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Bajo la lupa

Conocí a Michael Jackson: el lado oculto de su vida que el mundo aún no logra comprender

Jonathan Margolis, quien pasó tiempo con el “rey del pop”, aborda con seriedad la próxima película y la serie documental sobre Michael Jackson. Sin embargo, cree que los capítulos más oscuros de su vida seguirán fuera del alcance tanto de sus fans como de sus detractores

El tráiler de la biopic de Michael Jackson muestra a Jaafar Jackson en personaje
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Han pasado dieciséis años y nueve meses desde la muerte de Michael Jackson, sin que se acerque ningún aniversario especialmente relevante. Para una nueva generación, es, en gran medida, un artista que escuchaban sus padres o abuelos.

A estas alturas, cabría esperar que el interés por su figura hubiera disminuido. De hecho, MJ The Musical, que durante años funcionó como una atracción en el West End, ya cerró, aunque sigue en cartelera en Broadway.

En ese contexto, también podría pensarse que las controversias que lo rodean, como las acusaciones de abuso y el debate sobre si es posible separar su obra del artista, han perdido vigencia, como ocurrió con figuras como Gary Glitter, Jimmy Savile o Rolf Harris.

Sin embargo, este año sucede lo contrario: el interés y el debate en torno a Jackson han resurgido con fuerza.

Por un lado, hace unas semanas Channel 4 emitió el documental Michael Jackson: El juicio, de tres horas, con material revelador sobre el cantante, desde sus relaciones con menores hasta los abusos que sufrió en su infancia. Por otro, BBC2 presenta la primera parte de Michael Jackson: An American Tragedy, una serie que busca un enfoque más reflexivo y equilibrado, realizada por el mismo equipo detrás de The Tony Blair Story.

A esto se suma el estreno de Michael, la primera película biográfica oficial avalada por la familia Jackson, que llegará a los cines el 22 de abril y el 24 en formato IMAX. El protagonista es Jaafar Jackson, sobrino del artista e hijo de Jermaine, de 29 años, quien ofrece, según los primeros comentarios, una interpretación convincente. La producción está a cargo de Graham King, responsable de Bohemian Rhapsody, la película sobre Freddie Mercury ganadora del Oscar.

Jaafar Jackson, sobrino de Michael Jackson, lo interpreta en la próxima biopic ‘Michael’
Jaafar Jackson, sobrino de Michael Jackson, lo interpreta en la próxima biopic ‘Michael’ (Lionsgate)

Cuando se estrenó el tráiler de Michael en noviembre pasado, acumuló 116,2 millones de visualizaciones en 24 horas y rompió el récord para una película biográfica o musical, incluso por encima de Taylor Swift: The Eras Tour. La cinta aún no cuenta con clasificación por edades y su director aseguró que no evitará los temas controvertidos. Sin embargo, al tratarse de una producción oficial avalada por la familia Jackson, resulta difícil prever hasta qué punto abordará los aspectos más incómodos.

Desde una perspectiva más amplia, Michael Jackson acumuló suficientes episodios polémicos a lo largo de su vida como para enfrentar múltiples cuestionamientos. Las acusaciones en su contra, que alcanzaron gran visibilidad con el documental Leaving Neverland (2019) y continúan en discusión en tribunales estadounidenses, resultan especialmente contundentes para muchos.

Aun así, su reputación ha demostrado una resistencia poco común. Cada vez que se ve afectada, logra sostenerse. Su legado no solo persiste, sino que también sigue generando ingresos significativos. Pese a los gastos desmedidos que tuvo en vida, estimados en unos 30 millones de dólares al mes, su patrimonio se ha recuperado con creces.

De hecho, antes de su muerte, Jackson preparaba una serie de conciertos en el O2 de Londres que, según estimaciones, podrían haber generado hasta mil millones de dólares, una cifra suficiente para saldar una deuda cercana a los 500 millones.

Hoy, incluso con posibles indemnizaciones pendientes, sus acreedores están cubiertos y los ingresos continúan. Desde su fallecimiento, el patrimonio de Michael Jackson ha generado más de 3.500 millones de dólares gracias a derechos musicales, licencias y producciones audiovisuales.

El interés por la estrella pop aumenta ante el estreno de documentales y una película biográfica
El interés por la estrella pop aumenta ante el estreno de documentales y una película biográfica (AP)

En cuanto a su reputación, Michael Jackson ocupa un lugar extraño y, en muchos sentidos, único. Para mucha gente, sigue siendo difícil formarse una opinión clara. Su comportamiento generó sospechas constantes, aunque nunca enfrentó una condena penal. Aun así, su música continúa sonando, incluso en emisoras cautelosas como la BBC, y su figura sigue celebrándose, aunque con una incomodidad más evidente que en otros casos similares.

Ese estatus, dañado pero todavía vigente, resulta especialmente perturbador para quienes lo acusaron. La pregunta es inevitable: ¿cómo logró sostenerse su reputación? ¿Por qué, frente a acusaciones que habrían terminado con cualquier otra carrera, millones de personas siguen considerándolo inocente?

Parte de la respuesta, de forma paradójica, está en el propio Jackson. Muchas de las pruebas que alimentaron las sospechas surgieron de sus propias declaraciones. Martin Bashir, el periodista ante quien Jackson admitió que compartía la cama con niños, sin precisar el contexto, ha recibido duras críticas por parte de sus seguidores.

Es cierto que la reputación de Bashir ha sido cuestionada, sobre todo por los métodos que utilizó para conseguir su entrevista con la princesa Diana. Sin embargo, ese debate no cambia el hecho de que las declaraciones de Jackson quedaron registradas en cámara.

Ante esta nueva ola de contenido sobre el artista, consulté a dos fuentes clave para entender cómo se percibe hoy su figura.

La primera es el equipo detrás de la serie de la BBC que se estrena esta semana. Sus integrantes, documentalistas galardonados con premios Emmy, pasaron años revisando el material.

Michael Jackson: An American Tragedy, según explicó su productor ejecutivo Rob Coldstream, no busca tomar partido.

“No abordamos el proyecto con la intención de juzgarlo como cineastas. Queríamos presentar los hechos tal como son, de forma sobria y completamente objetiva”.

“Entonces escuchas a quienes estuvieron cerca de él, especialmente a su familia. También a los detectives y al fiscal, convencidos de su culpabilidad. Al final, cada uno tiene que formarse su propia opinión”.

“Está claro que mantuvo relaciones muy inapropiadas. Eso está probado. La cuestión es hasta dónde llegaron y creo que cada persona debe sacar sus propias conclusiones”.

“Ahí es donde la película añade una capa interesante, porque muestra a un joven en busca de afecto, que lo encuentra en lugares equivocados: en la idolatría de los fans y en su relación con niños”.

“Era una persona profundamente solitaria, que creía que la fama era lo que necesitaba, cuando en realidad sacaba a la luz lo peor de su personalidad, ya fuera la dependencia a sustancias o la permisividad de quienes lo rodeaban”.

En esa misma línea, uno de los aspectos más impactantes de la serie de la BBC muestra hasta qué punto Jackson estaba desconectado de la realidad. En sus últimos años, marcados por problemas económicos, llegó a viajar a Irlanda en un vuelo comercial de Aer Lingus, incapaz de costear un avión privado.

Poco después, comenzó a visitar una clínica estética en un suburbio de Dublín, donde pedía crema blanqueadora para los tobillos. Con el tiempo se convirtió en cliente habitual y entabló una relación cercana con su dueño, Patrick Treacy. Sin embargo, según relató el propio Treacy, sus tarjetas de crédito solían ser rechazadas y, en ocasiones, se llevaba discretamente bolsas con decenas de productos sin pagar.

Rob Coldstream señala que ninguno de los miembros del equipo conoció personalmente a Jackson, algo lógico si se considera que reconstruir su figura hoy se parece más a una labor de arqueología del pop.

Mi segunda fuente, en cambio, sí pasó tiempo con él. Y la conozco bien porque, en realidad, soy yo.

En el año previo al 11-S, conviví varios días con Michael Jackson y sus hijos como parte de su entorno, mientras trabajaba en un libro junto a su consejero espiritual, el rabino Shmuley Boteach, y en un discurso para la Oxford Union.

Durante años me han preguntado qué pensaba de él y de las acusaciones en su contra. En ese momento yo era padre de niños pequeños y nunca fui su amigo, sino más bien un colaborador ocasional. Aun así, parecía caerle bien, incluso sabiendo que no era un gran admirador de su música.

Un par de años después, cuando desapareció de Neverland, recibí una llamada de madrugada de su equipo, con Tito Jackson presente, para preguntarme si estaba conmigo en Londres. A las dos de la mañana, tras revisar todo mi departamento, tuve que confirmar que no había rastro del rey del pop.

Siempre dije que Jackson me caía bien, y por eso las acusaciones me sorprendieron y entristecieron. En ese momento, lo veía como una persona casi asexual, alguien cuya madurez había quedado interrumpida por la fama desde niño y por la influencia de un padre dominante. Si lo que vi era real, aunque no puedo asegurarlo, su comportamiento infantil, eje de su defensa, podría haber sido genuino.

Recuerdo una vez que me golpeé la cabeza frente a él y solté una grosería. Jackson se sonrojó de inmediato. “¿Qué dijiste?”, preguntó, y luego se rió como un niño. Cuando se lo repetí, reaccionó con sorpresa, como si nunca hubiera escuchado algo así.

En otra ocasión, me habló de su relación con Madonna. Dijo que había “salido con ella”, aunque lo que más le llamaba la atención, y también lo incomodaba, era lo que describía como su colección de “libros picantes”. “¿Por qué alguien querría ver eso?”, preguntó, con una mezcla de curiosidad e ingenuidad.

Pese a las controversias que enfrentó en vida y tras su muerte, muchos aún disfrutan la música de Michael Jackson
Pese a las controversias que enfrentó en vida y tras su muerte, muchos aún disfrutan la música de Michael Jackson (AP)

En otra ocasión, durante una cena de Acción de Gracias, surgió el tema de la cobertura mediática que recibía y comentó: “Siempre quise saber por qué me llaman Wacko Jacko. No lo entiendo”. No era fácil responder, así que lo evité con una explicación sobre el diseño de titulares: en los tabloides, le dije, “Wacko” y “Jacko” encajan perfecto.

Con el tiempo, entendí que le caí bien tras una visita a la juguetería FAO Schwarz, en Nueva York, donde llevó a un grupo de niños con discapacidad y gastó unos 70.000 dólares en regalos. Yo compré algo para mis hijos y lo pagué aparte, sin decir nada. Al parecer, lo notó y comentó el gesto durante días: el tipo que no intentó aprovecharse de él.

También vi de cerca su perfeccionismo. Mientras ensayábamos su discurso para la Oxford Union en su suite del Hotel Lanesborough, repetía una intervención de unos 40 minutos una y otra vez. Cada vez que se trababa con una palabra, recuerdo EastEnders, volvía al inicio y empezaba de nuevo sin dudar.

En otra conversación, habló con cierto orgullo de cómo Paul McCartney se había molestado cuando él adquirió el catálogo de canciones de The Beatles. Era, sin duda, muy astuto para los negocios.

Hubo, además, momentos más ambiguos. Una noche, en el hotel, tocaron la puerta. Era un joven actor de Hollywood, mucho menor que él. Pensé que mi presencia ya no era necesaria y me fui. Los dejé sentados en la cama, leyendo cómics, a cierta distancia. Con el tiempo, esa imagen no dejó de generar preguntas.

Al final, mi impresión es que Jackson era una persona profundamente perturbada y que su comportamiento pudo ser, en muchos casos, inapropiado e incontrolable. Sin embargo, su genio artístico ocupa un lugar distinto. A diferencia de otras figuras caídas en desgracia, cuyo legado se desvanece, el suyo sigue generando interés. Eso no resuelve las dudas, pero sí ayuda a entender por qué su figura continúa, de forma incómoda, en el centro del debate.

Traducción de Leticia Zampedri

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