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¿Cómo influyen las mascotas en la salud mental de los niños?

Preguntas como “¿Tener una mascota puede beneficiar la salud mental de nuestro hijo?” son cada vez más frecuentes y relevantes

El apego es el vínculo emocional que se establece entre un niño durante su desarrollo y la persona que lo cuida, y que le proporciona seguridad, protección y consuelo
El apego es el vínculo emocional que se establece entre un niño durante su desarrollo y la persona que lo cuida, y que le proporciona seguridad, protección y consuelo (Getty Images)
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Preguntas como “¿Tener una mascota puede beneficiar la salud mental de nuestro hijo?” son cada vez más frecuentes y relevantes. En España, por ejemplo, más de la mitad de los hogares convive con una o más mascotas.

El apego es el vínculo emocional que se desarrolla entre un niño y la persona que lo cuida y le proporciona seguridad, protección y consuelo. Aunque este concepto se aplica sobre todo a las relaciones humanas, los niños también pueden establecer, hasta cierto punto, vínculos de este tipo con los animales.

La convivencia con una mascota se ha relacionado con distintos beneficios durante el desarrollo infantil. Entre ellos se encuentran una mejor regulación de las emociones, el aprendizaje de responsabilidades, el desarrollo de la empatía y el fortalecimiento de conductas orientadas a ayudar y relacionarse con los demás.

Los animales también pueden facilitar los vínculos sociales. Una mascota, por ejemplo, puede convertirse en un interés compartido que ayude a un niño a relacionarse con familiares u otras personas con quienes tiene menos confianza. Asimismo, la interacción con animales puede favorecer la comprensión de señales no verbales.

Para algunos niños, una mascota también puede convertirse en una fuente de consuelo cuando su principal figura de apego no está presente.

Pero más allá de estos posibles beneficios, ¿qué impacto tiene convivir con un animal sobre la salud mental infantil? Para estudiarlo, los investigadores suelen distinguir entre problemas internalizantes, como la ansiedad, la depresión y algunos síntomas físicos asociados, y problemas externalizantes, relacionados con la conducta y la interacción con el entorno, como la agresividad o el incumplimiento de normas.

Las mascotas pueden favorecer la regulación emocional y ayudar a los niños a aprender a calmarse por sí mismos
Las mascotas pueden favorecer la regulación emocional y ayudar a los niños a aprender a calmarse por sí mismos (Getty/iStock)

El estudio INMA

Para explorar cómo influye la convivencia con mascotas en la salud mental infantil, los investigadores analizaron datos del Proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente), un estudio que siguió a niños desde el embarazo hasta los seis o siete años. Durante ese periodo, se recopiló información mediante cuestionarios, evaluaciones clínicas y mediciones ambientales.

El análisis incluyó cerca de 1.900 familias de Asturias, Gipuzkoa, Sabadell y Valencia. Más de la mitad (52,3 %) tenía o había tenido alguna mascota. El 19,1 % convivía o había convivido con perros; el 8,7 %, con gatos; el 14,8 %, con aves; y el 28,6 %, con otros animales, como hámsteres, conejos, tortugas o peces.

Al comparar estos hogares, los investigadores observaron en un primer análisis que los niños que nunca habían tenido mascotas presentaban, en general, mejores indicadores de salud mental. Entre quienes habían convivido siempre con animales se detectaron resultados algo menos favorables, aunque las diferencias no fueron lo bastante claras como para considerarlas significativas.

El panorama cambió al analizar a los niños que habían tenido mascotas solo durante algunos periodos de su infancia. En este grupo apareció un mayor riesgo de problemas de salud mental, aunque la asociación solo alcanzó significación estadística en el caso de los gatos.

Para comprobar si estas diferencias podían explicarse por otros factores, los investigadores ajustaron los resultados según variables como la edad, el sexo, la clase social y el lugar de residencia. Después de hacerlo, no encontraron diferencias relevantes entre los niños que nunca habían convivido con mascotas y aquellos que lo habían hecho de forma continua o intermitente. Lo mismo ocurrió al estudiar por separado la convivencia con perros y aves.

Sin embargo, dos resultados llamaron la atención. Tener un gato a los cuatro o cinco años se asoció con una mayor presencia de problemas de salud mental. En contraste, convivir de forma continua durante la primera infancia con animales como hámsteres, conejos, tortugas o peces mostró un posible efecto protector, tanto en niños como en niñas.

Estos hallazgos deben interpretarse con cautela. El estudio identifica asociaciones, pero no demuestra que convivir con un gato provoque problemas de salud mental ni que tener otro tipo de mascota los prevenga.

¿Cómo interpretar los resultados?

Los investigadores advierten que estos resultados deben interpretarse con cautela, ya que la relación entre las mascotas y la salud mental infantil puede estar condicionada por numerosos factores. Durante los primeros años de vida, por ejemplo, los vínculos emocionales con los animales todavía están en desarrollo. Esto podría explicar por qué convivir con perros o aves no mostró un efecto claro sobre el bienestar psicológico de los niños. Además, es posible que hayan intervenido aspectos familiares, sociales o ambientales que el estudio no contempló.

En el caso de los gatos, la asociación observada podría responder a distintas razones. Los autores señalan que, debido a su carácter más independiente, la interacción con las personas suele ser diferente a la que ofrecen otras mascotas, lo que podría influir en la forma en que se construye el vínculo emocional.

Sin embargo, existe otra explicación posible: que la relación funcione en sentido inverso. Es decir, algunas familias podrían optar por tener un gato porque sus hijos ya presentan ciertas necesidades emocionales o de comportamiento. De ser así, la presencia del animal no sería la causa de los problemas detectados, sino una consecuencia de circunstancias que ya existían en el hogar.

A estas hipótesis se suma un posible factor biológico: la toxoplasmosis, una infección causada por el parásito Toxoplasma gondii, cuyo ciclo de transmisión está relacionado con los gatos. Algunas investigaciones han encontrado asociaciones entre esta infección y trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia y el trastorno bipolar. No obstante, estas relaciones continúan bajo estudio y no significan que convivir con un gato provoque este tipo de enfermedades.

En contraste, los resultados fueron más favorables entre los niños que convivieron de forma constante con peces, tortugas, hámsteres y otros animales pequeños. Según los investigadores, estas mascotas pueden ofrecer una interacción sencilla y estable, al tiempo que su cuidado permite desarrollar habilidades como la responsabilidad, la empatía y el autocontrol.

Los vínculos constantes podrían ser más beneficiosos

El estudio no encontró una relación clara entre convivir con perros o aves y una mejor o peor salud mental infantil. Según los investigadores, esto podría deberse a que el análisis se concentró en los primeros años de vida, una etapa en la que el vínculo emocional con una mascota todavía está en proceso de formación. Por esa razón, consideran necesario ampliar la investigación a niños de mayor edad.

Sin embargo, al observar lo que ocurría con otras mascotas, apareció un patrón diferente. Los niños que convivieron de forma constante con hámsteres, conejos, peces o tortugas obtuvieron mejores resultados que aquellos que solo tuvieron estos animales durante algunos periodos de su infancia. El hallazgo sugiere que la continuidad de la relación podría ser un factor importante.

Una posible explicación es que convivir a diario con una mascota permite incorporar su cuidado a la rutina familiar. Alimentarla, atender sus necesidades y aprender a interpretar su comportamiento puede ayudar a los niños a desarrollar habilidades como la responsabilidad, la empatía y el autocontrol.

En ese sentido, los resultados apuntan a que el posible beneficio no depende solo de tener una mascota, sino también de la relación que se construye con ella a lo largo del tiempo. Una convivencia estable podría ofrecer más oportunidades para crear un vínculo y aprender del cuidado cotidiano que una relación intermitente.

Aun así, los investigadores subrayan que no existe una fórmula única. El impacto de una mascota en el bienestar infantil puede variar según la edad del niño, el tipo de animal, la calidad del vínculo y la dinámica de cada familia. Por ello, tener una mascota no garantiza por sí solo una mejor salud mental, aunque una relación estable y positiva con el animal sí podría contribuir al desarrollo emocional.

Traducción de Leticia Zampedri

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