Stay up to date with notifications from The Independent

Notifications can be managed in browser preferences.

Pongámosle la lupa

¿Odias tu trabajo? Evita renunciar impulsivamente este enero y piénsalo dos veces

Volver al trabajo en enero puede ser difícil, pero renunciar por impulso no siempre es la mejor idea. Helen Coffey consulta a expertos sobre cuándo es realmente el momento adecuado para tomar esa decisión

Head shot of Helen Coffey
Tener un jefe insoportable, como Miranda Priestly (Meryl Streep) en ‘El diablo viste a la moda’, puede llevar a más de uno a renunciar con rabia
Tener un jefe insoportable, como Miranda Priestly (Meryl Streep) en ‘El diablo viste a la moda’, puede llevar a más de uno a renunciar con rabia (20th Century Fox)
Read in English

Entonces, ¿cómo te sientes en este temido tercer lunes de enero? Probablemente te costó salir de la cama. Tal vez te asignaron una fecha límite imposible o ese compañero pasivo-agresivo volvió a lanzar uno de sus comentarios sarcásticos. Quizás alguien se terminó tu leche de almendra, a pesar del educado post-it donde advertías sobre tu intolerancia a la lactosa. Todos fantaseamos con renunciar al trabajo de vez en cuando, ¿cierto? Pero hoy no es el día para hacerlo.

Aunque puede resultar liberador imaginar tu propio momento Jerry Maguire —irte dando un portazo, causar una escena, enfrentarte al jefe y salir cargando un pez y a Renee Zellweger—, para la mayoría de las personas, esa escena se queda en la fantasía. Sin embargo, en días como este —considerado oficialmente el más deprimente del año—, algunos convierten esa fantasía en realidad. Según una encuesta realizada a más de 3.500 británicos por el grupo de escuelas internacionales ACS, uno de cada diez trabajadores afirmó que planea renunciar a su empleo este enero. Casi una cuarta parte dijo que su trabajo los hace infelices.

No sorprende que la tentación de renunciar sea más fuerte en enero que en cualquier otra época del año. La combinación de haber pasado tiempo libre con seres queridos, el bajón emocional propio de enero y la presión social del “año nuevo, vida nueva” puede ser muy poderosa, advierte el profesor Anthony C. Klotz, de la Escuela de Administración de la UCL. Su próximo libro, Jolted, explora la ciencia detrás de por qué las personas deciden dejar o permanecer en un empleo.

Klotz cita investigaciones que demuestran que volver al trabajo después de cualquier tipo de descanso suele ser una experiencia negativa para muchos empleados, a pesar de la expectativa común de que el tiempo libre nos recargará y revitalizará. “Acabas de estar en un entorno completamente distinto, más relajado, que te da espacio para reflexionar sobre la vida —y de repente, vuelves al trabajo y sientes un fuerte contraste entre el nivel de estrés que tenías en las vacaciones y el que enfrentas ahora”, explica.

En otra investigación se pidió a los participantes que asignaran distintos niveles de emociones positivas y negativas a actividades cotidianas durante varias semanas. Como era de esperarse, el trabajo fue la actividad asociada con menos emociones positivas y más emociones negativas; en el extremo opuesto se ubicaron pasar tiempo con la familia y el ocio. “Existe un efecto de contraste completamente normal: todos acabamos de pasar dos semanas con familiares y amigos disfrutando del tiempo libre, y luego volvemos al trabajo. Puede que no haya nada malo en el trabajo, pero es menos alegre y menos satisfactorio que lo que acabamos de vivir. Es muy normal sentirse en una montaña rusa emocional”, explica Klotz, quien señala que esto afecta a todos por igual, desde el personal más junior hasta el director ejecutivo.

Julian Lighton, autor de Navigating Your Next: Discover the Career You Want and the Path to Get There y uno de los principales coaches de negocios en Silicon Valley, describe el regreso al trabajo tras Navidad y Año Nuevo como el ejemplo definitivo de lo que llama los Sunday Scaries (el miedo o ansiedad del domingo por la noche). “Estuviste fuera una, dos o incluso tres semanas, dependiendo de tu situación, y de pronto te ves completamente de vuelta. Esa presión de volver a un entorno en el que realmente tienes que hacer cosas suele ser un detonante importante”, explica.

Tom Cruise en la infame escena de renuncia de ‘Jerry Maguire’
Tom Cruise en la infame escena de renuncia de ‘Jerry Maguire’ (Sony Pictures)

Puede que al empleado se le pida que rinda cuentas, que se conecte a una llamada que no quiere atender, o que enfrente “algún detonante puntual que realmente lo saque de quicio”. Una reacción común ante ese sentimiento —sobre todo si viene acompañado de frustraciones acumuladas a largo plazo— es la llamada renuncia silenciosa: seguir en el puesto, pero limitándose a cumplir con lo mínimo requerido, sin hacer ningún esfuerzo adicional.

Para algunos pocos, sin embargo, esa presión desencadena lo que se conoce como renuncia con rabia o renuncia impulsiva: dejar el trabajo como reacción repentina, sin haberlo planeado, tras llegar al límite. Según las estimaciones de Klotz, solo entre el 5 % y el 10 % de las renuncias entran en esta categoría.

“Lo que precede a una renuncia impulsiva es un pico de emociones negativas provocado por un evento”, explica. “Puede ser la gota que derrama el vaso, el incidente final tras una acumulación de factores de estrés que llevan al agotamiento. O puede suceder que hayas estado en piloto automático, simplemente dejándote llevar sin pensar demasiado en tu relación con el trabajo y ocurre algo negativo que dispara tus emociones de golpe: pasas de cero a cien”.

Es muy normal sentirse en una montaña rusa emocional

Profesor Anthony Klotz

Según investigaciones, ese “evento” detonante suele tener uno de dos orígenes. El primero —como era de esperarse— es el jefe directo. Puede surgir a raíz de un desacuerdo, un choque de personalidades o la percepción de incompetencia. En su libro, Klotz relata el caso de un empleado que renunció de inmediato después de que su jefe hiciera un comentario despectivo sobre su hija.

El segundo tipo de evento es externo: algo ocurre en la vida personal del trabajador. Tal vez tú, o alguien de tu familia, recibe una mala noticia relacionada con la salud. “Eso te pone todo en perspectiva y te hace darte cuenta de que no puedes pasar ni un minuto más en tu trabajo actual”, explica Klotz. Esto puede suceder incluso a personas que disfrutan de su empleo; al tomar conciencia, de forma visceral, de que el tiempo en esta vida es limitado, muchas replantean por completo su rumbo.

Podría parecer que tomar una decisión impulsiva como una renuncia repentina puede ser beneficioso, al obligarnos a buscar activamente nuevas oportunidades si sentimos que estamos estancados. De hecho, el personaje de Jennifer Aniston, Rachel Green, en Friends, solo empieza a construir su carrera soñada en la moda después de renunciar impulsivamente a su trabajo en la cafetería, siguiendo el consejo de Chandler, quien le dice que necesita sentir “el miedo” para actuar.

Sin embargo, el fenómeno del job hugging —aferrarse a un empleo aunque ya no genere satisfacción ni ofrezca posibilidades de crecimiento— está en aumento. De acuerdo con el informe Job Hugging Report 2025 de Monster, el 75 % de los empleados en EE. UU. planea mantenerse en su puesto actual hasta finales de 2027 y casi la mitad (48 %) admitió que lo hace por miedo e incertidumbre económica. “La estabilidad laboral se ha convertido en una red emocional de seguridad”, señaló Vicki Salemi, experta en carreras de Monster. “La nueva lealtad tiene más que ver con la supervivencia que con la satisfacción”.

Aun así, y a pesar de que permanecer en un trabajo que ya no aporta ni motiva no sea una estrategia ideal a largo plazo, los expertos coinciden en que no recomiendan renunciar con rabia o de manera impulsiva.

Edward Norton en ‘El club de la pelea’: ¿la renuncia compulsiva definitiva? (20th Century Fox)
Edward Norton en ‘El club de la pelea’: ¿la renuncia compulsiva definitiva? (20th Century Fox) (20th Century Fox)

“La única excepción sería si se presenta una oportunidad única, limitada en el tiempo, que no puedes dejar pasar, o si la razón por la que quieres renunciar con rabia es realmente grave y está afectando tu bienestar o causando un trauma de forma rápida”, señala Klotz. Sin embargo, en la mayoría de los casos, nuestras emociones son bastante cambiantes; por eso, recomienda esperar y observar antes de actuar.

“Pregúntate: ¿Qué es lo que realmente me gusta de este trabajo? ¿Qué cosas no me agradan tanto? ¿Qué otras oportunidades existen allá afuera, y cuáles son sus pros y contras? Reflexiona un tiempo sobre esas preguntas y evalúa si realmente el pasto es más verde del otro lado”, concluye.

Los estudios han demostrado que, en promedio, las personas no se sienten más felices —o incluso se sienten un poco menos satisfechas— después de cambiar de trabajo, en comparación con su puesto anterior. “Creemos que será maravilloso, pero resulta que solo se trata de un nuevo conjunto de frustraciones”, afirma Klotz. La investigadora Wendy Boswell acuñó el término “efecto resaca de luna de miel” para describir esa sensación. Durante las primeras semanas o meses en un nuevo empleo, todo parece ideal. Pero luego llegan las decepciones, los tropiezos, no se cumplen las expectativas… y aparece la realidad. Por eso, vale la pena asegurarse de que cualquier cambio de trabajo sea bien pensado y meditado, para evitar la sensación de “salir de Guatemala para entrar en Guatepeor”.

También es muy probable que romper relaciones laborales en un arrebato emocional —ya sea saliendo sin aviso o discutiendo abiertamente con jefes o colegas— dañe tu carrera a largo plazo. “Es muy negativo para tu imagen y tu reputación”, advierte Lighton. “Si lo haces más de una vez, tienes un problema serio, porque la mayoría de las industrias son relativamente pequeñas, y una mala fama es difícil de borrar”.

Renunciar de forma impulsiva puede tener el efecto de “deshabilitarte” emocionalmente, agrega Klotz. Esto instala en tu interior la idea de que no tienes suficiente resiliencia para enfrentar desafíos o atravesar momentos difíciles. Construye una narrativa interna que te dice que, cuando las cosas se complican, lo tuyo es salir corriendo.

El cerebro funciona con cosas concretas, con el reconocimiento de señales, así que, básicamente, te entrenas a ti mismo para percibir que estás avanzando

Julian Lighton, coach empresarial

En términos generales, el contexto actual está lejos de ser ideal para dejar un ingreso estable a cambio de incertidumbre. Según 48 destacados economistas consultados en la encuesta anual de The Times, el desempleo en el Reino Unido podría alcanzar en 2026 su nivel más alto en once años. La tasa de desempleo viene en aumento en los últimos meses y alcanzó un 5,1 % en octubre de 2025, el nivel más alto en cuatro años, mientras que el número de vacantes disponibles ha disminuido.

Si volviste al trabajo y ya te sientes frustrado, Julian Lighton recomienda dos técnicas simples para cerrar la brecha entre percepción y realidad. La primera se llama “El frasco de pruebas”: cada día, anota en un papel algo que haya salido bien en el trabajo y guárdalo en un frasco. Cada semana, vuelve a leer lo que escribiste. “El cerebro funciona con cosas concretas, con señales visibles. Así que, básicamente, te entrenas a ti mismo para ver que estás progresando y sintiéndote mejor, y eso reduce el estrés y las reacciones emocionales negativas”, explica Lighton.

La segunda táctica se llama “Reinicio nocturno en tres líneas”. Al final de cada día, responde por escrito tres preguntas: ¿Qué te desgastó hoy? ¿Qué te ayudó? ¿Qué hiciste mejor que el año pasado? “Si escribes estas cosas, especialmente durante enero y febrero, vas a empezar a ver tu realidad con más claridad, en lugar de dejarte llevar por esa narrativa interna de que todo va mal y todos están en tu contra”, aconseja Lighton.

No tomes ninguna decisión hasta estar convencido de que es la correcta
No tomes ninguna decisión hasta estar convencido de que es la correcta (Getty/iStock)

Esto no significa que debas minimizar problemas serios: no te quedes indefinidamente en un trabajo que odias solo por inercia. Pero sí conviene tomarte tu tiempo y estar seguro antes de dar el siguiente paso. Klotz recomienda evaluar cuatro áreas clave —a las que llama “baldes”— y revisar qué tan llenas o vacías están. La primera es la satisfacción y felicidad con las tareas diarias que realizás en tu trabajo. La segunda, la relación con tu equipo y las personas con las que trabajas. La tercera se refiere al sentido y propósito que encontrás en lo que hacés. Y la cuarta, a la coherencia entre tus valores y visión, y los de la organización y su gente. Si tres o cuatro de estos “baldes” están vacíos o son negativos en general, es muy probable que haya llegado el momento de pensar en una estrategia de salida.

Incluso en ese punto, presentar la renuncia no siempre es necesario. Tal vez se trate de hablar con tu jefe para adaptar tu rol o cambiar el enfoque; tal vez implique buscar un movimiento lateral dentro de tu misma organización; o tal vez sea cuestión de redefinir los límites de tu trabajo. Incluso podría significar hacer una renuncia silenciosa temporal, mientras tomas distancia y evalúas hacia dónde quieres ir. “Hay muchas otras opciones que puedes explorar antes de renunciar”, señala Klotz.

Esperá, date tiempo… y dejá las escenas dramáticas de salir dando un portazo para Tom Cruise.

Traducción de Leticia Zampedri

Thank you for registering

Please refresh the page or navigate to another page on the site to be automatically logged inPlease refresh your browser to be logged in