Sobrevivientes de las inundaciones de Nepal asimilan la muerte y la destrucción: “Todos están muertos. Perdí todo”
Las agencias de ayuda humanitaria afirman que el terreno destruido dificulta el acceso a las zonas más afectadas, tras confirmarse la muerte de al menos 538 personas en las catastróficas inundaciones que asolan Nepal tras un deslizamiento de tierra glaciar. Reportaje de Alisha Rahaman Sarkar
Bhupen Thapa caminaba hacia su casa en Rasuwa, Nepal, el miércoles por la mañana cuando escuchó un rugido y luego vio un torrente de agua marrón, arena y escombros que arrasaba con todo a su paso.
Thapa, de 56 años, lloró al recordar cuando vio cómo su casa, su familia y sus vecinos eran arrastrados en cuestión de segundos.
“No creerías lo que vi. No sé cómo sobreviví”, le cuenta a The Independent por teléfono desde una base militar en Dhunche, adonde decenas de sobrevivientes fueron trasladados por vía aérea desde sus aldeas destruidas cerca de la frontera con el Tíbet.
En su testimonio relató que su padre y su esposa estaban en casa y él se encontraba a un par de metros de distancia cuando vio que el lodo se acercaba a una velocidad increíble y decidió correr en la dirección opuesta.
“Todos están muertos” —expresa Thapa— “nadie puede sobrevivir a un desastre así. Lo perdí todo y me siento tan culpable de no haber podido salvar a nadie”.
El ejército, la policía y los equipos de rescate civiles desplegaron maquinaria pesada el viernes para excavar entre el lodo y los escombros en los pueblos fronterizos devastados por la inundación repentina, a medida que se desvanecían las esperanzas de encontrar sobrevivientes.
Las autoridades informan que, hasta la madrugada del viernes, se habían confirmado 538 muertos en Nepal, mientras que alrededor de 1.000 personas seguían desaparecidas en este país del sur de Asia y en el vecino Tíbet, en China. Fue en esta zona donde el colapso de un glaciar provocó que un torrente de rocas, hielo, lodo y escombros se precipitara por los sistemas fluviales de las montañas del Himalaya. Al menos 540 de las personas desaparecidas son extranjeros, entre ellos 33 británicos.
Cientos de supervivientes esperaban al ejército para ser evacuados por vía aérea, mientras lloraban la pérdida de sus seres queridos, sus hogares y sus medios de subsistencia en las catastróficas inundaciones que arrasaron carreteras, casas e infraestructuras públicas en una vasta extensión del país.
En Bidur, un pequeño pueblo del distrito de Nuwakot, los residentes afirman que murió alrededor del 90 por ciento de la población.
“Parecía que se acercaba un tsunami”, detalla un hombre que se identificó como Karki. “Todo, hasta el primer piso, está cubierto de lodo. Jamás nos recuperaremos de esta pérdida”.
Otro residente de Bidur, Dawa Lama, de 45 años, declaró a la agencia de noticias AFP que la ciudad de la que huyó había desaparecido bajo un torrente de agua, lodo y escombros. Afirmó que el 90 % de sus habitantes habían muerto tras ser sepultados por el fango.
En los hospitales de la capital, Katmandú, la gente buscaba con angustia a sus familiares desaparecidos. Ayush Tamang cuenta que estuvo en el hospital universitario de Tribhuvan desde el jueves por la mañana, tras enterarse de que los supervivientes serían trasladados allí.
Narró: “Mi hermano trabajaba en un proyecto cerca de la frontera con el Tíbet. No he tenido noticias suyas desde el miércoles por la mañana. Estamos muy asustados. Solo tiene 19 años y está empezando su vida. Es injusto que tenga que morir de esta manera”.
Tamang afirma que el teléfono de su hermano estaba apagado y que su empleador también estaba ilocalizable.
La autoridad de gestión de desastres de Nepal advirtió que estaba creciendo un lago formado por los escombros que bloqueaban el río Bhotekoshi y corría el riesgo de desbordarse.
Al otro lado de la frontera, China informó que se esperaba que unos tres millones de metros cúbicos de agua (el equivalente a unas 1.200 piscinas olímpicas) fluyeran hacia un lago ya represado durante los próximos tres días. Existía el riesgo de que el lago se desbordara, y se preveía que el caudal máximo se alcanzaría alrededor del 1 de septiembre, según informaron los medios estatales chinos, citando al Ministerio de Recursos Hídricos.
Según indicaron los medios estatales, los equipos de rescate chinos aún no habían llegado a la zona más afectada de su lado del paso fronterizo de Gyirong el jueves por la noche.
Unas imágenes impactantes mostraron un enorme torrente de agua turbia y escombros arrasando las estructuras del paso fronterizo en cuestión de segundos y engullendo a las personas que intentaban huir.
Según informó CCTV, al menos 558 personas, entre ellas 260 extranjeros, están desaparecidas en el condado de Gyirong, en el Tíbet. Sin embargo, hasta el momento solo se han confirmado tres muertos.
Las agencias de ayuda y las organizaciones benéficas afirman que, debido a limitaciones geográficas, se enfrentan a dificultades para llegar a las zonas más afectadas.
Suraj Sigdel, de Mercy Corps, afirma que en algunos lugares habían desaparecido asentamientos enteros, mientras que muchas comunidades supervivientes quedaron aisladas por kilómetros de carreteras destruidas y puentes derrumbados.
El departamento de carreteras de Nepal afirma que 19 puentes transitables y unos 40 kilómetros de carreteras resultaron dañados o arrasados por las inundaciones.
“Alrededor del 45 por ciento de Nepal se encuentra en distritos montañosos y menos del 30 por ciento es zona montañosa, por lo que no todos los terrenos son uniformes aquí”, explica Sigdel.
Debido a la destrucción de la infraestructura, afirma, “llegar al epicentro o a la zona cero es bastante difícil, de hecho imposible en este momento porque no hay carretera”.
Según él, la prioridad inmediata era proporcionar atención médica urgente, refugio seguro, alimentos y agua potable a los sobrevivientes.
“Algunos sobrevivientes han perdido sus pertenencias, otros no saben si sus familias siguen vivas, por lo que están en estado de shock”, plantea, y añade que la falta de electricidad ha aislado a las comunidades.
Sigdel afirma que el número real de personas que siguen desaparecidas podría ser mucho mayor, ya que varios residentes y peregrinos nunca fueron localizados ni registrados en ningún lugar.
Llegar a las comunidades remotas del norte de Nepal ya era difícil en circunstancias normales debido a la compleja geografía. Las inundaciones han dificultado aún más el acceso a esas zonas, ya que han arrasado carreteras y puentes e interrumpido el suministro eléctrico y las comunicaciones, afirma Dan Hovey, vicepresidente de respuesta a emergencias de Direct Relief.
Los daños habían complicado prácticamente todos los aspectos de la respuesta, incluyendo la evaluación de las necesidades urgentes, el suministro de material médico y el traslado de los heridos a los centros de salud que aún estaban en funcionamiento.
“Inmediatamente después de un desastre como este, el tiempo y el acceso son cruciales. Las personas pueden estar lidiando con lesiones traumáticas, interrupción del acceso a medicamentos y servicios de salud esenciales, agua insalubre y desplazamiento, mientras que algunas comunidades siguen siendo de difícil acceso”, explica Hovey.
Asimismo, indicó que la organización está colaborando con socios en Nepal para trasladar suministros médicos de emergencia y otros artículos esenciales donde se necesiten. No obstante, la magnitud de los daños en la infraestructura implica que la respuesta requerirá flexibilidad, incluyendo el uso de transporte aéreo y acercar lo más posible la distribución de suministros a las comunidades afectadas.
El primer ministro de Nepal, Balendra Shah, quien visitó Nuwakot, zona afectada por las inundaciones, el jueves, afirma que la situación sigue siendo difícil.
“Todas las agencias estatales están operando con la capacidad máxima”, admite. “Nuestra principal prioridad ahora es salvar vidas, buscar y rescatar a los desaparecidos, atender a los heridos y brindar ayuda inmediata a las familias afectadas”.
El desastre se ha convertido en un gran desafío para el gobierno de Shah, que lleva cinco meses en el poder, pero los funcionarios afirman que el país cuenta con sistemas y funcionarios con experiencia en el manejo de este tipo de tragedias, incluido el terremoto de 2015 que causó la muerte de casi 9.000 personas.
Traducción de Michelle Padilla






Bookmark popover
Removed from bookmarks