Trump reconoce que tiene “problemas muy graves” durante un discurso errático en la Casa Blanca
El último y extenso monólogo de Trump en el Jardín de las Rosas evocó recuerdos del último octogenario que ocupó el Despacho Oval. Andrew Feinberg explica por qué

Nueve horas después de aterrizar en el nuevo helipuerto del Jardín Sur de la Casa Blanca, del que no deja de presumir, y tras una gira de varios días para hacer campaña en estados mayoritariamente republicanos y considerados seguros, donde en teoría no tendría que estar buscando apoyo electoral, Donald Trump les dijo a un grupo selecto de bomberos reunidos en el Jardín de las Rosas que a esas horas “se suponía que debía estar durmiendo”.
Los asistentes habían acudido al almuerzo con la expectativa de escuchar un discurso de Trump, pero tanto ellos como el propio presidente quizá habrían salido mejor librados si hubiera decidido cerrar los ojos y quedarse en la cama.
En lugar de escuchar un discurso coherente y centrado en los temas de actualidad por parte del líder del mundo libre (o, al menos, eso es lo que se supone que debe ser el presidente de Estados Unidos), tuvieron que soportar casi una hora de divagaciones de un octogenario exhausto que se precipita hacia unas elecciones intermedias que su partido lleva camino de perder.
“Si mi voz aguanta, estaremos en excelente forma”, expresó Trump al principio, tras enumerar los estados que aún figuraban en su agenda, a un ritmo de una campaña y media por día.
“Al fin y al cabo, solo tengo una voz. Podrían conseguir uno de esos hermosos robots que fabrican hoy en día y hacer que se pareciera a mí, y no notarían la diferencia. Podrían mandarlos de gira y yo me quedaría en casa viéndolos por televisión”, bromeó.
Para quienes cubrimos el último año de la presidencia de Joe Biden, la actitud del mandatario de 80 años provocó una marcada sensación de déjà vu: la de observar a un político que ya pasó su mejor momento y está a punto de convertirse en un presidente saliente sin poder político, mientras desestima los pésimos resultados de las encuestas y el creciente encarecimiento de la vida, y desvía la conversación hacia lo que ocurrirá cuando él ya no esté en el cargo.
La valentía que lo llevó a pasar meses provocando a la prensa y al público con la posibilidad de un tercer mandato parecía haberse esfumado. En su lugar, Trump reconoció tácitamente las limitaciones de su tiempo en el cargo, y lo hizo mientras presumía de los 22 billones de dólares en inversiones que, según afirma, han llegado al país gracias a sus impopulares aranceles.
“Algún día tendrán un presidente que no seré yo, y estará aquí mismo, damas y caballeros. Me gustaría informarles del mayor crecimiento en la historia de nuestro país. He hecho un trabajo extraordinario”, aseveró Trump, con un tono más cercano a la nostalgia resignada que a la fanfarronería.
Después se dirigió al jefe del sindicato de la Patrulla Fronteriza, que estaba sentado en una mesa cercana. “Recuerden, yo lo hice. Ellos no. Así que no lo olviden”, manifestó.
Aseguró haber sido víctima de un fenómeno similar al hablar de las reformas sobre los precios de los medicamentos que impulsó durante su primer mandato. Según dijo, estas “entraron en vigor durante el segundo año de Biden”, lo que permitió a su sucesor —y predecesor, dado que ambos han ocupado el cargo en periodos no consecutivos— presentar los resultados como propios.
“Recuerdo a Biden levantándose y diciendo: ‘Damas y caballeros, quiero anunciar algunas cifras excelentes aquí o allá’. Y yo decía: ‘Eso lo hice yo’”.
Trump expresó la misma idea de otra manera al referirse a las placas de bronce del llamado “paseo de la fama presidencial”, instaladas ahora a lo largo de la columnata de la Casa Blanca. Las inscripciones se vuelven “un poco más personales a medida que nos acercamos a mi año”, dijo, “por todo lo que hemos tenido que soportar. Así que quién sabe, probablemente cambiarán eso en cuanto lleguen al poder. Pero yo solo escribo la verdad”.
A menos de un mes de que los estadounidenses acudan a las urnas para votar en las elecciones intermedias, Trump parece atrapado en la misma burbuja de encuestas que mantuvo a Biden aislado de la realidad política hasta que una reunión decisiva con Chuck Schumer, entonces líder de la mayoría demócrata en el Senado por Nueva York, lo convenció de que ya no contaba con suficiente respaldo dentro de su propio partido para seguir siendo el candidato presidencial demócrata.
Durante la mayor parte de ese verano, previo a su pésima actuación en el debate contra Trump, Biden le decía a cualquiera que le preguntara que las encuestas estaban equivocadas, que sus multitudes en los mítines lo demostraban y que la prensa se negaba a informar sobre ello.
El estribillo de Trump en el espacio pavimentado que antes era el Jardín de las Rosas era similar: “Los demócratas dicen que algo malo está pasando, y las noticias falsas no quieren hablar de ello. Pero estos son mítines como nunca se habían visto”.
No quedó claro a qué se refería, aunque en los últimos días Trump ha afirmado en varias ocasiones que su sola presencia en determinados estados ha impulsado a los candidatos republicanos, tal como ocurrió durante la campaña de 2024.
El presidente fue más franco al hablar de contiendas electorales concretas que al referirse al panorama nacional. El congresista de Montana al que viajó para ayudar está “en una contienda muy reñida”. El fiscal general de Texas, Ken Paxton, de quien Trump admitió que es “algo controvertido”, ahora está prácticamente empatado” con James Talarico.
Sí, vale la pena detenerse en ese dato: en Texas, un estado profundamente republicano, el candidato republicano respaldado por Trump está prácticamente empatado con un demócrata progresista que apoya los derechos de las personas trans. Y el presidente presenta ese resultado como una buena noticia. Trump también dijo que “volvería si fuera necesario”, porque tienen “que ganar estas contiendas”.
Sobre Michigan, donde Abdul El-Sayed aventaja a Mike Rogers, afirmó: “No puedo imaginar que haya ganado”. Calificó a El-Sayed, un médico nacido en Michigan de padres egipcios, como “un miembro de la Hermandad Musulmana, al cien por cien”, y añadió: “Yo lo llamo Mohammed Abdul Al-Sayyed”.
La admisión a la que alude el titular se produjo mientras Trump explicaba por qué nunca ha sentido tentación de consumir fentanilo: no bebe alcohol, no fuma ni consume drogas.
“Tengo otros problemas. Algunos muy graves, pero esos no son uno de ellos. No quiero añadirlos a la lista. ¿Lo entiendes, Todd?”, le preguntó extrañamente al fiscal general Todd Blanche, quien también fue su abogado personal. “Porque si lo hiciera, les garantizo que no estaría aquí ahora mismo”.
Trump se dio cuenta de inmediato de lo que acababa de decir. “Ahora la prensa va a decir: ‘¿Qué problema tiene? Vamos a averiguarlo’. Probablemente yo mismo me lo busqué, Todd. Todd va a tener que defenderme porque van a decir: ‘Él dijo que tiene problemas serios. ¿Cuáles son?’. La verdad es que no lo sé. Solo estaba bromeando”.
Además, Todd ya no es su abogado, es el del pueblo estadounidense, así que ¿por qué lo estaría defendiendo, señor presidente?
El extraño comentario recordó las historias disparatadas y los deslices verbales de Biden en esta misma etapa de su mandato: desde la anécdota de que su tío supuestamente había sido devorado por caníbales hasta sus referencias al “presidente Putin” de Ucrania y al “vicepresidente Trump” durante la cumbre de la OTAN de aquel año.
Trump improvisa sus explicaciones y así lo hizo aquí. Sin embargo, en 2024, los videos de esos episodios se convertían en noticia y eran difundidos de manera amplia y constante por medios conservadores y aliados de Trump en las redes sociales.
Este año, en cambio, esas escenas comparten espacio con una gasolina que cuesta 4.40 dólares por galón, una guerra que entra en su octavo mes y un índice de aprobación de apenas 30 por ciento, según una medición de Pew realizada este mes: el nivel más bajo de cualquiera de los dos mandatos de Trump, ambos marcados por una profunda polarización. Los demócratas aventajan por nueve puntos a los republicanos en la pregunta genérica sobre qué partido elegirían los votantes para el Congreso. Además, llevan la delantera en 10 de las 12 contiendas senatoriales competitiva.
Aún así, Trump consiguió provocar algunas risas.
Trump afirmó que los ataques con misiles de la Armada contra embarcaciones utilizadas para transportar droga, “destruyeron la industria pesquera”, porque “ya nadie quiere navegar”. También afirmó que quiere imponer la pena de muerte a cualquiera que dispare contra un bombero mientras este se encuentra subido a una escalera.
Cuando el jefe de un cuerpo de bomberos voluntarios le entregó un casco y le expresó su deseo de que Dios lo protegiera, Trump respondió: “Me habría venido bien en Butler”. Añadió que todos recibirían una moneda conmemorativa y que podrían elegir entre la moneda o reunirse con Trump. Y ellos dijeron: ‘Queremos la moneda, por favor’”.
FInalmente, les dijo a los invitados que comieran, sugirió poner música porque “algunos de ustedes no se caen bien” y entró.
Michigan, Iowa y Kansas son los siguientes en la lista. Trump solo tiene una voz para convencerlos.
Traducción de Michelle Padilla



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