Sirven pastel de Groenlandia con bandera de EE. UU. mientras crece presión por otro mandato de Trump
“Esto va a causar un escándalo internacional”, comentó uno de los asistentes antes de que cortaran el pastel
Anoche, durante una fiesta en la capital estadounidense, un grupo de legisladores republicanos disfrutó de un pastel con forma de Groenlandia, decorado con glaseado de la bandera de Estados Unidos.
El postre —una aparente alusión al intento del presidente Donald Trump de adquirir el territorio ártico— fue servido en el Kennedy Center, durante un evento organizado por Republicans for National Renewal, un grupo de derecha que promueve que Trump busque un inconstitucional tercer mandato.
En un video del evento, se escucha al anfitrión decir: “Vengan, tómense una foto y corten el pastel”, mientras describe el elaborado postre como “el estado número 51”.
Mientras los asistentes se reunían alrededor del pastel cubierto con la bandera estadounidense, se escuchó a alguien decir: “Esto va a causar un escándalo internacional”, mientras otro bromeaba: “¿Es como un baile de graduación?”.
Según las imágenes del evento, la representante republicana por Florida, Anna Paulina Luna, tomó el cuchillo y cortó la primera porción del pastel. También asistieron los congresistas Abe Hamadeh, de Arizona, y Andy Ogles, de Tennessee.

En un momento de la velada, el congresista Andy Ogles recibió un reconocimiento por una enmienda que propuso, la cual permitiría al presidente, de 79 años, postularse para un tercer mandato, según informó la periodista Emily Brooks, del medio The Hill.
Más tarde, la congresista Anna Paulina Luna —quien previamente respaldó una operación militar de Trump en Venezuela— publicó en X una foto del pastel con forma de Groenlandia y mencionó a la primera ministra de Dinamarca. La publicación provocó una ola de reacciones en redes sociales.
“Groenlandia nunca se vio tan bien”, comentó un usuario. “¡No puedo esperar para jugar golf en el nuevo campo de Trump en Groenlandia!”, escribió otro.
Sin embargo, varias de las reacciones fueron duramente críticas.
“Ustedes se entretienen con las cosas más tontas”, escribió un usuario en X. “¿Qué les pasa? Ellos nos permitirían instalar todas las bases que quisiéramos. Son aliados”.
Otro comentó: “Hace un año, ustedes ni siquiera podían ubicar Groenlandia en un mapa, y ahora quieren apropiársela por ‘razones de seguridad’. Ja, claro”.
Segín las encuestas, pocos estadounidenses —y prácticamente ningún groenlandés— respaldan la propuesta de Trump para adquirir la isla ártica. En las últimas semanas, se han registrado protestas anti-Trump en todo el territorio, donde algunos manifestantes han llevado gorras con la frase: “Make America Go Away” (“Hagamos que Estados Unidos se vaya”).

El evento de anoche —organizado para conmemorar el primer aniversario de Trump en el cargo— tuvo lugar pocas horas antes de que el presidente suavizara su postura sobre Groenlandia.
Durante un discurso en Davos, Suiza, el miércoles, Trump aseguró que no intentaría anexar la isla por la vía militar —aunque en un momento se refirió erróneamente a Groenlandia como Islandia. La Casa Blanca, hasta entonces, se había negado a descartar esa posibilidad.
“No quiero usar la fuerza. No usaré la fuerza”, declaró Trump. Todo lo que Estados Unidos está pidiendo es un lugar llamado Groenlandia... Solo Estados Unidos puede proteger esta gigantesca masa de tierra, este enorme bloque de hielo; desarrollarlo, mejorarlo y convertirlo en algo bueno y seguro para Europa, y beneficioso también para nosotros”.
Ante líderes internacionales, Trump pidió entablar “negociaciones inmediatas” para comprar Groenlandia. Sin embargo, autoridades de Dinamarca y Groenlandia reiteraron que la isla no está en venta.
Más tarde ese mismo día, el presidente dio marcha atrás y abandonó los planes de imponer aranceles a ocho países europeos que se habían opuesto a su intención de adquirir el territorio ártico. En una publicación en Truth Social, Trump aseguró que representantes estadounidenses y de la OTAN habían “establecido el marco de un futuro acuerdo sobre Groenlandia y, de hecho, sobre toda la región ártica”, tras las conversaciones mantenidas en Davos.
Estos acontecimientos parecen representar una victoria para los aliados de Estados Unidos en la OTAN, que se habían pronunciado con fuerza contra las aspiraciones expansionistas de Trump, advirtiendo que podrían debilitar una alianza construida durante décadas. No obstante, según algunos líderes mundiales, el daño ya está hecho.
En su intervención en Davos, el primer ministro canadiense Mark Carney advirtió que el orden mundial vigente se ha quebrado y necesita ser reemplazado. Además, instó a las naciones más pequeñas a unirse para hacer frente a superpotencias con actitudes agresivas.
“Las potencias intermedias deben actuar en conjunto, porque si no estás en la mesa, estás en el menú”, advirtió.
En Washington D. C., anoche, esas palabras fueron tomadas demasiado literalmente.
Traducción de Leticia Zampedri







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