“No mucha gente conoce la verdad”: así es ‘El testigo’, el drama de Netflix sobre Rachel Nickell
Cuando Rachel Nickell fue asesinada a plena luz del día frente a su hijo pequeño en 1992, el crimen conmocionó al país. Ahora, décadas después, su hijo Alex y su pareja, André, cuentan su historia en una miniserie documental de tres partes para Netflix. Annabel Nugent conversó con el guionista y creador Rob Williams
El día de julio de 1992 en que Rachel Nickell llevó a su hijo pequeño a jugar a Wimbledon Common parecía uno más. Estaban solos en un sector apartado del parque cuando un hombre apareció de repente, la agredió sexualmente y la apuñaló 49 veces hasta matarla. Su hijo Alex, de apenas dos años, fue el único testigo del crimen y, al mismo tiempo, la única persona capaz de ayudar a identificar al asesino.
Más de tres décadas después, el caso sigue siendo imposible de olvidar para muchos. Los detalles del asesinato, amplificados durante años por una cobertura sensacionalista incesante, quedaron grabados en la memoria colectiva británica. Para otros, sobre todo quienes nacieron después de los noventa, la nueva miniserie documental de Netflix, El testigo, será la puerta de entrada a uno de los crímenes más impactantes de Reino Unido.
Sin embargo, para Alex y André, hijo y pareja de Rachel, quienes participaron como asesores en la producción, la serie tiene otro significado: convertir una tragedia inimaginable en algo que pueda dejar una enseñanza.
Rob Williams, creador y guionista de dramas policiales como Chasing Shadows, The Victim y Suspicion, tenía 18 años cuando ocurrió el asesinato. Décadas más tarde volvió sobre el caso después de leer las memorias que publicó Alex, hoy de 36 años, sobre la muerte de su madre y las consecuencias que marcaron su vida.
“Existía una enorme curiosidad por ese niño, pero en realidad nadie sabía qué había pasado después”, explica Williams. “Nadie sabía qué ocurrió con ese ‘niño marcado por la tragedia’, como lo llamaban los medios”.
La prensa fue una de las instituciones más cuestionadas por la forma en que trató a la familia. André y su hijo soportaron acoso constante, persecución mediática e incluso intentos deliberados por arrancarles declaraciones públicas mediante insultos racistas. Poco después abandonaron el Reino Unido y se instalaron en Francia. Más adelante volvieron a mudarse, esta vez a España. Hoy viven en Barcelona y regresaron a Londres durante el verano de 2024 para participar en la grabación de la serie.
Cuesta imaginar el trauma que atravesaron Alex y André. Aún más difícil resulta pensar en aceptar que actores revivan frente a cámaras el peor momento de tu vida. En la serie, André es interpretado por Jordan Bolger, mientras que Alex aparece representado por Jahsaiah Williams y Max Fincham.
Williams reconoce que le sorprendió la apertura con la que ambos asumieron el proyecto.
“La idea de que alguien ponga palabras en mi boca durante el momento más doloroso de mi vida me parece increíble. Pero eso demuestra cuánto sienten que esta historia necesita ser contada”, afirma. “Quieren mostrar que es posible seguir adelante, que existe algo al otro lado del dolor”.
A diferencia de muchas producciones sobre crímenes reales, los episodios ponen el foco menos en el asesinato y más en sus consecuencias: primero, en el impacto inmediato; después, en las heridas silenciosas que permanecen décadas más tarde.
“No queríamos hacer otra serie convencional sobre crímenes reales”, explica Williams. “Tiene que haber una razón válida para volver sobre casos así cuando todavía hay personas vivas que cargan con esas heridas. Sentí que aquí sí existía un propósito, sobre todo porque, en el fondo, esta es la historia de un padre y su hijo”.
La serie alterna entre los días posteriores al asesinato, en 1992, y la reapertura de la investigación diez años después. Ese recorrido permite ver cómo la muerte de Rachel terminó por fracturar la relación entre Alex y André, una distancia que recién empezó a sanar hace pocos años.
“Ellos querían hablar sobre cómo sigue la vida después de algo así, cómo se puede encontrar algo bueno dentro de algo terrible”, dice Williams. “Uno piensa que eso es imposible, pero ellos encontraron una forma”.
Por eso, El testigo evita recrear el asesinato en detalle. Los primeros minutos apenas muestran fragmentos: el rostro aterrorizado de Rachel y la llegada del cordón policial.
“La gran pregunta era cuánto mostrar. ¿Era necesario mostrar algo?”, recuerda Williams. “Pero sentíamos que era importante que el público viera a Rachel como persona, aunque fuera por un instante, porque no queríamos reducirla únicamente a su condición de víctima”.

La serie también busca despejar confusiones sobre lo que realmente ocurrió. “No mucha gente conoce la historia completa”, dice Williams. “Si mencionas a Rachel Nickell, todavía hay personas que creen que Colin Stagg fue el responsable”.
Stagg, que solía pasear a su perro por Wimbledon Common cuando ocurrió el crimen, se convirtió rápidamente en el principal sospechoso de la policía. Sin pruebas forenses y apoyándose casi exclusivamente en un perfil elaborado por un psicólogo criminal, los investigadores montaron una operación encubierta para intentar obtener una confesión. Para lograrlo, recurrieron a una agente infiltrada que debía acercarse a él y ganarse su confianza.
Stagg nunca confesó el asesinato, aunque sí habló sobre fantasías perturbadoras. Cuando el caso llegó a juicio, en 1994, el juez declaró inadmisibles las pruebas obtenidas durante la operación. Stagg pasó 13 meses en prisión preventiva y, años después, recibió una indemnización de 706.000 libras esterlinas por parte del Ministerio del Interior británico.
La persecución contra Stagg es apenas uno de los muchos desaciertos que retrata la serie: una cadena frustrante de decisiones fallidas que prolongó durante años el dolor, la incertidumbre y el miedo que atravesaron Alex y André.
En 2010, un informe de la Comisión Independiente de Quejas contra la Policía (IPCC) concluyó que la Policía Metropolitana debía disculparse por “una serie de malas decisiones y fallas”, las cuales permitieron que el verdadero asesino siguiera atacando, violando y asesinando durante cinco años más.
Sin embargo, la serie evita reducir esos fallos a responsabilidades individuales. “Lo extraordinario de Alex y André es que se resisten a demonizar a las personas”, explica Williams. “No son personas movidas por la venganza. Tampoco queríamos convertir esto en una oportunidad para atacar a los policías”, añade. “Después de hablar mucho con Alex, ninguno cree que esos agentes actuaran con malas intenciones. Creo que trabajaban bajo una presión enorme y querían atrapar al asesino de Rachel. El problema iba mucho más allá de individuos concretos”.
Para Williams, ahí aparece una de las tragedias más profundas del caso. “No creo que nadie quisiera empeorar una situación que ya era terrible. Pero sí quedó claro que existían fallas sistémicas enormes”. Y concluye: “De alguna manera, esos fueron los últimos años de una policía en la que la gente todavía confiaba plenamente”.

El mismo día en que El testigo llegó a Netflix, la plataforma estrenó además un documental complementario titulado El asesinato de Rachel Nickell.
“Se complementan entre sí”, explica Williams. “Creo que hay cosas que una ficción dramática puede hacer y un documental no, y también ocurre al revés. El drama te ofrece otra perspectiva: te permite ponerte en el lugar de otra persona. Es una herramienta muy poderosa para generar empatía”.
Y agrega: “No digo que un documental no pueda lograrlo, pero creo que pocas cosas funcionan tan bien como una historia dramatizada”.
Aun así, al comienzo de El testigo aparece una advertencia que aclara que “algunos personajes y elementos de la historia fueron modificados o creados con fines dramáticos”.
Williams insiste en que eso no implica alterar los hechos. “Fuimos extremadamente rigurosos con las pruebas y con todo lo que se sabe del caso”, asegura. “Pero también espero que hayamos conseguido darles voz a personas que normalmente no la tienen”.
Quizás una de ellas sea, paradójicamente, el propio asesino de Rachel: Robert Napper.
Más de una década después del crimen, los avances en la tecnología de ADN permitieron identificarlo y condenarlo. Napper, diagnosticado con esquizofrenia paranoide, ya estaba internado en el hospital psiquiátrico de alta seguridad Broadmoor después de haber confesado el brutal asesinato de Samantha Bisset y de su hija de cuatro años, Jazmine, en 1993.
Finalmente, en 2008 se declaró culpable del asesinato de Rachel bajo la figura de responsabilidad disminuida, un recurso legal aplicado en casos vinculados a trastornos mentales graves. Desde entonces permanece internado de forma indefinida en Broadmoor.

El testigo también hace un esfuerzo deliberado por contextualizar los crímenes de Robert Napper. Para eso, reconstruye la violencia que atravesó su infancia y recuerda que fue víctima de abuso sexual por parte de un amigo de la familia cuando tenía 12 años, durante un campamento.
Hacia el final de la serie, una de las escenas más emotivas muestra a Alex buscando a un antiguo terapeuta de Napper en un intento por comprender mejor al hombre que asesinó brutalmente a su madre frente a sus ojos.
Williams evitó confirmar si ese encuentro ocurrió en la vida real. “Lo que queríamos retratar era la disposición de Alex a tratar de entender. Y eso requiere muchísimo valor”, explica. “Una de las cosas que más me impactó fueron los paralelismos entre dos jóvenes que atravesaron experiencias terribles, algunos lo llamarían trauma, y que después tuvieron que encontrar la manera de reconstruir sus vidas”.
Y agrega: “Nadie intenta minimizar ni justificar las atrocidades de las que Napper es responsable, pero creo que la voluntad de Alex de mirar más allá de eso era algo que valía la pena explorar. Y para él también era importante”.
Cuando Williams piensa en Alex y André, la imagen que le viene a la cabeza es simple: un padre y un hijo sonriendo. “Me impactó mucho conocerlos y ver cómo lograron atravesar algo que para la mayoría resulta inimaginable y, aun así, conservar la esperanza y una sonrisa”, dice.
Ese, asegura, es el mensaje que esperan transmitir con El testigo: “Transformar algo negativo en algo positivo”.
El testigo ya está disponible en Netflix.
Traducción de Leticia Zampedri







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