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La lista definitiva

Todas las películas de James Bond, clasificadas de la peor a la mejor

Mientras crecen los rumores que vinculan a Callum Turner con el papel de 007, Adam White y Alexandra Pollard presentan el ranking definitivo de todas las películas de James Bond hasta la fecha

Este sería el próximo James Bond, según reportes
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¿Tenemos a nuestro nuevo James Bond? Según informes recientes, aunque no confirmados, Callum Turner (Los amos del aire, la franquicia Fantastic Beasts) se pondrá el esmoquin del 007 para la próxima película número 26 de la saga emblemática.

Este desarrollo llega casi cuatro años y medio después del estreno de Sin tiempo para morir, que marcó la despedida final de Daniel Craig como el espía. Además, con la etapa del actor ya concluida y con la próxima cinta de Bond aún rodeada de misterio, los fans han intentado encontrar respuestas a varias preguntas relacionadas con el personaje: cuál fue el mejor 007, cuáles de las 25 películas han resistido el paso del tiempo y cuál se ubica claramente por encima del resto.

Incluso los seguidores más fieles de Sean Connery difícilmente colocarían sus seis películas por encima de todas las demás. Por el contrario, muchos no marcarían grandes diferencias entre las dos entregas de Timothy Dalton, aunque en nuestra clasificación las separamos por 14 posiciones.

Los presupuestos más altos —perdón, Daniel— a veces han jugado en contra de la simpatía de la saga, mientras que los chistes más amplios —sí, Roger Moore, va por ti— pueden caer en el exceso de tonterías. Así, ambos representan extremos opuestos en el espectro de James Bond: entre la solemnidad contenida y el desenfado exagerado.

Dicho esto, es justo reconocer que cada etapa de Bond tiene sus propias fortalezas. En líneas generales, la regla no escrita parece ser que las sagas arrancan con potencia cuando llega un nuevo actor al rol, para luego transformarse, poco a poco, en una parodia de sí mismas… hasta que llega el momento del recambio.

Este eterno debate volverá a encenderse cuando todas las películas de Bond estén disponibles en streaming en Netflix a partir del 21 de enero, tanto en Estados Unidos como en varios territorios europeos. En el Reino Unido, podrán alquilarse a través de Prime Video.

Nos tomamos el trabajo de verlas todas y ponerlas a competir: Connery contra Connery, no solo contra Moore —¡siete veces!—, sino también frente a Lazenby, el dúo de Dalton, y las cuatro eras tanto de Brosnan como de Craig. Los resultados, por supuesto, están destinados a enfurecer a alguien en cualquier dirección posible. Pero aquí están.

25. 007: Otro día para morir (2002)

¿Por dónde empezar? Tal vez por el auto invisible. O por esa escena de surf sobre icebergs con estética de videojuego de 8 bits cerca del final. Y claro, Madonna como instructora de esgrima. La canción, eso sí, puede quedarse. Y claro, la pelea final entre Jinx Johnson (Halle Berry) y Miranda Frost (Rosamund Pike), con espadas y todo, que culmina con un glorioso “lee esto, maldita” tras el golpe final. En conjunto, son tantas las cosas que salen mal —y de formas tan desmesuradas— que uno no puede evitar preguntarse qué estaban pensando cuando hicieron esta película. Aun así, hay que decirlo: Halle Berry saliendo del mar en Cuba es un momento icónico. Y sí, luce espectacular.

24. 007: Spectre (2015)

Sí, la secuencia inicial del Día de los Muertos es deslumbrante. Pero 007: Spectre desperdicia sistemáticamente todo su potencial: arruina por completo el papel de Blofeld en el mito, le niega a Craig cualquier atisbo de humor o diversión, ofrece un reparto perezoso (cof, Waltz), persecuciones de autos sin tensión alguna y un clímax singularmente insatisfactorio. Dura 160 minutos. ¿Y cuántos valen la pena? ¿Diez?

23. 007: Misión espacial (1979)

Seguramente lo peor de la era Moore —pese a un entretenido Michel Lonsdale y una decente escena de paracaidismo previa a Punto de quiebra— porque el exceso de cursilería y sátira llega a niveles ofensivos. ¿¡Jaws con novia!? Es difícil imaginar cómo una persecución en góndola y el robo de un transbordador espacial podrían convivir en la misma película… y, efectivamente, no lo logran.

22. 007: El mañana nunca muere (1997)

Todo es demasiado pulido y, seamos honestos, sin alma. Dice mucho que lo más destacado sea un BMW escapando por control remoto de un estacionamiento de concreto. Michelle Yeoh es, sin duda, un gran acierto; Jonathan Pryce, en cambio, no tanto, interpretando a un débil magnate mediático al estilo Murdoch obsesionado con acaparar derechos de comunicación. Todo lo relacionado con su barco furtivo se ve lamentable. Nadie defiende esta película con demasiada pasión.

21. 007 y el hombre con el revólver de oro (1974)

Roger Moore y Christopher Lee en ‘007 y el hombre con el revólver de oro’
Roger Moore y Christopher Lee en ‘007 y el hombre con el revólver de oro’ (Danjaq/Eon/Ua/Kobal/Shutterstock)

¿Un duelo psicodélico en un salón de espejos? No es lo que nadie esperaba, y Britt Ekland apenas logra salir del bikini como una secretaria torpe y vergonzosamente superficial. Christopher Lee, muy por encima de Moore en presencia y talento, merecía algo mejor que quedar atrapado en estas circunstancias, en lo que termina pareciendo una versión de Bond en La isla de la fantasía, con todo y su propio Hervé Villechaize.

20. 007: El mundo no basta (1999)

Entre los grandes desaciertos están la interpretación de Denise Richards como la doctora Christmas Jones, un chiste lamentable, y el desperdicio total de Robbie Coltrane, quien se arrastra entre explosiones generadas por CGI de baja calidad. Pero la película cobra vida cuando aparece Sophie Marceau, en el papel de una adversaria felina con garras, cuyas motivaciones resultan auténticamente impredecibles.

19. Licencia para matar (1989)

El tono sombrío de esta entrega —fue la primera de la saga con clasificación para mayores de 15 años— puede resultar difícil de digerir, y no le sienta bien al talento de Dalton, a quien obligan a interpretar un Bond demasiado taciturno. Aun así, John Glen ofrece algunas secuencias de acción prácticas muy bien logradas (como la persecución de los camiones cisterna en el desierto) y, aunque Robert Davi cumple sin destacar, hay un toque de diversión cínica gracias a Anthony Zerbe y un joven Benicio Del Toro.

18. 007: Operación Skyfall (2012)

Tener —y luego desaprovechar— a uno de los villanos mejor interpretados de la saga: ¿007: Operación Skyfall merece puntos a favor por Javier Bardem, o debería restárselos? Sus tres primeras escenas son brillantes. Y sí, gracias a Roger Deakins, es sin duda la película con la estética más pulida de toda la serie. Pero los agujeros en la trama son absurdos, los personajes secundarios están poco desarrollados, y la persecución hasta Escocia con Judi Dench simplemente no está a la altura.

17. 007: GoldenEye (1995)

A decirlo en voz baja: el videojuego es mejor. Esta película suele estar sobrevalorada, aunque claramente tiene sus momentos. Las secuencias de acción más vistosas y la fantástica actuación de Famke Janssen —una villana femenina al nivel de Rosa Klebb, ¡algo raro!— no logran compensar del todo lo cursi, incluyendo diálogos francamente penosos y un Sean Bean fuera de forma en un papel de villano tan olvidable como su personaje. La trama, además, se siente pesada.

16. Los diamantes son eternos (1971)

Esta entrega deja muchas dudas: la más camp de las protagonizadas por Connery, con villanos gays caricaturescos y algunos de los personajes femeninos más superficiales de la época, paseándose por una secuencia larguísima y tediosa en Las Vegas. Sorprende que funcione en absoluto, pero tiene sus elementos: la icónica canción, Charles Gray en su excéntrico tocador de peluche y una total falta de pretensión que, en cierto modo, le juega a favor.

15. En la mira de los asesinos (1985)

Roger Moore y Grace Jones en ‘En la mira de los asesinos’
Roger Moore y Grace Jones en ‘En la mira de los asesinos’ (Danjaq/Eon/Ua/Kobal/Shutterstock)

Dos grandes villanos, un uso ingenioso del puente Golden Gate, una canción icónica… y todo lo demás deja mucho que desear. Roger Moore tenía 58 años, y se nota: en buena parte de sus escenas parece que es otro quien hace las acrobacias. La primera mitad de la película se siente como si estuviera en pausa, aunque el giro de 180° de Grace Jones resulta impactante y Christopher Walken parece estar disfrutando cada segundo.

14. 007: Octopussy contra las chicas mortales (1983)

Sin ser en absoluto una mala película, la penúltima entrega de Moore tiene sus tramos pesados, y no saca el mejor provecho de ser la única con nombre femenino en el título. En el rol titular, Maud Adams no logra igualar el carisma de Louis Jourdan como el elegante Kamal Khan, ni la exagerada actuación de Steven Berkoff como el general Orlov, que roza lo cómico. El exotismo, además, se siente un poco forzado.

13. Operación trueno (1965)

Todas las secuencias submarinas —que seguramente fueron un infierno de filmar— resultan… ¿algo tediosas? Aunque fue la más taquillera de la saga antes de Skyfall (ajustando por inflación), es quizás la entrega más impersonal de Connery, con una trama difícil de recordar y personajes poco memorables. ¿Lenta? Sí. Pero con tiburones.

12. 007: Quantum (2008)

Daniel Craig y Olga Kurlyenko en ‘007: Quantum’
Daniel Craig y Olga Kurlyenko en ‘007: Quantum’ (Moviestore/Shutterstock)

Muchos la desprecian, y el desenlace mal ejecutado no ayuda. Pero cuando funciona, resulta intensamente absorbente: la persecución por los tejados de Siena es soberbia. Puede defenderse como una misión paralela, breve y cargada de furia, que recoge con inteligencia los eventos tras Casino Royale y muestra a Daniel Craig en su interpretación más intensa. Bond carga aquí con un enorme rencor; mejor no cruzarse en su camino.

11. Solo para sus ojos (1981)

El punto más fuerte es una Carole Bouquet implacable, como Melina Havelock, armada con su ballesta y sedienta de venganza. Topol también aporta, con un carisma relajado, como un curioso aliado adicto a los pistachos. Fue un regreso a un tono más sobrio y realista tras la Guerra Fría, con un enfoque acertado en el romance y un clímax evocador en un monasterio en la cima de una montaña.

10. El satánico Dr. No (1962)

Ken Adam logra mucho con un presupuesto claramente prudente para una primera entrega. Otros elementos aún no están del todo definidos —¿cómo que sin canción principal?— y a veces se siente como un ensayo general de las dos grandes películas que seguirían, más que una joya consolidada. Aun así, nadie va a criticar a Ursula Andress, y las dosis de acción están muy bien logradas.

Sean Connery y Ursula Andress en ‘El satánico Dr. No’
Sean Connery y Ursula Andress en ‘El satánico Dr. No’ (Moviestore/Shutterstock)

9. Casino Royale (2006)

Dos tercios de la película son brillantes, y sin duda revitalizó la franquicia con una demostración de fuerza fría y controlada, potenciada por el estilo vertiginoso de Martin Campbell. Todo marcha de maravilla —con Le Chiffre y Vesper Lynd como adiciones memorables— hasta que ocurre Esa Cosa que hace que el tercer acto se derrumbe por completo.

8. Sólo se vive dos veces (1967)

Si el juicio se basara únicamente en los escenarios, la guarida volcánica de Ken Adam —con su plataforma corrediza y un Donald Pleasence impecable como villano— colocaría esta entrega en la cima. Pero el maquillaje de Connery para parecer japonés y su terrible peinado empañan bastante su actuación. La historia empieza con lentitud, aunque las batallas aéreas y el clímax final logran redimirla. Ah, y hay pirañas.

7. Sin tiempo para morir (2021)

La última aventura de Bond llegó tras casi dos años de retrasos por la pandemia, y tanta espera convirtió la película final de Daniel Craig en casi un espejismo. Esa demora constante generó una expectativa prolongada y, para sorpresa de muchos, logró estar a la altura. Cary Fukunaga, una elección acertada como director, le dio a Bond una despedida emotiva, en una cinta repleta de acción trepidante, secundarios memorables (¡Ana de Armas!) y, sí, algún que otro comentario ingenioso.

6. 007: La espía que me amó (1977)

Roger Moore en su máxima expresión, en una entrega muy popular y con un villano germánico deliciosamente detestable interpretado por Curt Jürgens. La abundante acción submarina pudo haberse vuelto torpe, pero Lewis Gilbert dirige con elegancia —su director de fotografía es, nada menos, un Renoir verdadero— y logra un equilibrio interesante con Barbara Bach como la contraparte soviética de Bond.

5. 007: Vive y deja morir (1973)

No suele figurar como la mejor de Moore, pero su enfoque blaxploitation la convierte, sin duda, en la más distintiva de su etapa, y en una elección especialmente audaz para su debut. Tiene un sabor auténtico, una banda sonora potente y una intriga vudú vibrante que ha envejecido mejor de lo que muchos anticipaban. Yaphet Kotto está fantástico.

4. 007: Su nombre es peligro (1987)

Ocupa un lugar alto por muchas razones. Timothy Dalton merece más reconocimiento por devolverle dureza y nervio a la franquicia, y la película se mueve con soltura entre el glamour invernal y la acción exótica en Marruecos, con una habilidad sorprendentemente sólida. Mención especial para la espectacular secuencia de acción con Necros colgando del avión de carga.

3. 007: Al servicio secreto de Su Majestad (1969)

Ni siquiera hay que restarle puntos por George Lazenby, que está más que correcto, aunque carece del picante innato de Connery para el doble sentido. La favorita de Christopher Nolan resiste con fuerza el paso del tiempo, las escenas de esquí alcanzan picos de acción explosiva, incluso cuando la trama se vuelve algo endeble, y la Condesa interpretada por Diana Rigg se impone como la menos damisela y más adulta (y, por supuesto, trágica) de todas las parejas de Bond.

2. 007 contra Goldfinger (1964)

El toque camp de la dirección de Guy Hamilton lo convirtió en la elección ideal para darle otro tono a la saga, y esta entrega se siente como la más arquetípica: un villano y una heroína que pasaron a la historia. Es provocadora, descaradamente confiada y tremendamente divertida. Hay que quitarse el sombrero —de acero, si es posible— ante un guion en su punto más ingenioso, con gadgets excéntricos pero funcionales, y un plan maestro de Gert Fröbe que logra ser tanto siniestro como extravagante.

1. El regreso del agente 007 (1963)

Connery en su versión más ruda y la producción en su punto más elegante. Un cuarteto de coprotagonistas de primer nivel: Robert Shaw, Pedro Armendáriz, Daniela Bianchi… ¡y Lotte Lenya! Toda la secuencia del tren, potenciada por una atmósfera hitchcockiana de encierro, es una clase magistral de tensión contenida. Apenas en la segunda película de la saga, Bond alcanzó su punto más alto: la fórmula se alineó perfectamente con el espíritu de Fleming. Terence Young mantuvo un control preciso sobre el suspenso, moldeándolo a la medida exacta de los puntos fuertes de Connery. Como si el guion hubiera salido directamente de Savile Row.

Traducción de Leticia Zampedri

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