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Opinión

La boda de Cristiano Ronaldo deja una importante lección para las parejas, incluso Taylor Swift y Travis Kelce

La discreta boda de la superestrella mundial del fútbol con su pareja de toda la vida, Georgina Rodríguez, demuestra que el dinero no puede comprar lo que de verdad importa, escribe Flic Everett

Cristiano Ronaldo y Georgina Rodríguez hacen su primera aparición pública como recién casados
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“Elegante” y “sobrio” no son palabras que suelen asociarse con el futbolista multimillonario Cristiano Ronaldo, pero esta vez sorprendió. La semana pasada, el astro portugués se casó con su pareja, Georgina Rodríguez, a quien conoció hace una década en una tienda de Gucci en Madrid.

Muchos esperaban una boda espectacular, acorde con la fama y la fortuna de la pareja. Sin embargo, en lugar de una celebración multitudinaria llena de lujos, Ronaldo y Rodríguez optaron por intercambiar sus votos en la sala de su propia casa.

“Elegimos hacerlo donde desayunamos, almorzamos y cenamos, donde vivimos nuestra vida real”, explicó Georgina a Vogue. “Dentro de 30 años quiero que los niños piensen: ‘Algo maravilloso ocurrió en esta mesa: nuestros padres pronunciaron aquí sus votos matrimoniales’”.

La íntima ceremonia de la pareja contrasta con las costosas y extravagantes bodas de muchas celebridades
La íntima ceremonia de la pareja contrasta con las costosas y extravagantes bodas de muchas celebridades (Instagram/Georginagio)

La ceremonia se celebró a la 1:30 p. m. del 11 de agosto en la residencia de la pareja en Cascais, a las afueras de Lisboa, acompañados por sus cinco hijos.

Solo cuatro testigos asistieron: Miguel Paixão, amigo de Ronaldo desde hace años; Ivana Rodríguez, hermana de Georgina; y los amigos José Rodríguez Sangil y Mónica González Martínez.

Después de la ceremonia, la pareja acudió a una iglesia, donde Georgina se emocionó hasta las lágrimas.

Aunque nadie duda de la afición de Ronaldo por las grandes marcas y el lujo, la elección de una ceremonia íntima resulta especialmente entrañable en una época en la que muchas bodas de celebridades se convirtieron en grandes exhibiciones de excesos. La decisión parece reconocer que el dinero no puede comprar el verdadero significado de un momento especial.

El contraste es evidente con la reciente boda de Taylor Swift y Travis Kelce en el Madison Square Garden, que transformaron con árboles artificiales y césped falso para una celebración repleta de estrellas. Entre los invitados estuvieron Tom Hanks, Jimmy Fallon, Dakota Johnson, Hugh Grant y Graham Norton, una variada lista de grandes figuras del espectáculo.

Ronaldo y Rodríguez se casaron en su casa de Cascais, Portugal, acompañados por sus cinco hijos
Ronaldo y Rodríguez se casaron en su casa de Cascais, Portugal, acompañados por sus cinco hijos (@cristiano/instagram)

Otro ejemplo es la boda de Jeff Bezos y Lauren Sánchez el año pasado, cuyo costo se estimó en unos 50 millones de dólares. La celebración alteró buena parte de Venecia y contó con varios cambios de vestuario y una lista de invitados que incluyó a Oprah Winfrey, Kim Kardashian, Kendall Jenner e Ivanka Trump.

Quienes han organizado una gran boda saben que todo el espectáculo y el gasto se terminan en una noche, o como mucho en un fin de semana. Cuando desaparecen el brillo y el glamour, lo que queda es la pareja y la vida que deberán construir juntos.

Por eso resulta difícil no recordar aquel viejo dicho: “Cuanto más grande es la boda, más corto es el matrimonio”.

Historia de amor: la boda de Taylor Swift y Travis Kelce en julio puso a Nueva York en el centro de la celebración, con una ceremonia en el Madison Square Garden
Historia de amor: la boda de Taylor Swift y Travis Kelce en julio puso a Nueva York en el centro de la celebración, con una ceremonia en el Madison Square Garden (Getty)

La lista de bodas millonarias seguidas de matrimonios breves es extensa. Kim Kardashian y Kris Humphries, por ejemplo, protagonizaron una boda televisada de 10 millones de dólares, pero su matrimonio duró apenas 72 días. Liza Minnelli y David Gest gastaron unos 3,5 millones de dólares en la suya, mientras que Mariah Carey y Tommy Mottola optaron por una fastuosa ceremonia inspirada en un cuento de hadas.

También está el caso de Katie Price y Peter Andre, cuya boda costó alrededor de 1,35 millones de dólares. La celebración incluyó una carroza rosa con forma de calabaza, un castillo conocido por aparecer en Downton Abbey y un dueto de “A Whole New World”, de Aladdin. Price lució un vestido valorado en unos 61.000 dólares, ante invitados como Kerry Katona, Paul Gascoigne y Vanessa Feltz. El matrimonio terminó menos de cuatro años después.

La supuesta “maldición” de las grandes bodas tampoco se limita a las celebridades. Algunas de las ceremonias más lujosas y costosas a las que he asistido —con champán, pavos reales y todo tipo de extravagancias— terminaron en divorcios o matrimonios infelices. Una de ellas, que recibió a los invitados con un cuarteto de cuerdas y ofreció una cena de seis platos, acabó en un matrimonio que duró menos de un año.

La “maldición” de las bodas ostentosas tampoco parece limitarse a las celebridades. Algunas de las celebraciones más glamurosas y costosas a las que he asistido —con baños portátiles revestidos de caoba, champán y pavos reales— terminaron en divorcios o matrimonios infelices. Una de ellas, con un cuarteto de cuerdas para recibir a los invitados y una cena formal de seis platos, precedió a un matrimonio que duró menos de un año.

Esto no significa que gastar mucho dinero en una boda sea señal de falta de amor, ni que invitar a compañeros de trabajo poco cercanos sea necesariamente un error. Sin embargo, las celebraciones multitudinarias pueden dejar en segundo plano un elemento esencial para un matrimonio feliz: la intimidad.

Una pareja que se conoce y se ama con sus virtudes y defectos no necesita convertir su historia en un espectáculo para impresionar a los demás; simplemente busca formalizar su unión. Algunas de las bodas más bonitas a las que he asistido tuvieron pocos invitados, recepciones sencillas y un ambiente de afecto genuino, lejos de grandes grupos esperando los canapés mientras los novios posaban a caballo para Instagram.

Georgina explicó que quisieron celebrar la ceremonia en el lugar donde la familia vive “la realidad” de su vida cotidiana
Georgina explicó que quisieron celebrar la ceremonia en el lugar donde la familia vive “la realidad” de su vida cotidiana (@cristiano/instagram)

Entre las celebridades que también apostaron por la discreción están Blake Lively y Ryan Reynolds, quienes se casaron en 2012 en una ceremonia privada rodeados de familiares y amigos cercanos, y Penélope Cruz y Javier Bardem, que celebraron una pequeña boda en la casa de un amigo en 2010.

Incluso si Cristiano y Georgina organizan más adelante una celebración de mayor escala, el momento que probablemente recordarán será aquel en el que intercambiaron sus votos. El resto será, al fin y al cabo, otra gran fiesta.

Cuando una boda gira en torno al lujo, la lista de invitados y el lugar de la celebración, la pareja puede quedar en segundo plano. Una ceremonia íntima, en cambio, pone el foco en los sentimientos de quienes se casan y en el cariño de sus familiares y amigos más cercanos.

“Cuando era niña soñaba con el castillo más grande, la carroza más grande, el vestido más largo y una corona llena de diamantes”, contó Georgina Rodríguez. “Y ahora digo: no. Quiero algo íntimo, con mi pareja y nuestros hijos, en casa”.

Poder permitirse una corona de diamantes y decidir prescindir de ella dice más sobre la fortaleza de su relación que cualquier celebración de cuento de hadas.

Traducción de Leticia Zampedri

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