La buena noticia sobre la farsa vil del embarazo de Bonnie Blue que nadie vio venir
Mientras la creadora de contenido de OnlyFans vuelve a acaparar titulares, Chloe Combi sostiene que no todos reaccionan como Bonnie Blue espera, y esa indiferencia podría convertirse en su mayor problema
Lo consiguió. Bonnie Blue, la creadora de contenido para adultos que saltó a la fama en OnlyFans, cumplió su objetivo. Y no hablo de otra de sus polémicas hazañas destinadas a superar el récord que la hizo conocida: acostarse con más de 1.000 hombres en 12 horas. Esta vez, logró algo distinto: convertirse, para muchos, en el nuevo referente de hasta dónde puede llegar la búsqueda de atención en internet.
Esta semana, la joven de 27 años originaria de Stapleford, en Nottinghamshire, anunció que está esperando a su primer hijo. Lo que, en otras circunstancias, habría sido una noticia alegre, se transformó en una nueva tormenta de controversia. Blue, cuyo nombre real es Tia Billinger, adelantó que celebraría la ocasión con un “baby shower dorado” y, según dijo, era “exactamente lo que estás pensando”.
Hasta ahí, todo encajaba con la estrategia que la ha convertido en una figura tan comentada. Sin embargo, esta vez el desenlace no pareció jugar del todo a su favor. En un primer momento, el anuncio provocó justo la reacción que Blue suele buscar: una ola de indignación y comentarios en redes sociales, con voces de distintos sectores reclamando desde una condena moral hasta la intervención de los servicios sociales.
Como ya es habitual, Blue respondió con aparente indiferencia. Probablemente revisó con satisfacción el impacto generado —y el efecto que este podría tener en sus ingresos— antes de insistir, en una entrevista con Shelagh Fogarty en LBC, en que no considera degenerada su versión del tradicional baby shower ni cree que suponga una sexualización del bebé.

Sin embargo, mientras muchos adultos reaccionaban con indignación, entre los más jóvenes ocurría algo más interesante. Y es esa respuesta la que podría preocupar más a Blue. No hubo sorpresa ni escándalo; más bien, una mezcla de cansancio y desinterés. Para muchos adolescentes, dejó de ser una figura provocadora para convertirse en un personaje incómodo: esa tía que siempre se pasa de copas en las reuniones familiares. Más que impactante, les parece triste.
Jake, de 16 años, lo resumió así: “No hay nada atractivo en alguien tan desesperada por llamar la atención. Ya supéralo, querida. Ve a comprar sonajeros o algo con tus millones. Lo único que me da pena es el bebé”.
En el fondo, esa reacción apunta a un cambio más amplio. En los últimos años, la segunda generación criada en internet parece haber desarrollado una relación distinta con la cultura de los creadores de contenido. Siguen consumiendo grandes cantidades de videos cortos y pasan horas en juegos interactivos como Roblox o Minecraft, pero su fascinación por los influencers que compiten por captar su atención parece estar disminuyendo.
Para muchos de ellos, la creación de contenido dejó de sentirse novedosa. Cada vez más adolescentes describen a los influencers —especialmente a los más famosos— como personas demasiado empeñadas en llamar la atención, fuera de sintonía con los tiempos o “esforzadas”.
Los jóvenes están perdiendo interés por los creadores de contenido y las redes sociales. Se trata de una generación que se enfrenta a un futuro increíblemente incierto y a un mundo volátil, y que considera que estos creadores de contenido están desconectados de la realidad
Cada vez hay más indicios de que una parte de esta generación está redescubriendo los placeres del mundo analógico. Desconectarse se ha convertido, para algunos adolescentes, en una forma de estatus: quienes priorizan las experiencias fuera de la pantalla y las relaciones cara a cara suelen ser vistos como más auténticos y, sí, más interesantes. Por eso, la mezcla de lástima y vergüenza que Bonnie Blue parece despertar entre muchos jóvenes podría afectarla más que cualquier muestra de indignación por parte de sus padres.
Amy, de 15 años, lo explica así: “Creo que la última temporada de Euphoria dio en el clavo. Las primeras impactaron porque reflejaban experiencias de la generación Z, pero la última apostó por mostrar algo patético. Presentaba a esos personajes ya como adultos, agotados de vivir en internet y enfrentados a las consecuencias que eso tuvo para su generación”.
“Eso es justo lo que no queremos”, añadió. “Bonnie Blue es solo una mujer patética y desesperada. Todos, incluso los chicos, se ríen de ella”.
En ese contexto, la imagen aspiracional que durante años rodeó a muchos influencers empieza a resquebrajarse. Para parte de las nuevas audiencias, las estrategias basadas en la provocación constante ya no resultan novedosas ni admirables.
La Generación Alfa también parece más consciente de cómo funcionan los algoritmos y de los incentivos que impulsan la economía de los creadores. Muchos jóvenes entienden que, detrás del discurso sobre la comunidad o la cercanía, buena parte de ese ecosistema busca captar atención y convertirla en ingresos.

Remy, de 15 años, lo resume así: “Andrew Tate no es más que un perdedor quejumbroso dispuesto a decir cualquier cosa con tal de llamar la atención. Mi héroe es Keanu Reeves: construye motos increíbles, participa en grandes películas, transmite buena energía y ni siquiera está en redes sociales. Ahí es donde la gente de mi edad busca referentes. Las redes sociales son aburridas; son para adultos empeñados en seguir siendo relevantes”.
¿Podríamos estar viendo a una generación que decide alejarse de las redes sociales sin necesidad de prohibiciones estatales? Para muchos jóvenes, la desesperación de algunos creadores por captar atención representa justo aquello que más rechazo les provoca. Mientras tanto, ellos parecen buscar reconocimiento y referentes en otros espacios.
Cosima Wiltshire, de 20 años, estratega e investigadora que ha colaborado con UCL, Unicef y FlippGen, coincide en que se está produciendo un cambio de actitud hacia los influencers y la cultura digital. “Los jóvenes se están distanciando de los creadores de contenido y de las redes sociales. Es una generación que afronta un futuro incierto y un mundo volátil, y percibe a muchos de estos creadores como figuras desconectadas de la realidad e inalcanzables. Por eso empieza a tomar distancia. Ya no se los ve como quienes marcan tendencias, sino como quienes las siguen”.
Bonnie Blue quizá todavía tenga la capacidad de escandalizar a las generaciones mayores. Pero, si los más jóvenes ya la perciben como una figura del pasado, el golpe puede ser mucho más duro para toda una generación de creadores que depende de la indignación y la controversia para generar clics. Y los clics, al final, significan dinero.
Porque ¿quién quiere seguir pendiente de la mujer tatuada que convierte cada aspecto de su vida en un espectáculo? Los jóvenes de hoy —y quizá los de mañana— parecen demasiado ocupados viviendo la suya.
Traducción de Leticia Zampedri



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