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¿Qué revelan los fósiles humanos hallados en Asia en el último siglo?

En tiempos recientes, nuevos descubrimientos en el sudeste asiático han cobrado especial relevancia

Todos estos hallazgos recientes permiten considerar cinco grupos de fósiles de este periodo en Asia
Todos estos hallazgos recientes permiten considerar cinco grupos de fósiles de este periodo en Asia (CHANAKARN LAOSARAKHAM/AFP via Getty Images)

Al hablar de los fósiles del género Homo, restos de nuestros antecesores, es habitual recordar que los más antiguos están en África: África del Sur, Etiopía, con el valle del río Omo, o Tanzania, entre otros. Una parte fundamental de fósiles de homínidos proceden de este continente y en él se siguen descubriendo otros nuevos. Hay también yacimientos importantes en Europa (El Sidrón, Atapuerca, Dmanisi, valle de Neander, monte Carmelo, Petralona, etc.), aunque cada vez adquieren más importancia Asia y, en especial, el sudeste asiático.

Un reguero de “eslabones perdidos”

Fue en Java, en 1891, donde el anatomista francés Eugène Dubois creyó encontrar el “eslabón perdido”, al descubrir algunos dientes sueltos, un fragmento craneal y un fémur en las excavaciones en el río Solo, cerca de Trinil. Dubois publicó en 1894 el hallazgo de lo que bautizó como Pithecanthropus erectus (“mono-hombre erguido”), conocido popularmente como “hombre de Java”. Desde 1963, cuando comenzó mi interés en el tema, he visto anunciar muchos supuestos “eslabones perdidos”.

A comienzos del siglo XX, el geólogo y paleontólogo alemán Gustav Heinrich Ralph von Koenigswald obtuvo nuevos fósiles de Trinil y de localidades como Sangiran, a unos 75 km, donde halló un cráneo atribuido a Pithecanthropus.

El cráneo virtual resultante de los estudios realizados revela una mezcla de rasgos considerados primitivos o ancestrales y derivados o novedosos.
El cráneo virtual resultante de los estudios realizados revela una mezcla de rasgos considerados primitivos o ancestrales y derivados o novedosos. (ASUYOSHI CHIBA / AFP via Getty Images)

Entre 1921 y 1937, el paleontólogo austriaco Otto Zdansky excavó la Colina del Hueso del Dragón o Longgushan–en Zhoukoudian, cerca de Pekín, China– y encontró un diente, que estudió el anatomista Davison Black.

Con financiación internacional, Black dirigió más excavaciones en la zona y a la especie a la que pertenecían los fósiles la denominó Sinanthropus pekinensis. Posteriormente, cuando se estableció la identidad o cercanía con los hallados en Trinil, terminaron llamándose Homo erectus pekinensis.

En las excavaciones encontraron un buen número de fósiles, pero se perdieron en su traslado a Estados Unidos. Solo se conservaron los moldes que habían tenido la precaución de realizar. Estos moldes han permitido corroborar la existencia de ese fósil, al compararlos con los pocos encontrados en el mismo lugar después de la Segunda Guerra Mundial, entre 1949 y 1979.

Siguen apareciendo nuevas especies

En tiempos recientes, nuevos descubrimientos en el sudeste asiático han cobrado especial relevancia. En 2004, el paleoantropólogo Peter Brown y colaboradores describieron el Homo floresiensis, hallado en la cueva de Liang Bua (isla de Flores, Indonesia), una especie extinguida hace unos 50 000 años. Se ha propuesto que su antepasado podría ser H. erectus, ya presente en la región, y que su reducido tamaño corporal sería resultado del típico proceso de enanismo insular.

Por otro lado, en 2009, el equipo de la paleoantropóloga australiana Debbie Argue publicó un análisis en el que parece que el Homo floresiensis puede estar relacionado con el Homo habilis, hallado en África, lo que supondría la admisión de una primera salida desde África de esta especie. Esto lo vincularía también con el Homo georgicus, de la localidad de Dmanisi –en Georgia, entre entre Europa Oriental y Asia Occidental–, que tiene un volumen cerebral algo mayor que H. floresiensis, pero no el doble, como lo tiene el H. erectus.

En al año 2019, el investigador francés Florent Detroit y sus colaboradores describieron formalmente el Homo luzonensis, con los escasos fósiles encontrados en la cueva del Callao (Filipinas) a lo largo de los años 2007-2010. Este podría estar relacionado con H. sapiens o con H. floresiensis, pero de un modo incierto.

El homínido de Denísova

Todas estas investigaciones cambian súbitamente con los hallazgos en las cuevas de Denísova, en el macizo de Altai (Siberia, Rusia). Junto a artefactos atribuidos a neandertales, se encontró una falange de una niña de la que el biólogo sueco-estonio Svante Pääbo pudo extraer el ADN mitocondrial. Este hallazgo dio lugar al homínido de Denísova; confirmado cuando se encontró una niña híbrida, de madre neandertal y padre denisovano, en el año 2018.

Mientras, en la localidad de Yunxian (China central), se descubrieron tres cráneos, entre 1989 y 2022, con una antigüedad estimada en 2026 de 1,77 millones de años. Pueden ser asociados a Homo erectus, pero con una capacidad craneana de 1143 centímetros cúbicos. Este fósil es más pequeño que los cráneos de Homo longi –en chino, “hombre dragón”–, que en estos momentos se considera un denisovano.

El cráneo virtual resultante de los estudios realizados revela una mezcla de rasgos considerados primitivos o ancestrales y derivados o novedosos. Su capacidad endocraneal es mayor que la de H. erectus. El análisis comparativo de cráneo y mandíbula muestra similitudes con H. erectus y H. heidelbergensis, pero también con H. longi –que incluye fósiles de Dali, Jinniushan, Xujiayao y Hualongdong, Xiahe y Penghu– y con H. sapiens.

Todos estos hallazgos recientes permiten considerar cinco grupos de fósiles de este periodo en Asia: Homo erectus asiático, Homo heidelbergensis, neandertales, Homo sapiens y Homo longi. La mezcla de rasgos indicaría hacia un ancestro común de las líneas evolutivas H. longiH. sapiens (con apomorfías o novedades evolutivas) y H. erectusH. heidelbergensis, con una antiguedad de 1,77 millones de años.

Sobre el autor

Rafael Jordana Butticaz es catedrático emérito en la Universidad de Navarra.

Este artículo se publicó por primera vez en The Conversation y se publica bajo licencia Creative Commons. Puedes leer el artículo original aquí.

En busca de un ancestro común

Entre 2014 y 2015, se encontraron fósiles datados en unos 300 000 años en Hualongdong (HLD), provincia de Anhui, sur de China: un cráneo con 14 dientes. Mientras que el cráneo, las extremidades y la mandíbula muestran predominantemente rasgos primitivos compartidos con los primeros ejemplares de Homo, los huesos faciales muestran afinidades más cercanas a los humanos modernos.

Parece que hay dos explicaciones posibles. Por una parte, el flujo genético con una forma más arcaica, como H. erectus, ya presente en la zona. Por otro, una población de Homo estrechamente relacionada con H. sapiens y distinta de H. erectus, los neandertales y denisovanos.

No obstante, el antropólogo estadounidense Alan Rogers y colaboradores, en un artículo de 2020, postulan que, cientos de miles de años antes, los ancestros de los neandertales y los denisovanos se cruzaron con sus propios predecesores euroasiáticos: miembros de una población “superarcaica” que se separó de otros humanos hace aproximadamente 2 millones de años.

Baste este comentario para mostrar cómo la historia de la evolución humana tiene un interesante comienzo en Asia, se traslada a África y vuelve a buscar soluciones –o complicaciones– otra vez en Asia.

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