Pete Hegseth perdió la calma frente al Congreso de EE. UU. Fue un espectáculo dramático
Hegseth tiene sus frases favoritas, pero ninguna de ellas funcionó aquí, donde sonaba cada vez más delirante y desesperado, escribe Holly Baxter
Pete Hegseth está pasando por un mal momento: eso ha quedado claro desde hace tiempo.
En lo que respecta a la guerra con Irán y las actualizaciones que debe proporcionar, el secretario de Defensa de EE. UU. se siente más cómodo frente a un público periodístico, donde puede gritar y reprender a la gente por “ser negativa” cada vez que preguntan algo que suena demasiado como un cuestionamiento real. Pero hoy, el pobre Pete tuvo que testificar en el Congreso del país ante los expertos del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes. Es un lugar donde no solo se permiten preguntas, sino también preguntas de seguimiento.
Y fue aquí donde se desmoronó por completo. Porque las preguntas de seguimiento son realmente la kriptonita de Pete Hegseth.
Por ejemplo, recordemos un intercambio inicial entre él y el representante Adam Smith (demócrata por Washington). Ahora que el estrecho de Ormuz sigue cerrado (debido al bloqueo de EE. UU. en respuesta al de Irán), la economía está en caída libre y el arsenal nuclear de Irán aún no ha sido diezmado, ¿cuál es la estrategia del Pentágono?, preguntó Smith. ¿Qué sucederá después?
La respuesta inmediata de Hegseth fue: “No estoy de acuerdo con la premisa de la pregunta”. Luego intentó dar una respuesta rutinaria sobre “otras administraciones que hicieron malos negocios”, pero Smith lo interrumpió con calma: “De acuerdo. ¿Cuál es el plan?”.

Luego, Hegseth habló sobre el coraje y el intelecto de Donald Trump, y Smith lo interrumpió para agregar: “¿Qué vamos a hacer?”.
“Hay que plantar cara a este tipo de enemigo”, intentó explicar Hegseth, antes de volver inmediatamente a la retórica vacía. El intercambio de palabras continuó un rato más, con Smith reiterando su pregunta absurdamente simple y Hegseth negándose absurdamente a responderla, hasta que finalmente Smith se dio por vencido y cedió su intervención.
Entre esta y otra pregunta, Hegseth hizo la increíble afirmación de que “el mayor adversario al que nos enfrentamos en este momento son las palabras imprudentes, irresponsables y derrotistas de los demócratas del Congreso y algunos republicanos”. Fue un error, y uno muy costoso, sobre todo tan pronto en la contienda.
Esos mismos congresistas lo presionaron una y otra vez durante los siguientes 40 minutos. Tan solo por la repetición, quedó claro para todos en la sala lo absurdas que sonaban esas palabras, tan absurdas como el comentario ridículo del general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, a quien se le encomendó referirse a un valioso miembro de las fuerzas armadas como “un estadounidense que ve el vaso medio lleno, no medio vacío”.
Y entonces el representante Smith volvió a intervenir, durante otro revelador intercambio provocado por una pregunta sobre la guerra de Rusia en Ucrania. La Administración Trump predijo que Ucrania ya habría perdido la guerra hace mucho tiempo, dijo. Claramente eso no sucedió. Entonces, ¿qué se pasó por alto?
“Lo que no pasamos por alto fue que Biden …” comenzó Hegseth, antes de que Smith lo interrumpiera: “¿No va a responder la pregunta?”. Hegseth continuó repitiendo un discurso irrelevante sobre el Gobierno de Biden que terminó con: “¡Ustedes no hablan de eso!”.
“Le pregunto desde un punto de vista estratégico”, dijo Smith con calma, tras lo cual Hegseth titubeó y finalmente admitió: “Creo que los ucranianos han demostrado una gran valentía”. Sin inmutarse, Smith cedió su tiempo.

Hegseth es un hombre que siempre proyecta la energía y la integridad de un anuncio de proteína en polvo, pero pocos anuncios de estos productos se han visto en los sagrados pasillos del Congreso. En las ruedas de prensa, el secretario de Defensa (o de Guerra) puede simplemente recurrir a sus declaraciones preparadas sobre la letalidad, los combatientes y el coraje del presidente Trump. Pero hoy, presionado con calma y de forma continua por un grupo bipartidista sobre estrategia y gasto militar, quedó extremadamente claro lo superado que está Hegseth por la situación.
Provocamos un “miedo implacable en nuestros adversarios”, insistió el ex comentarista de televisión, y siguió: “¡Luchamos para ganar en cualquier escenario! ¡Nuestros “combatientes” están “forjando un arsenal letal de libertad!”.
La respuesta fue tibia.
“Expresar deseos no es una estrategia”, dijo Smith, y agregó que “hemos marginado al mundo entero” y dejado de lado la diplomacia tradicional “en favor de dos magnates inmobiliarios”. Tanto Hegseth como el presidente Trump han demostrado una “incompetencia asombrosa”, han causado “un daño económico inmenso”, han “engañado al público” y han provocado “un desastre político y económico en todos los niveles”, dijo el representante Joe Courtney (demócrata por Connecticut).
Y, quizás la mayor humillación: “Yo también soy fan de Tiempos violentos“, dijo el representante Seth Moulton (demócrata por Massachusetts), refiriéndose al discurso en el que Hegseth citó por error un diálogo de la película en lugar de un pasaje de la Biblia. Más tarde, al responder una pregunta sobre las vacunas, Moulton añadió: “Esta es pan comido. No meta la pata”.
Hegseth empezó a mostrar los dientes y a gritar. Al preguntarle por la duración de la guerra, fingió indignación, hablando de cómo su generación había servido en Irak y Afganistán, y de que aquello sí había sido un atolladero, y de que era un “irrespeto a las tropas” sugerir que esta guerra se había prolongado demasiado. “¿A quién vitorean?», gritó, añadiendo: «¡Su odio hacia el presidente Trump les ciega ante la verdad del éxito de esta misión!”. En aquella sala tranquila y sin pretensiones, sus palabras sonaron inexpresivas, inquietantes, casi sectarias. No proyectaron la fuerza que seguramente esperaba.
Entonces, el representante Salud Carbajal le preguntó cómo se verían afectados económicamente los contribuyentes estadounidenses por la guerra con Irán, y Hegseth se enzarzó en una acalorada discusión con él, limitándose a hacerle preguntas al azar en lugar de responder a la pregunta.
“Estoy oyendo frases hechas, ¿pero qué hay de las cifras?”, preguntó Carbajal. Hegseth comentó algo sobre la “horrible” gestión de California, el estado que representa Carbajal.

“Antes esos discursos funcionaban”, dijo Carbajal, sin mostrarse impresionado. Ya no funcionan, continuó, porque el Gobierno de Trump está perdiendo adeptos tras una crisis del costo de vida provocada por la guerra con Irán.
“Me da pena por todas las personas que votaron por Trump. Me da pena porque las traicionaron”, concluyó.
Este es Pete Hegseth en su verdadera esencia: escurridizo, a la defensiva, nervioso. Un puñado de frases hechas acumuladas bajo una chaqueta que le queda mal, en un empaque presentado como un secretario de Guerra Superletal. Un hombre incapaz de responder preguntas básicas sobre el impacto de sus decisiones en el contribuyente estadounidense promedio; un hombre que se apresura a llamar adversarios a sus compatriotas y se muestra reacio a hablar de detalles; un hombre que se desempeña de forma pésima bajo presión y se vuelve volátil en situaciones de alta tensión. Justo a quien uno querría al frente del Pentágono.
Y sí, resulta un tanto satisfactorio ver cómo un hombre así se desmorona ante preguntas básicas. Pero, por supuesto, si se analiza la situación en perspectiva, es profundamente aterrador e implacable.
Traducción de Sara Pignatiello







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