‘High School Musical’ cumple 20 años: el fenómeno que transformó a millones de jóvenes
La extravagancia musical para preadolescentes dirigida por Kenny Ortega fue recibida con escepticismo por la crítica cuando se estrenó en 2006, pero las repercusiones de ‘High School Musical’ aún se sienten en Hollywood, sostiene Lydia Spencer-Elliott
La sociedad cambió en 2006. Jack Dorsey lanzó Twitter con la intención de que fuera simplemente una plataforma de microblogueo ligera. Facebook se abrió al público por primera vez. YouTube explotó en popularidad y fue comprado por Google por mil millones de dólares. En muchos sentidos, 2006 es considerado el último “año normal” antes de que la cultura migrara por completo al entorno digital. Los momentos virales se compartían entre todos, no por culpa de algoritmos personalizados; las listas musicales todavía importaban y la gente seguía viendo programas de televisión en vivo, en masa, a la hora señalada y sin distracciones de una segunda pantalla.
Así fue como terminé, sentada con las piernas cruzadas en el piso del cuarto de mi amiga rica Jodie, mirando la pantalla con la emoción de una niña de 10 años a punto de ver a Zac Efron cantar y bailar por primera vez, enfundado en una camiseta de básquet ceñida. Jodie tenía Sky TV en su casa, lo que significaba que tenía Disney Channel: el hogar de High School Musical, dirigida por Kenny Ortega. Después de años de comedias de Disney como Lizzie McGuire y Es tan Raven, esta era la primera película dirigida directamente al público preadolescente. Así que ahí estábamos, en nuestra pijamada cuidadosamente programada, ansiosas por una muestra de adolescencia fantástica y romance televisado.
Hace veinte años, antes de que existiera Justin Bieber, estaba Troy Bolton, interpretado por Zac Efron. Bronceado, simétrico y con un flequillo lateral pronunciado, era el capitán del equipo de básquet de los Linces de la preparatoria East High, en Albuquerque, Nuevo México. Lo conocemos vestido con un blazer marrón muy de adulto, durante unas vacaciones de esquí con sus padres en el receso navideño. Su madre lo saca de la cancha y lo lleva a la fiesta de Año Nuevo para “jóvenes adultos” en el sótano del complejo. Allí, lo obligan a subir al escenario para hacer karaoke junto a Gabriella Montez (Vanessa Hudgens), una chica aplicada, apasionada por las matemáticas y la ciencia, quien —sin que Troy lo sepa— está por transferirse a East High desde una escuela en San Diego al comenzar el siguiente semestre. “Algún día me lo agradecerán”, dice entre risas el anfitrión de la fiesta. Efron y Hudgens, por supuesto, sí lo hicieron.
High School Musical catapultó a la fama a la pareja —que mantenía una relación tanto en la ficción como en la vida real—, convirtiéndolos en ídolos absolutos entre el público preadolescente. Al igual que Jodie y yo, que mirábamos embobadas la posibilidad de pasar del anonimato a los brazos de un chico atractivo que además canta, casi dos millones de personas sintonizaron la primera emisión de HSM en Disney Channel. “Lo recuerdo todos los días”, dijo Efron 17 años después, durante su ceremonia en el Paseo de la Fama de Hollywood. “Todavía canto las canciones en la ducha”, agregó, provocando una ola de histeria al gritar: “¡Vamos, Linces!”.
Esa primera transmisión, sumada a una audiencia de 7,7 millones de espectadores en Estados Unidos, convirtió la película en la más vista de la historia entre los títulos originales de Disney Channel. En los días siguientes, cifras similares se repitieron en la segunda y tercera emisión, que ocurrieron casi exactamente hace veinte años esta semana. Con cada versión animada y afinada digitalmente, los ganchos pop de canciones como ‘Breaking Free’, ‘Bop to the Top’ o ‘Get’cha Head in the Game’ se nos incrustaban más hondo en la memoria colectiva. “Es un fenómeno porque hay algo ahí a lo que uno quiere volver una y otra vez”, comentó Kenny Ortega en aquel entonces.

Ese furor también se trasladó a las ventas oficiales del CD con la banda sonora de High School Musical, que le supliqué a mi mamá que me comprara en Woolworths. Luego la atormenté durante cada trayecto en auto rumbo a la escuela, con el folleto de letras en mano, cantando a todo volumen hasta casi reventarle los tímpanos. Todo eso se detuvo solo cuando el disco desapareció misteriosamente.
La banda sonora, rebosante de estribillos pegajosos, alcanzó el puesto número uno en la lista Billboard 200 (donde se mantuvo durante 61 semanas y eventualmente obtuvo múltiples discos de platino), un logro inusual para una película hecha para televisión y que solo fue replicado en los años 2000 por Hannah Montana y —aunque cueste creerlo— High School Musical 2.
Esto no quiere decir que High School Musical sea, cinematográficamente, una buena película. Como una gaseosa dulzona en una fiesta infantil, sin duda logra animarte lo suficiente como para ponerte a bailar, pero no estaba destinada a ganar premios (más allá de los trofeos de los Teen Choice Awards). Si uno la vuelve a ver dos décadas después, algunos momentos que en su momento me dejaban sin aliento —como cuando Troy sube al balcón de Gabriella para cantarle una versión acústica de ‘Start of Something New’— ahora me provocan una reacción física de incomodidad.
“Es difícil imaginar que incluso el fan más acérrimo de los musicales encuentre aquí algo digno de celebrarse”, escupió un crítico en 2006. “Una pieza cursi y evidentemente superficial”, sentenció otro, a pesar del historial de éxitos de Ortega como coreógrafo en Dirty Dancing y Newsies.
Pero eso no importaba, porque Disney estaba imparable. Lanzaba camisetas, recuerdos, entradas para giras derivadas y figuras coleccionables, y todo se vendía a la velocidad de una clavada acrobática de Troy. Para cuando High School Musical 2 se preparaba para su estreno, apenas un año después, The New York Times ya había calificado la franquicia como “una nueva religión”. En resumen, Disney no necesitaba a la crítica cuando tenía hordas de adolescentes.
Era Grease para una nueva generación, pero sin las referencias escandalosas al sexo y al tabaco. El guionista Peter Barsocchini admitió que se inspiró en su hija y sus amigas para escribir el guion.
“No usaría la palabra ‘tradicional’, usaría la palabra ‘familiar’”, dijo Rich Ross, entonces presidente de Disney Channel Worldwide, cuando The Guardian lo confrontó sobre el tema. “La idea de montar un espectáculo existe en todas las escuelas del mundo. No se trata de una historia de chicos que atraviesan momentos difíciles por el divorcio de sus padres o por una adicción a las drogas. No todas las historias escolares tienen que abordar el lado más oscuro de la experiencia estudiantil. Los padres piensan que es algo sano, pero los chicos creen que trata sobre la incapacidad de expresarse debido a lo que sus padres quieren o lo que sus compañeros les permiten hacer”, argumentó.
Para mi yo más joven, de forma frustrante, Troy y Gabriella ni siquiera se besan hasta el día de su graduación.

Cabe destacar que no todos los miembros del elenco alcanzaron la fama de forma unánime. Mientras Efron obtuvo un perfil en Rolling Stone y consiguió papeles en éxitos como El gran showman y Garra de hierro de Sean Durkin, Hudgens se vio obligada a disculparse por la filtración de unas fotos íntimas poco aptas para adolescentes en 2007, antes de participar en la película fiestera Spring Breakers: Viviendo al límite (2013) y en la franquicia de Intercambio de princesas de Netflix, en 2018.
Mientras tanto, lo más destacado que ha hecho Ashley Tisdale —quien interpretó a Sharpay Evans, la villana diva (o jefa aspiracional, según a quién se le pregunte)— ha sido escribir una carta abierta sobre su grupo de chat de mamás famosas, al que calificó como “tóxico” (se rumorea que incluye a Hilary Duff y Mandy Moore). ¿Aburrida? Tal vez.
Otros integrantes del elenco, de menor perfil, apenas han destacado en estas dos décadas, limitándose a pequeños roles en televisión y doblaje. Aun así, High School Musical fue un pase suficiente para mantenerse a flote durante un buen tiempo. Cuando HSM 2 se emitió en 2007, Disney atrajo a más de 17 millones de espectadores: la cifra más alta en la historia para una película original hecha para televisión. Un año después, la conclusión, High School Musical 3: La graduación, se estrenó en cines y recaudó 293 millones de dólares en su primer fin de semana a nivel mundial.
“Para mí, comencé High School Musical con la esperanza de que, al dirigir y coreografiar una película original para televisión, pudiera volver a abrir el telón de mi vida y tener otra oportunidad de dirigir para la pantalla grande”, confesó Kenny Ortega sobre su motivación al lanzar la franquicia. “Jamás imaginé que sería High School Musical en sí lo que me daría esa oportunidad nuevamente”.

El impacto fue imposible de ignorar. Después de High School Musical 2, las películas de Disney Channel comenzaron a promocionarse como plataformas para lanzar a futuras estrellas del pop: basta pensar en Demi Lovato y los Jonas Brothers en Camp Rock (2008), o en Selena Gomez con la película de Los hechiceros de Waverly Place en 2009.
Pero más allá de eso, High School Musical demostró a los inversores que los musicales podían volver a ser populares, rentables y conectar con nuevas generaciones. En 2007 llegó Hairspray (también con Efron en el elenco), Encantada de Disney en ese mismo año y Sweeney Todd de Tim Burton en 2008. Luego vinieron Los miserables, En el Bosque y la versión de Amor sin barreras dirigida por Steven Spielberg. En la pantalla chica apareció Glee, que vendría a ser como High School Musical, pero con drogas y embarazo adolescente incluidos.
Han pasado 20 años, y aunque hoy no encuentre High School Musical tan fascinante como en su momento, las letras siguen grabadas en mi memoria. Mis receptores de dopamina todavía reaccionan ante la angustia melodramática de Troy, la actitud jazzística e inquebrantable de Sharpay y el desprecio total de la profesora Darbus por el básquetbol (casi el reverso exacto de Sue Sylvester en Glee, enemiga declarada del mundo musical).
Esta franquicia cambió el panorama del cine para siempre. Basta con mirar el éxito, por ejemplo, de Las guerreras K-Pop, el gran hit de Netflix del año pasado. Los ejecutivos de Hollywood harían bien en no volver a subestimar jamás el poder de las niñas de 12 años.
Traducción de Leticia Zampedri


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