Nicki Minaj coquetea con la idea de un tercer mandato de Trump, pero las implicaciones van más allá de una broma
En un mitin marcado por los comentarios sobre el “trasero” de la rapera, Trump y Minaj dejaron al descubierto el lado más oscuro del movimiento MAGA actual, escribe Holly Baxter

Donald Trump es un mujeriego y sigue sin importarle la Constitución. Esas son las dos grandes conclusiones que dejó su mitin del fin de semana.
Durante el acto celebrado en Michigan, la rapera Nicki Minaj prometió apoyar al presidente “para siempre”. Frente al público, aseguró que era un “honor estar junto a él” y agregó: “Si vuelves a presentarte, volveré a apoyarte”.
La Constitución estadounidense prohíbe que Trump sea elegido para un tercer mandato, así que probablemente tenga preocupaciones más inmediatas que conseguir apoyos para otra campaña presidencial. Aun así, el entusiasmo de Minaj resultó llamativo. “Lo quiero muchísimo”, declaró.
Trump le devolvió el elogio de una manera bastante peculiar: aseguró ante la multitud que la rapera tenía un “trasero increíblemente hermoso” y que era “imposible no mirarlo”. Incluso le pidió que se diera vuelta para mostrárselo al público.
Lo más extraño, quizá, es que el intercambio comenzó cuando Trump intentaba explicar por qué se había fijado tanto en el trasero de un hombre durante un mitin anterior en Ohio. Apenas unos días antes, había elogiado el “trasero” del senador Jon Husted, además de su físico atlético.
Desde luego, no es ninguna novedad que Trump se quede mirando los cuerpos de otras personas. Lo he visto hacer comentarios sobre el aspecto físico de hombres y mujeres jóvenes en todo tipo de situaciones: desde observaciones relativamente inocentes, aunque extrañamente admirativas, durante ceremonias de graduación o firmas de órdenes ejecutivas en la Oficina Oval, hasta comentarios abiertamente lascivos en ambientes más informales. Basta recordar la infame grabación de Access Hollywood.
Sin embargo, que los traseros se hayan convertido en un tema recurrente de sus discursos durante la campaña para las elecciones de medio término es un giro que pocos habrían imaginado.
Resulta bastante inquietante ver al presidente de Estados Unidos hablar del trasero de una famosa durante un mitin de campaña, mientras ella permanece a su lado y le promete lealtad política eterna. Sin embargo, la misoginia y el desprecio por las reglas democráticas se han convertido en rasgos centrales del sector cada vez más radical del movimiento MAGA. ¿De verdad sorprende que Trump lleve a la cantante de “Anaconda” en el Air Force One y, poco después de llamar “yihadista” al candidato demócrata al Senado por Michigan, se ponga a hablar de su trasero? A estas alturas, ¿cómo podría sorprendernos?
Lo curioso es que Minaj no siempre apoyó al movimiento MAGA. Durante el primer mandato de Trump, criticó abiertamente sus políticas migratorias. En 2018, contó en X, entonces Twitter, que había llegado a Estados Unidos desde Trinidad a los cinco años como inmigrante indocumentada y expresó su indignación por la separación de familias migrantes, una política que podría haberla afectado de haber estado vigente cuando era niña.
Cuesta reconocer a aquella Minaj en la mujer que el domingo declaró amar tanto a Trump que parecía desear que pudiera pasar por alto la Constitución para volver a presentarse a las elecciones. Y todo mientras Ilhan Omar, congresista demócrata que también llegó a Estados Unidos con su familia durante la infancia, hablaba de una reciente redada federal en su vivienda. Por si fuera poco, pedir el arresto o la deportación de Omar se ha convertido en otra de las obsesiones recurrentes de Trump durante sus mítines.
Pero qué importa, ¿verdad? Si van tras Omar, ¡seguro que no irán tras nadie más!
Durante el vuelo a Michigan, Minaj también elogió la política exterior de Trump y aseguró que había “ganado tres elecciones”, repitiendo así la falsa afirmación del presidente de que ganó los comicios de 2020. Más tarde, Steven Cheung, director de Comunicaciones de la Casa Blanca, bromeó con la posibilidad de que la rapera se convirtiera en secretaria de prensa, una ocurrencia que la cuenta oficial de campaña de Trump difundió con entusiasmo.
Sería fácil descartar todo esto como otro episodio del espectáculo trumpista: una celebridad invitada para atraer titulares en la recta final de las elecciones de medio término, acompañada de algunos comentarios extravagantes para alimentar la polémica. Pero lo ocurrido dice mucho más de lo que parece.
La política republicana se ha convertido, cada vez más, en una especie de espectáculo de lealtad personal, en el que la fidelidad a Trump se demuestra con elogios exagerados, muestras públicas de afecto y declaraciones de devoción incondicional.
De hecho, el círculo más cercano al presidente parece vivir en un estado de nerviosismo permanente. Sus integrantes suelen comenzar los discursos agradeciéndole efusivamente y terminarlos asegurando que determinada medida solo fue posible gracias a él: el mejor presidente de todos los tiempos, el hombre más inteligente, atractivo y extraordinario que jamás haya existido.
En ese ambiente, cualquier gesto que pueda interpretarse como una crítica, o incluso una muestra insuficiente de gratitud, puede costarte la carrera.
Si eres un político que no demostró suficiente lealtad, prepárate para perder el puesto. Si tu conferencia de prensa no salió como se esperaba, podrías quedarte sin trabajo en menos de una semana. Y si eres periodista de la Casa Blanca y te atreves a hacer una pregunta que vaya más allá de lo superficial, corres el riesgo de que te impidan asistir a futuros eventos.
Así que ya sabes: baila al ritmo de Trump, el salvador. ¡Y procura hacerlo bien, porque más vale que no lo hagas esperar!
Que Minaj declare abiertamente que no le importa la 22.ª Enmienda de la Constitución y que apoyará a Trump “para siempre” es la consecuencia lógica de tanta adulación. Al fin y al cabo, está diciendo lo que el presidente quiere escuchar, aunque los funcionarios de su Gobierno suelen ser más hábiles para transmitir ese mismo mensaje sin expresarlo tan directamente.
Y tampoco debería sorprendernos. Trump lleva años coqueteando con la idea de permanecer en el poder más allá de los límites constitucionales. Buena parte de sus comentarios buscan provocar y llamar la atención. Basta ver los productos de “Trump 2028” que se venden desde hace meses en su sitio web oficial, incluida una gorra con el lema “Reescribe las reglas con la gorra de Trump 2028”. Pero detrás de esas provocaciones siempre hubo algo de verdad.
Después de todo, fue en 2016 cuando afirmó con total seguridad durante un mitin que podía dispararle a alguien en plena Quinta Avenida sin perder el apoyo de sus seguidores. Y miren hasta dónde llegamos.
En realidad, Trump siempre prefirió fomentar entre sus seguidores una lealtad casi romántica, al estilo de Bonnie y Clyde, basada en la idea de “nosotros contra el mundo”, antes que despertar entusiasmo por sus propuestas políticas. Porque, claro, ¡ocuparse de las políticas públicas requiere demasiado esfuerzo!
Es evidente que prefiere escuchar un “te amo” antes que un “te respeto”. Y cuando piensa en el legado que quiere dejar, parece interesarle mucho más la idea de construir “un enorme arco dorado” que la de garantizar la estabilidad económica.
Pero si lo que buscas es una devoción tan intensa como irracional, ¿por qué no sumarle también un poco de admiración por el trasero? Al fin y al cabo, toda gran historia de amor necesita algo de tensión sexual.
Y si todo esto te revuelve el estómago, quizá te hayas equivocado de lugar. Porque aquí, en el universo MAGA de 2026, sonreímos, asentimos, miramos con deseo, tocamos y, por supuesto, codiciamos tu cuerpo. Pero cada vez queda más claro que también queremos controlar tu mente.
O, como dijo la propia Minaj en su inolvidable verso de Monster: “Primero lo primero: voy a devorarte el cerebro”.
Traducción de Leticia Zampedri
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