El príncipe Harry sufre del síndrome del protagonista y es adicto al drama
Tras su reciente y caótica visita al Reino Unido, el duque de Sussex ya está planeando su regreso, y no pudo evitar colarse en la aparición de Meghan Markle en 'MasterChef Australia' el fin de semana. Este es un hombre que anhela las montañas rusas emocionales, dice Charlotte Cripps, y según los expertos, hay una buena razón para ello

Según los informes, el príncipe Harry está considerando una nueva oferta para alojarse en el palacio de Buckingham cuando regrese al Reino Unido desde su casa de Montecito en California, EE. UU., para la segunda ronda de la saga del “regreso a casa de Harry”.
El duque de Sussex (41) visitará Gran Bretaña en septiembre para la entrega anual de los premios WellChild, y se dice que le han ofrecido nuevamente una habitación en el palacio de Buckingham como lugar de alojamiento. Por el momento, se desconoce si lo acompañarán su esposa, Meghan Markle, y sus dos hijos, el príncipe Archie, de siete años, y la princesa Lilibet, de cinco.
Esto ocurre apenas unas semanas después del último drama protagonizado por el príncipe durante su visita de cinco días al Reino Unido, que incluyó una serie de intensas idas y venidas sobre si vendría o no incluso antes de su llegada. Como ahora sabemos por la publicación de Meghan en Instagram la semana pasada, la familia disfrutó plenamente de los encantos de la campiña inglesa con una visita a la mansión del tío Charles (Spencer, hermano de la princesa Diana) y a la casa del rey Carlos III en Highgrove.
Harry se perdió una excursión al palacio de Buckingham después de que el equipo del rey tuviera que retirar la oferta porque no tuvo tiempo de prepararse. Todo esto ocurrió la misma semana en que el Tribunal Superior de Justicia de Inglaterra y Gales desestimó todas las demandas en su juicio contra el conglomerado Associated Newspapers, editor de los periódicos británicos Daily Mail y Mail on Sunday.
Para alguien que supuestamente disfruta de la tranquilidad y anhela la privacidad, el príncipe Harry siempre está envuelto en dramas. Aparece por todas partes como si estuviera en un juego de topos o sufriera del “síndrome del protagonista”, cuando no puede evitar colocarse en el centro de todas las historias.
Para aumentar aún más el drama en su vida, también se coló en la aparición especial de Meghan en MasterChef Australia el fin de semana, llamándola por videollamada mientras ella ejercía como jueza invitada en el programa de televisión.

En una escena curiosa, los productores de MasterChef le pasaron el teléfono a Meghan. “Hola, mi amor”, dice Meghan con naturalidad, y les comunica a los concursantes y jueces: “Mi esposo está aquí”. Harry saluda al grupo australiano con un “buen día” mientras Meghan le muestra los platos de los concursantes.
Tras la llamada, Meghan afirmó que su familia se conectaba a través de la comida, pero este último episodio sugiere que también se unen a través de los dramas. El comportamiento de Harry es como si asomara la cabeza por la puerta de una fiesta a la que no está invitado, o por la puerta de la habitación de la pijamada de un niño para ver cómo va todo. Señala una necesidad imperiosa de no sentirse excluido.
Por eso sospecho que Harry podría verse tentado a regresar pronto a la guarida del león para una segunda visita al Reino Unido. Con el palacio de Buckingham de nuevo en juego, hay otra trama que podría estallar. Me recuerda a cómo retrataron a Diana en la serie The Crown de Netflix; su terapeuta le aconseja que la adrenalina que obtiene del caos es “adictiva”.
Es agotador tanto observarlo como participar en ello, y hablo desde mi propia experiencia. Sé lo que es dejarse absorber, pues pasé la primera mitad de mi vida en una montaña rusa emocional, alimentándome de la intensidad, usando gestos exagerados y un lenguaje rebuscado, creando dramas de la nada, todo para ser el centro de atención. Me ayudaba a sentirme conectada y a evitar mis propios sentimientos de baja autoestima. Me pregunto si el príncipe Harry siente lo mismo que su madre.
Scott Lyons, psicólogo holístico en los EE. UU. y autor del libro Addicted to Drama: Healing Dependency on Crisis and Chaos in Yourself and Others (Adicto al drama: cómo superar la dependencia de las crisis y el caos en ti mismo y en los demás), me explicó, cuando hablé con él sobre la adicción de Diana al drama, que este es “la más accesible y contagiosa de todas las adicciones” porque “es gratuita y se puede producir en cualquier momento”.

Lyons me dijo que los adictos al drama “[buscaban] el drama para evitar el trauma” y que se trataba de “una dependencia del estrés”. Añadió que estas situaciones “[creaban] una oleada de energía cada vez que [la persona se veía atrapada] en ese torbellino. [Permitían superar] momentáneamente el umbral del entumecimiento o la depresión. Es bastante embriagador. El drama se convierte en una distracción de los sentimientos y emociones internas… y, de hecho, es uno de los analgésicos más naturales que tenemos”.
Según Kathleen Saxton, psicoterapeuta y autora de Sly and Mighty: How to Recognise, Resist and Rise Above Toxic Power (Astuto y poderoso: cómo reconocer, resistir y superar el poder tóxico), que se publicará en septiembre, no todos los que crean drama lo disfrutan, pero a veces es el único lenguaje que saben utilizar.
“Si creciste en una familia donde la atención solo llegaba a través del conflicto, donde el amor era impredecible o donde tenías que gritar para que te notaran, es posible que tu sistema nervioso haya aprendido una ecuación simple: intensidad equivale a conexión”, me dice Saxton.
“De adulto, la paz puede resultar desconocida, mientras que el caos se siente extrañamente reconfortante”, agrega.
Según me cuenta, para una persona con “síndrome del protagonista”, “cada revés se convierte en una catástrofe y cada relación en otro capítulo de un espectáculo continuo”.
Desde el punto de vista psicológico, sin embargo, esto suele tener menos que ver con el ego que con una necesidad insatisfecha. “La teoría del apego nos dice que un cuidado inconsistente puede crear adultos que buscan constantemente reafirmación”, afirma.
La ironía reside en que muchas personas que ansían el drama en realidad no buscan el conflicto. “Buscan sentirse importantes. Buscan la atención que nunca recibieron de forma constante”, explica Saxton.
La buena noticia es que lo que antes era una estrategia de supervivencia no tiene por qué convertirse en una condena de por vida. “La sanación comienza cuando nos damos cuenta de que no tenemos que actuar para pertenecer, crear caos para ser vistos ni convertirnos en el centro de atención en cada lugar simplemente para sentir que importamos”, prosigue.
En el caso de Harry, no conoce otra cosa que el drama real y, como “segundo en la línea de sucesión”, puede que incluso inconscientemente esté llamando la atención sobre sí mismo para sentirse vivo, recordado y no como el segundo mejor.
Aunque Harry siempre fue el segundo en la línea de sucesión, no el heredero, desde niño tuvo una personalidad más fuerte, ocupando el lugar que la herencia de su hermano le impediría llenar por completo. Como el hermano más extrovertido, era él, y no William, quien tenía el carisma para convertirse en un líder carismático. Sin embargo, nunca llegó a ser así.
¿Y qué hay de esa espiral interminable que vemos ahora? Quizás sea su manera de seguir intentando ocupar un lugar fuera del sistema; de demostrar a los “hombres de traje gris” —a los que se refiere en su libro autobiográfico En la sombra— que, a pesar de sus buenas intenciones, nadie puede mantener a Harry en su sitio. Al estar constantemente en el centro del drama, Harry se vuelve imposible de ignorar.
Pero la verdad es que, para encontrar la paz, Harry necesita alejarse de todo el ruido que él mismo, en parte, genera. Solo así podrá sanar y tener la oportunidad de encontrar su verdadero lugar tras el Megxit y un posible rol en la familia real. Sin embargo, no hay indicios de que este drama vaya a terminar pronto. El próximo capítulo apenas comienza.
Traducción de Sara Pignatiello


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