¿Podría un sangriento conflicto entre chimpancés arrojar luz sobre la naturaleza de las guerras humanas?
Los investigadores afirman que, si bien las disputas territoriales entre grupos de animales son bien conocidas, las guerras dentro de dichos grupos son extremadamente inusuales
Los científicos están estudiando una rara guerra a gran escala entre chimpancés que antes eran amistosos en África central, con la esperanza de que pueda arrojar luz sobre la naturaleza beligerante de los parientes biológicos más cercanos de los simios: los seres humanos.
La violenta disputa entre la mayor comunidad de chimpancés del mundo, conocida como los chimpancés de Ngogo, ha provocado la muerte de siete machos y 17 crías que vivían en un área de 16 km del Parque Nacional Kibale de Uganda, según informaron investigadores de la Universidad de Yale el viernes.
Según los científicos las muertes, sin relación entre sí, de varios líderes masculinos clave del grupo Ngogo podrían haber sido la chispa que desencadenó la guerra, dividiendo a los 160 miembros de este grupo patriarcal en dos facciones separadas.
“¡Fue impactante ver cómo chimpancés que antes mantenían amistades cercanas e íntimas se convertían en enemigos violentos y letales en tan solo un par de años!”, escribió la primatóloga Iulia Bădescu en una publicación en Bluesky tras la divulgación de los hallazgos.
Estos descubrimientos podrían ayudar a los seres humanos a comprender mejor nuestra propia inclinación a la guerra, explicó Aaron Sandel, profesor asociado de antropología en la Universidad de Texas en Austin.

“Desaconsejo a cualquiera que llame a esto una guerra civil”, dijo Sandel, el autor principal del estudio, y continuó: “Pero la polarización y la violencia colectiva que hemos observado en estos chimpancés podrían ayudarnos a comprender mejor nuestra propia especie”.
La polarización entre los chimpancés tuvo lugar en 2015. Durante los siguientes siete años, miembros de uno de los grupos realizaron 24 ataques contra sus antiguos aliados, matando a los machos adultos y a las crías.
El informe, basado en décadas de mediciones de distancia mediante GPS, 24 años de estudio de redes sociales y tres décadas de datos demográficos, analizó tres períodos: un cambio de la cohesión a la polarización en el grupo, dos años de creciente evitación entre las dos facciones y, posteriormente, una agresión letal entre ellas.
El informe señala que los hallazgos “aportan pruebas de que los cambios en las relaciones, independientemente de los marcadores culturales, pueden fracturar una comunidad y catalizar la violencia colectiva”.
La cuestión ahora es si estos hallazgos pueden aplicarse a los seres humanos, que llevan más de 10.000 años en guerras. Sin embargo, si la guerra forma parte de la naturaleza humana o no sigue siendo un tema muy debatido.
Algunos investigadores afirman que lo que lleva a los humanos a la guerra es puramente circunstancial, mientras que otros argumentan que existen raíces primordiales en la evolución humana que nos impulsan hacia el conflicto.
Los nuevos hallazgos no zanjan este debate, pero sugieren que quizás debamos reevaluar lo que sabemos sobre los factores que conducen a la guerra. De acuerdo con Sandel y sus colegas, este estudio cuestiona la suposición de que los conflictos humanos, incluidas las guerras civiles, se originan principalmente por diferencias de identidad y cultura.
“Si la dinámica relacional por sí sola puede generar polarización y conflictos letales en los chimpancés, sin lenguaje, etnia ni ideología, entonces en los humanos, esos marcadores culturales podrían ser secundarios a algo más fundamental”, afirmó.
Y si eso es cierto, Sandel afirma que los seres humanos “podríamos tener el potencial de reducir los conflictos sociales en nuestra vida personal”.

La investigación de Sandel se basa en décadas de observaciones previas sobre las relaciones entre chimpancés y también podría ayudar a comprender mejor el único caso observado anteriormente de conflicto a gran escala entre chimpancés, que fue documentado en la década de los 70 por la reconocida primatóloga Jane Goodall.
La guerra de los chimpancés de Gombe, en Tanzania, duró cuatro años y provocó asesinatos y apropiaciones de territorio, según científicos de la Universidad de Duke. Sin embargo, esa guerra finalmente condujo a una reunificación.
Otra diferencia es que los humanos pudieron haber sido un factor contribuyente, al proporcionar alimento a los chimpancés de la zona.
Eso no ocurrió en el conflicto actual entre los chimpancés de Ngogo en Uganda, aunque el impacto de la comida que los investigadores dieron a los chimpancés de Gombe también es objeto de mucha controversia.
“Me sorprendieron algunas de las similitudes entre lo que han descrito y lo que se observó en Gombe”, dijo a NPR Anne Pusey, una primatóloga jubilada que trabajó con Goodall en Tanzania y que no participó en el nuevo estudio, después de que se diera a conocer la noticia.
“Resulta inquietantemente familiar ver cómo estas relaciones pueden romperse y luego dar lugar a antagonismos sin precedentes entre grupos”, agregó.
Traducción de Sara Pignatiello






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