¿Qué revelan las interacciones de los líderes mundiales con Xi Jinping sobre su personalidad?
Los relatos de otros líderes y momentos espontáneos retratan a un presidente chino con un ingenio agudo, una fe inquebrantable en el autoritarismo y una desesperación por controlar su imagen pública, informa Maroosha Muzaffar
El presidente estadounidense Donald Trump se prepara para reunirse con su homólogo chino en Pekín en lo que se prevé que sea una cumbre de gran trascendencia entre los dos líderes mundiales.
Según se informa, China se está preparando para recibir a Trump con gran pompa y ceremonia, pero más allá de lo aparente, hay mucho en juego, incluyendo la cuestión de Irán y la apertura del estrecho de Ormuz.
Trump ha declarado que espera con ilusión su séptimo encuentro cara a cara con Xi, y que prevé que el presidente chino le dé un “gran abrazo cuando llegue”. El republicano no tiene reparos en congraciarse incluso con los líderes mundiales más problemáticos, y se muestra abiertamente complacido cuando recibe una bienvenida de lujo en sus viajes.
Pero sabemos mucho menos sobre los pensamientos del propio Xi, quien no tiene la misma presencia en redes sociales y ejerce un control casi total sobre la narrativa mediática de su país. Cuando aparece en público, lo hace puntualmente, con una puesta en escena meticulosa y, en general, siguiendo un guion preestablecido. Incluso después de más de 13 años al frente de China, Xi sigue siendo difícil de descifrar.
Algunas pistas sobre sus interacciones con Trump se pueden encontrar en la visita anterior del republicano en 2017, aunque el contexto global era muy diferente. Trump se mostró encantado de recibir una visita excepcional a la Ciudad Prohibida como parte de una “visita de Estado plus”, y cuando él y Xi estuvieron juntos, ambos compartieron una gran camaradería. En un momento dado, Trump le mostró al líder chino videos de su nieta, Arabella Kushner, recitando poemas chinos en mandarín. Xi calificó la actuación de “sobresaliente”.

Más allá de su habilidad para halagar, Xi ha mostrado destellos ocasionales de ingenio agudo en sus interacciones con otros líderes mundiales, un lado más desenfadado que rara vez, o nunca, se refleja en la cobertura mediática china. En noviembre del año pasado, cuando Xi obsequió al presidente surcoreano Lee Jae Myung con un par de teléfonos inteligentes Xiaomi, bromeó sobre los protocolos de seguridad de los dispositivos.
Durante el evento, Lee levantó una de las cajas (de teléfonos) y la examinó. Luego le preguntó a Xi: “¿Cómo es la seguridad de las comunicaciones?", ante lo cual Xi y los demás funcionarios presentes estallaron en carcajadas. Xi señaló entonces los teléfonos y respondió: “Pueden comprobar si hay atajos para burlarla”.
Algunas de las apariciones públicas más relajadas de Xi han sido junto a otros líderes autoritarios, como su estrecho aliado, el presidente ruso Vladímir Putin. En 2017, en una reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái en Kazajistán, Xi se quedó brevemente solo frente a una numerosa delegación rusa tras un retraso relacionado con sus asesores.
Al presenciar el momento incómodo, Putin llamó en tono de broma a Xi “guerrero solitario”, y el comentario provocó la risa del líder chino.

En otra ocasión, el líder chino fue captado por un micrófono abierto reflexionando sobre la inmortalidad. En septiembre del año pasado, un micrófono abierto captó al líder chino y al presidente ruso discutiendo sobre trasplantes de órganos y la posibilidad de que los humanos pudieran vivir hasta los 150 años durante un desfile militar en Pekín.
Ambos líderes están en sus setenta y han dado a entender que les gustaría permanecer en el poder durante los próximos años.
“Podría ser que en este siglo los seres humanos puedan vivir hasta los 150 años”, se oyó decir a Xi.
Posteriormente, se le preguntó a Putin sobre los comentarios de su homólogo, y respondió: “Los métodos sanitarios modernos permiten a la humanidad ser optimista” sobre que “la esperanza de vida aumente significativamente” y entre esos avances, dijo, se encontraban “medios médicos, incluso quirúrgicos, relacionados con los trasplantes de órganos”.
“Antes, la gente rara vez llegaba a los 70 años, pero hoy en día, a los 70, todavía eres un niño”, se oía decir en ruso a un hombre que, al parecer, traducía los comentarios de Xi para Putin.
“La biotecnología está progresando”, respondió Putin, según el traductor, que ahora hablaba en mandarín para Xi. Añadió: “Habrá trasplantes constantes de órganos humanos, e incluso puede que la gente rejuvenezca con la edad, llegando incluso a alcanzar la inmortalidad”.
En 2023, Xi también sugirió que él, junto con Putin, estaba impulsando un cambio político en el mundo. Se le escuchó decir: “En este momento, se están produciendo cambios como no habíamos visto en 100 años, y somos nosotros quienes estamos impulsando estos cambios juntos”.
“Estoy de acuerdo”, respondió Putin, a lo que el líder chino replicó: “Cuídate, querido amigo, por favor”, e hizo un saludo de despedida al presidente ruso, quien le deseó un “buen viaje”.

Otro rasgo clave —la voluntad de Xi de controlar la narrativa en torno a sus actividades— salió a relucir cuando se reunió con el primer ministro canadiense, Mark Carney. Al relatar su primer encuentro con Xi desde que asumió el cargo en la cumbre de la APEC (Cooperación Económica Asia-Pacífico) en noviembre del año pasado, Carney afirmó: “Decidió dedicar los primeros diez minutos a hablar sobre cómo quería que fuera la interacción personal” y dejar claro que no quería ser criticado en público.
“Si tuviera que resumir [el mensaje de Xi]: ‘No quiero sorpresas. Si de verdad les importa algo, sean claros’. Es decir, no lo dijo así, pero así lo interpreto. ‘No me sermoneen en público. Háblenme directamente si hay algún problema’”, pintando así un retrato del líder muy interesado en controlar su imagen pública.

Otro líder canadiense tuvo una experiencia similar a la de Xi. En 2022, Justin Trudeau sufrió una inusual reprimenda pública, aparentemente improvisada, por parte del líder chino, después de que los medios de comunicación publicaran detalles de una reunión previa entre ambos líderes, según informaron funcionarios canadienses.
En un video que se hizo viral, se puede ver a Xi diciéndole airadamente a Trudeau que no era “apropiado” que se hubieran compartido con los medios de comunicación detalles sobre una conversación anterior entre los dos líderes.
“Todo lo que hemos comentado se ha filtrado al periódico; eso no es apropiado”, le dice Xi a Trudeau a través de un traductor. Y agrega: “Además, esa no fue la forma en que se desarrolló la conversación”.
Stephanie Carvin, profesora de relaciones internacionales en la Universidad de Carleton en Ottawa, Canadá, sugirió en su momento que incluso esta reprimenda aparentemente espontánea probablemente había sido cuidadosamente calculada, y que estaba dirigida específicamente a Canadá, un país con mucho menos peso económico que China. Declaró a The Guardian : “Al fin y al cabo, Canadá no es Europa ni EE. UU., y Xi sabe que puede adoptar una postura más agresiva públicamente. Además, puede usar a Canadá como ejemplo para otros estados sin mayores consecuencias”.

La necesidad de control de Xi se extiende más allá de las fronteras chinas: cuando Trump fue elegido por primera vez, se dice que el líder chino expresó en privado su preocupación por lo que eso significaría para la estabilidad global.
En 2016, cuando el entonces presidente estadounidense Barack Obama se reunió con Xi en una cumbre en Perú, al parecer sentía curiosidad por el recién elegido presidente republicano. Según se informa, Xi le preguntó a Obama cómo los estadounidenses podían elegir a alguien tan poco convencional.
Según Ben Rhodes, asesor adjunto de seguridad nacional en la Administración Obama que asistió a la reunión, cuando Obama intentó explicar que la popularidad de Trump se debía en parte a la frustración por la pérdida de empleos en el sector manufacturero y a las preocupaciones sobre la propiedad intelectual relacionadas con China, Xi reaccionó con frialdad.
El gobernante chino se cruzó de brazos y dijo: “Si un líder inmaduro sume al mundo en el caos, entonces el mundo sabrá a quién culpar”.
La necesidad de control de Xi parece estar vinculada a una creencia absoluta en la importancia del autoritarismo, según las interacciones de otro expresidente estadounidense con Xi. En 2022, Joe Biden dijo: “Xi Jinping, el líder de China, con quien he hablado —he pasado más tiempo con él que con cualquier otro líder mundial— más de 78 horas, ya sea en persona o por teléfono, es muy directo al respecto”.
“Dice que las democracias no pueden mantenerse en el siglo XXI. Lo dice en serio. No pueden mantenerse porque las cosas cambian muy rápido, las democracias requieren consenso y es difícil conseguirlo; por lo tanto, no pueden competir con una autocracia, con el Gobierno de un solo hombre”, explicó.
Traducción de Sara Pignatiello







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