De estrella de ‘Mujer Maravilla’ a blanco de burlas: la caída de Gal Gadot
Con su nuevo thriller, ‘Carrera contra el tiempo’, la exestrella de ‘Mujer Maravilla’ vuelve a enfrentarse a críticas demoledoras y burlas en internet. Louis Chilton analiza cómo Gal Gadot pasó de ser una sensación de taquilla a convertirse en blanco habitual de las críticas en menos de una década
A Gal Gadot se le están acabando las opciones. Desde que saltó a la fama como la intrépida superheroína amazona de Mujer Maravilla en 2017, la actriz israelí de 41 años no ha logrado atrapar con su lazo dorado un papel cinematográfico realmente digno, ni por amor ni por dinero.
Primero llegaron las frustrantes secuelas de Mujer Maravilla: la estridente y sombría Liga de la Justicia y la ostentosa y condescendiente Mujer Maravilla 1984. Después vino la insípida adaptación de Agatha Christie Muerte en el Nilo —¿quién fue el asesino? A estas alturas, ¿a quién le importa?— y luego el pomposo thriller de espionaje Red Notice, que colocó a Gadot entre Dwayne “The Rock” Johnson y Ryan Reynolds. Los tres desplegaron esa maravillosa química que uno esperaría encontrar si le pidiera a Grok que generara su propio remake de Historias de Filadelfia.
Eso fue en 2021, y cualquiera habría pensado que Gadot ya había mostrado todo su repertorio. Pero el año pasado llegó Blancanieves, donde la actriz alcanzó nuevas profundidades interpretando a una bruja cantante de una desafinación casi sobrehumana. Ahora la encontramos corriendo por Londres en Carrera contra el tiempo, una película barata y estridente sobre una mujer obligada mediante chantaje a cometer un asesinato para salvar a su hijo. ¡Corre, Gal, corre!
Dirigida por Kevin Macdonald, el otrora respetado cineasta escocés detrás de El último rey de Escocia y Los secretos del poder, Carrera contra el tiempo llegó a Prime Video la semana pasada y ya parece camino al olvido: al momento de escribir estas líneas, ocupa apenas el quinto puesto entre los títulos más vistos de la plataforma.
Las críticas han sido casi unánimes en destrozarla y, en algunos casos, parecen haberse divertido haciéndolo. Gadot ofrece otra de sus habituales interpretaciones poco convincentes mientras recorre Londres a toda velocidad, esquiva peatones y autos y habla frenéticamente a través de un auricular. Y, aun así, no es su peor actuación.
Sorprendentemente, ni siquiera ofrece la peor interpretación de la película, un dudoso honor que de alguna manera consigue arrebatarle Damian Lewis con su ridículo papel de titiritero. Pero Carrera contra el tiempo sí proporciona más munición a los numerosos detractores de Gadot. De hecho, quizá su mayor audiencia esté entre los usuarios de redes sociales que llevan días compartiendo, entre burlas, breves clips de sus momentos más torpes frente a la cámara.

A estas alturas, cuesta imaginar cómo podría Gadot revertir la situación. Ya no se la considera solo una mala actriz, sino una actriz famosa por actuar mal. Siempre parece haber espacio en la cultura popular para una figura así, alguien que termina convertida en una especie de chiste recurrente universal, y en 2026 está claro que Gadot ocupa ese lugar. En décadas anteriores, ese dudoso honor recayó en figuras como Bo Derek, Madonna, Jessica Alba, Megan Fox o Kristen Stewart. A veces, esas críticas son demasiado injustas; otras, no tanto. Y, de vez en cuando, un actor considerado malo termina demostrando que puede ser muy bueno.
También es cierto que existe desde hace tiempo un sesgo de género a la hora de decidir quién merece la etiqueta de “mal actor”, y las mujeres convertidas en símbolos sexuales suelen llevarse la peor parte. En menor medida, el fenómeno también afecta a los hombres: el estereotipo del galán atractivo pero superficial se ha utilizado contra actores como Keanu Reeves, Zac Efron o Robert Pattinson. Incluso estrellas de acción consideradas “malos actores”, como Arnold Schwarzenegger, Henry Cavill, Jean-Claude Van Damme o Steven Seagal, suelen ser juzgadas en función de su físico, aunque de una manera algo diferente.
Sin embargo, sería equivocado atribuir solo al sexismo el rechazo hacia Gadot como actriz. Antigua ganadora del certamen de Miss Israel, Gadot siempre ha proyectado una imagen glamurosa —“escultural” fue uno de los adjetivos que más se repitieron durante su ascenso a la fama con Mujer Maravilla—, pero rara vez ha elegido papeles construidos exclusivamente en torno a su atractivo sexual. Carrera contra el tiempo, por ejemplo, es el tipo de película de acción cuyo papel protagonista, hace 30 años, casi con toda seguridad habría sido escrito para un hombre.
De hecho, desde su debut cinematográfico en la quinta entrega de Rápido y furioso, Gadot ha desarrollado buena parte de su carrera como estrella de acción, una trayectoria quizá influida por los dos años de servicio militar obligatorio que cumplió en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) entre 2005 y 2007. En los últimos años, sin embargo, tanto ese pasado militar como su apoyo público a Israel han sumado una dimensión política a la percepción que parte del público tiene de ella. Para algunos espectadores, eso la ha convertido en un blanco más fácil, añadiendo una carga política a unas críticas que, en esencia, también responden a un juicio mucho más simple sobre sus capacidades interpretativas.

Teniendo en cuenta el éxito inicial que alcanzó como la Mujer Maravilla, cabe preguntarse si parte del problema no está en los proyectos que ha elegido: incluso Daniel Day-Lewis habría tenido dificultades para salir bien parado de algo como Blancanieves. A eso se suma cierto problema de casting. En muchos sentidos, la Mujer Maravilla era un personaje hecho a la medida de Gadot, ya que su condición de figura sobrenatural llegada de otro mundo ofrecía la justificación perfecta, dentro de la propia historia, para esa forma de actuar ligeramente inexpresiva y vagamente alienígena que caracteriza a la actriz. El problema es que pocos papeles ofrecen una excusa semejante.
De hecho, a estas alturas cuesta imaginar qué tipo de material podría permitirle brillar. La puerta de Mujer Maravilla parece haberse cerrado después de que James Gunn y Peter Safran reiniciaran el universo de DC, mientras que Adria Arjona, de Andor, ha aparecido entre los nombres vinculados al personaje. Gadot tampoco ha demostrado hasta ahora una gran versatilidad, por lo que cabe suponer que sus opciones se reducen cada vez más a proyectos que buscan a “una actriz del tipo de Gal Gadot”.
Quizá la única salida sea dejar de luchar contra esa imagen y abrazarla por completo. Si yo fuera su agente, prestaría atención a esos admiradores irónicos de las redes sociales que han encontrado cierto encanto kitsch en sus interpretaciones rígidas y vería allí la posibilidad de convertir una debilidad en una oportunidad. Después de todo, su manera exagerada y poco natural de pronunciar frases como “¡Suficiente champán... para llenar el Nilo!” o “¡KAL-EL! ¡NO!” ha perdurado en la memoria colectiva mucho más que las propias películas de las que salieron.
En otras palabras, quizá su mejor opción sea explotar aquello por lo que más se la critica: aceptar proyectos cada vez más disparatados y llevar sus peculiares interpretaciones hacia territorios todavía inexplorados. En lugar de intentar ocultar su rigidez frente a la cámara, podría apropiarse de ella y convertirla en estilo.
Gadot necesita encontrar su equivalente al Schwarzenegger de Batman y Robin, al Van Damme de Street Fighter o al Nicolas Cage de Wicker Man. El hombre de mimbre. ¿Se imaginan lo que podría hacer con un casco lleno de abejas? Tal vez, en algún nivel subconsciente, esa fuera precisamente la idea detrás de Carrera contra el tiempo: lanzarse de lleno a las turbias aguas del cine cutre, un lugar donde las fronteras entre lo bueno y lo malo se vuelven cada vez más difusas. Quizá haya llegado el momento de descubrir hasta dónde puede adentrarse.
Carrera contra el tiempo está disponible en Prime Video.
Traducción de Leticia Zampedri

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