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Reseña de ‘Melania’: una primera dama vacía y ensimismada en una espantosa pieza de propaganda

En un momento en que EE. UU. sigue atravesado por la ira y el duelo, la ostentación de los Trump los retrata como una María Antonieta ajena a la realidad del país

Melania Trump estrena el tráiler de su documental ‘Melania’
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Melania Trump —nacida Melanija Knavs— ha tenido una vida innegablemente fascinante. Criada en la década de 1970, en lo que entonces era Yugoslavia, creció en un conjunto de viviendas estatales en la actual Eslovenia. Un contrato de modelaje en la adolescencia la llevó primero por Europa y, en los años noventa, a Estados Unidos, donde finalmente conoció al discreto y supuestamente afable magnate inmobiliario Donald Trump. Es una trayectoria que conecta Europa y América, una historia aspiracional de una niña que no tenía nada más que una mandíbula perfecta, el tipo de relato que suele seducir a Hollywood.

Sin embargo, toda esta información proviene de la página de Wikipedia de Melania Trump, porque está notablemente ausente en el nuevo documental de Amazon, Melania, que acaba de llegar a los cines en un estreno tan enigmático como discreto.

En lugar de explorar esa biografía, Melania se concentra en los 20 días previos a la segunda investidura de Trump, en enero de 2025. “Todo el mundo quiere saber”, gruñe Melania en off, “así que aquí está”. Tal vez la vaguedad sobre qué es exactamente lo que la gente quiere saber sea intencional. El documental —de 104 minutos— abarca desde el diseño de la vajilla y el ancho de las cintas de los sombreros hasta su entusiasmo por la hipotética “hermosa familia” de su hijo Barron y el dolor por la muerte de su madre en 2024.

“No pasa un día sin que piense en mi madre”, lamenta en la voz en off que marca el tono del film, mientras la cámara se detiene en el ataúd del presidente Carter. Es la historia de Estados Unidos vista a través del prisma excéntrico de una mujer que es, al mismo tiempo, marioneta del poder, creativa desconectada de la realidad y símbolo ambiguo de la comunidad inmigrante del país.

“¡La Edad de Oro de Estados Unidos comienza ahora mismo!”, proclama Trump en su discurso de investidura, mientras Melania se sienta detrás de él, con el rostro oscilando de manera inquietante entre el puchero y la sonrisa. A lo largo del documental, que retrata los preparativos para el regreso de los Trump a la Casa Blanca, aparecen señales del extraño origen del proyecto. El jefe de gabinete de Melania rechaza una solicitud del periodista especializado Matt Belloni para obtener más detalles sobre el misterioso acuerdo con Amazon.

En la cena de gala previa a la investidura —donde se sirve un huevo dorado con caviar, porque, como le dice un diseñador zalamero a la primera dama, “el blanco y dorado eres tú”— desfilan ante la cámara el dueño de Amazon, Jeff Bezos, y otros magnates como Elon Musk, Mark Zuckerberg y Tim Cook. Por los derechos para contar esta “historia”, Amazon habría pagado cerca de 40 millones de dólares, incluidos 28 millones directamente para la señora Trump. Un asiento caro en una mesa aún más cara.

Pero dar testimonio en primera persona de la historia es un bien cotizado. El control del documental queda en manos de Brett Ratner, director de Una pareja explosiva y Robo en las alturas. Su carrera se vio afectada después de que en 2017 surgieran acusaciones de agresión sexual y acoso —que él ha negado— y, más recientemente, reapareció con un cameo en la difusión de fragmentos seleccionados de los archivos Epstein.

Sin embargo, así como Donald Trump obtuvo una segunda oportunidad en la presidencia, Ratner parece recibir también la suya. “¿Quién es tu músico favorito?”, le pregunta Ratner a Melania. Ella responde: “Michael Jackson”, un artista que también enfrentó acusaciones de conducta indebida. Luego detalla cómo conoció al cantante junto a su esposo, quien igualmente ha sido objeto de denuncias. Tal vez esta sea la idea de Ratner sobre el Estados Unidos actual: un país donde la redención se concede con facilidad.

Melania Trump en su nuevo documental, ‘Melania’
Melania Trump en su nuevo documental, ‘Melania’ (Amazon)

“No importa de dónde venimos”, afirma Melania Trump en una de sus insistentes voces en off, “nos une la misma humanidad”. Aunque habla con un marcado acento eslavo, apenas menciona su “país de origen” y solo una vez nombra directamente a Eslovenia. Para reforzar este tono vagamente cosmopolita, el documental encadena apariciones de inmigrantes exitosos, entre ellos el diseñador francés Hervé Pierre.

“Oportunidades, igualdad”, dice Tham Kannalikham, diseñador que llegó a Estados Unidos desde Laos cuando tenía apenas dos años. “Ese es el sueño americano”. Son los inmigrantes presentables, los que encajan en el relato y sirven al Gobierno de Trump. Muy lejos quedan los otros: los detenidos en jaulas, los reprimidos con gas lacrimógeno en las calles de Minneapolis, o los que se pudren en una celda en El Salvador.

Llamar vacía a Melania Trump sería un agravio incluso para las espesas nubes de vapeo perfumado que rodean a los adolescentes británicos. Ella se presenta como “madre, esposa, hija, amiga”, pero en pantalla solo aparece pavoneándose o frunciendo el ceño. Figuras como Brigitte Macron y Queen Rania of Jordan desfilan para reforzar una supuesta estatura geopolítica, aunque Melania vuelve, una y otra vez, a frases hechas sin contenido. “Valoren a su familia y a sus seres queridos”, pide al público, como si hasta ese momento la audiencia hubiera vivido dedicada a ignorarlos.

Paradójicamente, Donald Trump resulta una presencia mucho más carismática frente a la cámara. Sus apariciones ofrecen un respiro frente a la máscara de absoluta nada que proyecta Melania. Con el documental llegando a los cines mientras Estados Unidos sigue atravesado por la ira y el duelo —y al borde de una fractura difícil de reparar—, el estilo de vida vulgar y ostentoso de los Trump los hace parecer una Marie Antoinette recluida en su palacio lleno de pasteles, o un Hermann Göring admirando con placer un Monet saqueado.

Donald Trump y Melania Trump en la alfombra roja de ‘Melania’ esta semana
Donald Trump y Melania Trump en la alfombra roja de ‘Melania’ esta semana (Getty Images)

La “película” es, en parte, propaganda y, en parte, un guiño a las grandes empresas tecnológicas, dependientes de aprobaciones regulatorias constantes para sostener sus negocios. Incluso así, el resultado es pobre. Con el tiempo, quedará como un artefacto revelador —al estilo de El nacimiento de una nación o El triunfo de la voluntad— de una etapa en la que amplios sectores de la sociedad estadounidense aceptaron, de forma voluntaria, la concentración del poder político y económico.

A las dos de la madrugada, después del Starlight Ball, mientras organiza su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump anuncia que empezará de inmediato a “poner al país en orden”. “Estamos todos muy agradecidos”, murmura con servilismo su productor de eventos. Es un momento visceral, en el que el público —dentro y fuera de Estados Unidos— comienza a sentir el peso de la bota que el establishment estadounidense lame con inquietante naturalidad.

Aunque también cabe otra lectura: tal vez Melania no sea más que una pieza de posentretenimiento posmoderno. Al fin y al cabo, resulta evidente que no se trata de un documental. Melania Trump pasa la mayor parte del metraje interpretando una versión cuidadosamente construida de sí misma, y los planos de la primera dama están compuestos con la misma intención calculada que Brett Ratner aplicó en X-Men: La batalla final. El resultado habita un territorio ambiguo, a medio camino entre el reality show y la ficción pura.

Mientras Donald Trump y Melania Trump bailan en la víspera de su victoria, un cantante entona: “¡Gloria, gloria, aleluya! Su verdad avanza”. De quién es esa verdad —y hacia dónde se dirige— es algo que esta supuesta obra documental no logra, o no quiere, explicar.

‘Melania’ ya está disponible en cines.

Traducción de Leticia Zampedri

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