincerarse con su grupo de Alcohólicos Anónimos”, escribió Newsom en sus memorias.
En su ensayo, Rippey refutó la versión de Newsom sobre el romance, y afirmó que el gobernador escribía como si fuera él quien hubiera confesado el romance a Tourk.
“Para mí, al menos, se lee como una versión de los hechos que le atribuye algo que yo ya había hecho”, expresó, y prosiguió: “Técnicamente defendible, quizás, pero que deja la inconfundible impresión de que fue él, y no yo, quien le dijo la verdad a Alex”.
Ella también tenía una versión diferente de la noche que dio inicio a su romance, relacionándola con la boda de un empleado del ayuntamiento en una finca del Valle de Napa el 2 de julio de 2005.
“Mi jefe y yo coincidimos en el estrecho pasillo que había fuera del baño. Esperamos, uno frente al otro. El espacio era reducido. El silencio se prolongaba. Él metió las manos en los bolsillos de su pantalón color canela y sonrió, con su habitual sonrisa tímida y modesta. No dije nada. Hice contacto visual más tiempo del debido”, escribe en el ensayo de Vanity Fair.
“Al caer la noche, estaba sentada al borde de un jacuzzi con los pies en el agua. Mi marido partió poco después, irritado porque yo quería seguir de fiesta mientras él conducía a casa para estar con nuestro hijo de un año. El siguiente recuerdo nítido que tengo es subirme al asiento trasero del auto con chófer de mi jefe, camino al hotel Carneros Inn”, relata.
Este relato del romance y del difícil período que Rippey vivió después y durante el mismo llega cuando el mandato de Newsom como gobernador de California se acerca a su fin, y mientras contempla una posible candidatura a la presidencia de EE. UU. en 2028.
En respuesta al ensayo de Rippey, la oficina de Newsom declaró que el gobernador había “reconocido su papel y se [había] disculpado públicamente por su conducta de hace casi dos décadas, cuando todavía era alcalde”.
“Desde entonces, conoció a su esposa, formó una familia y se ha dedicado a servir a los californianos. Abordó este capítulo de su vida, incluso en sus memorias, y por respeto a todos los involucrados, no tiene nada más que añadir”, agregó su oficina en el comunicado.
La mujer también opinó que el movimiento #MeToo la había retratado como “no la culpable, sino como una subordinada sin poder”, algo que ella refuta. Sin embargo, Rippey explicó que, en ese momento, no había comprendido que “el poder no [necesitaba] coaccionar; solo [necesitaba] existir”.
“Ambas cosas son ciertas: soy responsable de mis actos, y el poder no distribuye las consecuencias de manera uniforme”, afirmó.
Rippey escribe que ahora mantiene una buena relación con su exesposo, comparten la crianza de su hijo e incluso asistió a la boda de Tourk con una amiga cercana en común.
Traducción de Sara Pignatiello





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