‘Backrooms: sin salida’: este filme de terror concebido en Internet presagia el futuro del cine
Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve exploran inquietantes espacios liminales dirigidos por el cineasta de 20 años Kane Parsons
Christopher Nolan, al promocionar su próxima adaptación de La Odisea, presentó las películas de Marvel como el equivalente más cercano de nuestra cultura a la epopeya homérica. Tiene razón. Sin embargo, su verdadero equivalente se fue recopilando lentamente, publicación tras publicación, en algún rincón recóndito de Internet, de una manera similar a como generaciones de artistas itinerantes iban recopilando los relatos de las hazañas de la Antigua Grecia.
En mayo de 2019, una publicación anónima en el foro en línea 4chan mostraba una imagen de una tienda de muebles abandonada en Oshkosh, Wisconsin, EE. UU. Sus paredes eran de un amarillo enfermizo, su alfombra beige y, extrañamente, resultaba fácil imaginar a alguien desangrándose en ella. Un párrafo que la acompañaba hacía referencia al concepto de “noclipping” en los videojuegos, cuando un jugador (intencionalmente o no) traspasa los límites del mapa y entra en un espacio liminal no apto para la vista humana. Si eso ocurriera en nuestra realidad, advertía la publicación, “acabarías en los Backrooms”. A partir de entonces, usuarios de Internet comenzaron a desarrollar este mundo donde, como si se tratara de Ulises, uno podría estar condenado a vagar en busca de un camino de regreso a casa, con monstruos a cada paso.
El cineasta Kane Parsons es el Homero de los Backrooms. No son su invención, pero su serie de YouTube, de enorme popularidad (la primera entrega, estrenada en 2022, ya cuenta con casi 80 millones de visualizaciones), ayudó a recopilar y sistematizar todo ese conocimiento colectivo en línea. Ahora, la industria cinematográfica por fin quiere su parte. Con Backrooms: sin salida, producida por A24, Parsons (20), ha sido contratado para llevar su obra a la gran pantalla.
No es la película de terror más aterradora, ni siquiera la más inteligente, que verás este año (carece del factor sorpresa de la reciente Obsesión, escrita y dirigida por Curry Barker, también formado en YouTube). Aun así, es fascinante y singular de una manera que, sospecho, perdurará en el tiempo, ya que ninguna otra película transmite la sensación de presenciar la pesadilla colectiva de la generación Z hecha realidad: una mezcla de tristeza y confusión por no haber vivido nunca en la era analógica, una atracción y un miedo a los anuncios de VHS, las tiendas de sofás y las comidas precocinadas.

Backrooms se ve ligeramente perjudicada, de hecho, por el hecho de que un guionista de Hollywood, Will Soodik, de Ash contra el mal, haya sido contratado para dotar a la serie surrealista de videos caseros de Parsons de una narrativa más tradicional. Aquí, Clark (Chiwetel Ejiofor), un arquitecto divorciado y fracasado que posee una tienda de muebles, descubre una puerta a un espacio que se reproduce constantemente tras las paredes de su tienda, con los muebles apilados o medio derretidos en el suelo, y completamente vacío salvo por la persistente sensación de que no lo está.
Su terapeuta, la doctora Mary Kline (Renate Reinsve, de Valor sentimental), está justificadamente preocupada. Lo mismo les ocurre a sus empleados más jóvenes, Bobby (Finn Bennett) y Kat (Lukita Maxwell), atrapados en los viejos arquetipos de terror del novio tonto y la novia suplicante, cuya videocámara prestada inevitablemente termina involucrada en la investigación.
Sin embargo, Ejiofor y Reinsve son elecciones de reparto acertadas. Ninguno de los dos está asociado al género, y su enfoque se centra mucho menos en la expresión del terror que en su naturaleza y en lo que representan los Backrooms. El guion de Soodik los orienta hacia lo personal, como una expresión de las vías neuronales formadas en la infancia y luego repetidas sin cesar, de forma claustrofóbica, en la edad adulta, aunque de maneras cada vez más distorsionadas.
Parsons declaró recientemente a un entrevistador que nunca ha visto Terciopelo azul de David Lynch. Según él mismo admite, no es un cinéfilo. Resulta irónico, considerando lo influenciados que están los Backrooms por Lynch y su revelación del lado oscuro de los suburbios estadounidenses. También hay una buena dosis de El resplandor de Stanley Kubrick (Ejiofor canaliza muy bien a Jack Torrance).

Pero el hecho de que el director probablemente haya recibido estas influencias de segunda mano solo hace que la película sea más intrigante como producto del subconsciente generacional. Existe una clara relación con el mundo de los videojuegos, que rebosa de escenarios lynchianos y una mezcla de burocracia y lo sobrenatural al estilo de Twin Peaks (Parsons fue quien introdujo a Async, una empresa que realizaba investigaciones sobre los Backrooms, al universo viral).
Si bien Backrooms: sin salida, para quienes no están familiarizados con Internet ni con los videojuegos, podría parecer un subproducto de Severance de Apple TV+, su lenguaje se ha utilizado durante años en juegos como Control, The Exit 8 y Lethal Company. Sin embargo, las numerosas adaptaciones de videojuegos que hemos visto no se han atrevido a contar sus historias con el minimalismo propio del medio, centrado en el entorno, donde los personajes aprenden a través de los objetos que los rodean. Backrooms sí lo hace. Y por eso resulta aún más fascinante. Habrá que ver quién sigue los pasos de Parsons, pero su película bien podría definir a toda una generación.
Dirección: Kane Parsons. Protagonizada por: Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve, Mark Duplass, Finn Bennett, Lukita Maxwell. 15+, 110 minutos
'Backrooms: sin salida' se estrenó en cines de México el 28 de mayo.
Traducción de Sara Pignatiello







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