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Análisis

El discurso de Pete Hegseth sobre Irán fue incómodo de ver: ansioso, enfadado e inusualmente religioso

Cuanto más eleva el tono sobre la guerra con Irán, menos convincente resulta. Ahora, Pete Hegseth incluso se atrevió a lanzar advertencias veladas a la prensa por su cobertura de este conflicto desastroso, escribe Holly Baxter

Hegseth compara a los medios con los fariseos de la Biblia por la cobertura crítica de la guerra con Irán
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Empiezo a sentir cierta lástima por Pete Hegseth. Semana tras semana, el secretario de Defensa aparece puntualmente a las 8:00 de la mañana para defender el último capítulo de la guerra con Irán, y cada vez se lo ve más irritado, más tenso y, de forma llamativa, más religioso.

Hegseth parece un hombre decidido a proyectar una imagen de héroe, algo así como un Capitán América moderno, pero sus intervenciones a menudo rozan lo caótico. “Esta no es una pelea justa”, dijo hoy desde el podio, en un mensaje dirigido a Irán. “Estamos listos para actuar… preferiríamos no hacerlo… ¡No tienen una Armada ni un verdadero conocimiento del terreno! ¡No pueden controlar nada!”.

Como si eso no bastara, volvió a lanzar amenazas de gran escala: Irán enfrentará “bloqueos y bombardeos sobre infraestructura, energía y electricidad” si no firma un acuerdo. Diplomacia, en su versión más cruda.

Hasta ahí, nada fuera de lo habitual en su retórica. Pero entonces dio un giro y apuntó directamente contra la prensa.

“Y hablando de elegir sabiamente —dijo, tras instar a Irán a hacer lo mismo—, una nota para los medios”.

“No puedo dejar de notar el flujo constante de basura”, continuó, elevando el tono. “La cobertura es siempre negativa… A veces cuesta saber de qué lado están algunos de ustedes. Es profundamente antipatriótico”.

Pete Hegseth pareció lanzar advertencias a periodistas durante una tensa rueda de prensa sobre la guerra con Irán
Pete Hegseth pareció lanzar advertencias a periodistas durante una tensa rueda de prensa sobre la guerra con Irán (Reuters)

Según contó, Hegseth estaba en la iglesia con su familia el domingo cuando el pastor habló del capítulo 3 del Evangelio de Marcos, en el que Jesús cura en sábado mientras los fariseos, a quienes describió como “las supuestas élites de su tiempo”, lo critican por ello.

“Vinieron a ver si los curaría en sábado para poder acusarlo”, citó con una sonrisa irónica. Los fariseos, dijo, “solo buscaban lo negativo”. En ese momento, mientras reflexionaba sobre el pasaje, aseguró que no pudo evitar pensar: “Nuestra prensa es igual que los fariseos”. Según él, comparten esa “insensibilidad” y se niegan a “abrir los ojos a la bondad”.

Ante una comparación así, cuesta saber si reír o preocuparse, del mismo modo que resulta difícil reaccionar a imágenes generadas por IA en las que Trump aparece representado como Jesús, que luego se eliminan y se reemplazan por otras igual de extrañas.

Sin embargo, más allá del contenido, lo inquietante fue la forma: mientras pronunciaba ese discurso, Hegseth mostraba una expresión distante, casi vacía, con palabras desordenadas y un tono plano que resultaba incómodo.

Acto seguido, el mensaje giró de forma abrupta hacia las cifras de reclutamiento militar. “¿Dónde están los informes sobre eso?”, preguntó. “¿Sobre el aumento de estadounidenses que quieren unirse al mejor ejército del mundo?”. Luego volvió a su comparación con los fariseos, por si quedaba alguna duda: “El pueblo estadounidense ve más allá de la prensa”.

Para cerrar, reafirmó que el ejército seguirá siendo “agresivo” y que el “Departamento de Guerra” está listo para actuar.

En síntesis, se trata de una retórica que mezcla religión, confrontación y política de una manera cada vez más difícil de encajar.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, utilizó su rueda de prensa para destacar los avances militares frente a Irán y criticar a los medios por su cobertura del conflicto
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, utilizó su rueda de prensa para destacar los avances militares frente a Irán y criticar a los medios por su cobertura del conflicto (Getty Images)

Hegseth abrió el turno de preguntas y volvió a sus temas habituales: los aliados de Estados Unidos resultan cuestionables si no se alinean con su agenda, el país es imbatible y Donald Trump es el mejor negociador del mundo, independientemente de los resultados.

Su principal recurso retórico parecen ser las simplificaciones y los atajos argumentativos, y esta vez no fue la excepción. A estas alturas, cuesta ver qué otra estrategia le queda.

Entonces llegó una pregunta incómoda. Un periodista le pidió su opinión sobre un video propagandístico reciente de Irán: una imagen generada por IA en la que Jesús arrojaba a Trump a las llamas del infierno.

“Un video como ese es repugnante y no tiene nada que ver con la realidad”, respondió Hegseth, sin rastro de ironía.

Y así terminó la escena: una mezcla de solemnidad, exceso retórico y contradicciones difíciles de ignorar.

Un hombre llamado a defender lo indefendible: invocar pasajes bíblicos para justificar una guerra impopular, un alto el fuego fallido e incluso sus ataques a la prensa. Un hombre metido hasta el cuello que insiste en gritar que no necesita ser rescatado y que, en realidad, ni siquiera está en el agua.

Un hombre cuyo líder publicó no una, sino dos imágenes de sí mismo como figura sagrada en los últimos días, poco después de llamar a Irán “unos malditos locos” y rematar con un “alabado sea Alá”. Un hombre que creyó que la mejor forma de explicar todo esto era recurrir a la parábola de los fariseos, la misma que advierte contra tergiversar la verdad y actuar de mala fe, para comparar a los periodistas con enemigos morales y, de paso, volver a situar a Donald Trump en el papel de redentor.

Pero, en realidad, no hacen falta citas bíblicas ni imágenes generadas por IA. A veces, las lecciones son mucho más simples y están a la vista.

Un gobierno verdaderamente popular no necesita repetir de forma constante lo popular que sería si nadie lo criticara. Y una guerra que cuenta con respaldo real no requiere advertir a la prensa que “elija con prudencia” lo que publica.

Es una lección básica. Y, aun así, este Gobierno parece no haberla aprendido.

Traducción de Leticia Zampedri

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