“Me preparaba en exceso”: los secretos del director de 20 años detrás de ‘Backrooms’
Este entusiasta de la ciencia ficción todavía estaba en la preparatoria y creaba videos con efectos visuales en la mesa de la cocina de su casa cuando A24 lo seleccionó para su próximo proyecto de terror: una película inspirada en una publicación viral de Internet. Tras convertirse en el director más joven de la casa productora hasta la fecha, Annabel Nugent conversa con el joven de 20 años sobre su transición a la gran pantalla
Imagínate esto: estás solo en una habitación sin ventanas. El piso está alfombrado, con un color un par de tonos más oscuro que las paredes. No puedes distinguir bien si todo es amarillo o si se ve así por el resplandor amarillento que emana de las luces fluorescentes del techo. De reojo ves una puerta abierta: es una habitación que conduce a otra, y aunque no puedes verla por ti mismo, tienes la firma sospecha de que conduce a otra y a otra más allá de esa. No hay nada explícitamente malo en el lugar donde te encuentras, pero hay algo que no termina de encajar.
Es el escenario, o más bien la sensación, detrás del núcleo de la película de terror más comentada de este año, Backrooms: sin salida, protagonizada por los actores nominados al Oscar Renate Reinsve y Chiwetel Ejiofor, y que lleva el nombre de un concepto que se originó a finales de la década de 2010. Fue entonces cuando una foto de la escena antes descrita comenzó a circular por Internet, arraigándose en el foro de imágenes 4chan. Miles de personas especulaban sobre la sensación tan inquietante que provocaba la imagen y compartían más ejemplos de espacios igualmente espeluznantes. Otros, a su vez, escribían relatos cortos y luego hicieron videos.
Kane Parsons, un entusiasta de la ciencia ficción de dieciséis años, era una de esas personas; pasaba horas después de la escuela haciendo videos con efectos especiales en la mesa de la cocina de su casa familiar en el norte de California. “Tengo artritis, así que apilaba todos los muebles para crear una especie de escritorio de pie improvisado”, cuenta Parsons, que tiene solo 20 años, y cuya afección propia de personas mayores es un indicador un tanto inquietante de su precocidad. En cuestión de semanas, su primer video inspirado en los ‘backrooms’ —en el que un cineasta aficionado explora temeroso el laberinto, visto a través de la lente temblorosa de una cámara de mano— acumuló decenas de millones de visitas. Hoy en día, ya tiene 78 millones. Parsons hizo 23 clips más después de ese y cada uno se basaba en la tradición de los ‘backrooms’ para desarrollar los elementos del universo de formas extrañas que se sentían a la vez fieles a esa foto original y también innegablemente propias de la sensibilidad de Parsons.
Y así, naturalmente, cuando A24 —la productora que ya no es tan independiente y que está detrás de éxitos de terror como El legado del diablo y Háblame— decidió hacer una película de ‘Backrooms’, recurrieron a Parsons para dirigirla. Que siguiera estudiando no fue un impedimento. Tampoco que nunca hubiera pisado un set de filmación, y definitivamente no importaba que fuera, con creces, su director más joven hasta la fecha. “Deberías hablar con los productores que pensaron que era una buena idea darme esta oportunidad”, se ríe Parsons, quien agradeció la oportunidad y la aprovechó al máximo. Como quien dice, a caballo regalado no le mires el diente.
Quería que fuera colaborativo. No llegué pretendiendo que era experto en la dirección cinematográfica
A24 no era la única productora interesada en el proyecto; para entonces, casi inmediatamente después del éxito de su primer video, Parsons ya contaba con un representante y un asesor legal. “Me sentía muy paranoico a la hora de elegir con quién asociarme”, relata Parsons, y agrega que mantuvo cierto “escepticismo” hasta el momento de la producción. “Creo que gran parte de la razón por la que ahora puedo decir que todo salió muy bien y de manera muy positiva, y por la que pude conservar una gran cantidad de control creativo e influencia, se debe a las personas específicas con las que trabajé”. Entre ellas se encontraba Osgood Perkins, de Longlegs, quien se ha convertido en una especie de mentor para Parsons.
Está “un poco cansado” de la conversación sobre su edad. Parsons tenía 19 años cuando se mudó a Vancouver para comenzar a filmar, y ahora solo tiene 20, lo cual, insiste, ni siquiera es tan joven. El cineasta admitió: “Personalmente, he encontrado a algunas de las personas con más talento en línea… personas que son cinco veces más competentes técnicamente de lo que yo jamás podría aspirar a ser… tienen 13 años”. En comparación, él es prácticamente un anciano. Argumenta que la fascinación por su edad es en realidad más bien una fascinación por la tecnología: “No hemos tenido mucho tiempo para asimilar lo que ha pasado con [la tecnología]. Ahora estamos viendo a estas personas que crecieron dándola por sentado y que ahora la usan como una especie de tercer músculo externo”.
La edad de Parsons ha dado lugar a acusaciones en algunos rincones de Internet de que es imposible que haya dirigido realmente Backrooms. Que alguien mayor y con más experiencia lo habría guiado paso a paso durante el proceso. En las semanas posteriores a nuestra entrevista, una de las estrellas de la película, el actor y cineasta Mark Duplass, salió en su defensa: “Kane tenía el control al 100 %. Más que muchos directores que le triplican la edad”.
Hay que reconocer que, a primera vista, cuesta imaginar a este adolescente afable y de pelo revuelto tomando las riendas en el set de una película que, según se dice, costó 10 millones de dólares. Tras hablar con él solo unos instantes, es una realidad que se vuelve mucho más fácil de imaginar. Parsons es meticuloso en su forma de hablar; cada respuesta es larga y reflexiva, como si estuviera buscando en su mente qué es lo que quiere decir, qué es lo que quiere expresar. Atribuye parte de esto a la descompensación horaria (“por supuesto, corríjanme si me equivoco, por favor”), pero más tarde da otra razón para sus divagaciones conversacionales que le parece más auténtica: “Mi estrategia de oratoria suele ser simplemente hablar hasta encontrar mi versión favorita de la respuesta”. Es refrescante que no haya recibido entrenamiento para hablar con los medios.

Entonces, ¿qué puede hacer un adolescente cuando se enfrenta a una situación desconocida, se ve sumergido en un set de filmación con todo un elenco y un equipo a su entera disposición, o en una sala de juntas con una multitud de ejecutivos que le llevan décadas de ventaja? Buscar en Internet. “Hago bastante investigación por mi cuenta. No es nada glamuroso ni apasionante, pero exploro Internet e intento ver qué dice la gente”. Todos los días, antes de entrar al set, se “preparaba en exceso para muchas eventualidades”. Todos los días, antes de irse, le preguntaba a la gente qué podía hacer mejor al día siguiente. “Quería que fuera colaborativo. No llegué pretendiendo que era experto en la dirección cinematográfica. Conseguí este trabajo. Hago esto en línea de lo que hemos hablado mucho, y sé cómo debe ser esta película, pero, ya sabes, hay que tener un diálogo abierto”.
Uno factor importante fue que Parsons ya poseía el tipo de diligencia escrupulosa en torno a la cual muchos directores construyen sus películas. “Mi mundo en YouTube, todo el panorama con el que he crecido, ha requerido una atención extrema a los detalles desde el principio”, relata. Incluso antes de que su video de los ‘backrooms’ se volviera viral, Parsons ya había acumulado una gran cantidad de seguidores en YouTube con sus videos de “fanfic” que expandían con cariño y esmero el universo de su juego favorito: Attack on Titan. “La gente, incluyéndome a mí, aprecia ese profundo nivel de subtexto, y creo que nos obliga de manera inherente a ser muy estrictos con lo que tenemos que hacer a nivel creativo”. Por si sirve de algo, Parsons no tiene planes de abandonar YouTube por los supuestos pastos más verdes del cine.

Al escuchar a Parsons hablar de los juegos con los que creció, es sorprendente que no se dedicara al mundo de los videojuegos. Hijo de un programador informático y una terapeuta, era un estudiante de primera a pesar de que no le “encantaba la escuela”. Se inició en juegos como Minecraft, interesado por sus elementos de construcción de mundos. “Cuando crecí un poco más y empecé a usar software de efectos visuales, me quedaba en la escuela durante el almuerzo solo para terminar mis tareas lo más rápido posible, para que en cuanto llegara a casa, pudiera dedicar cada minuto a trabajar en la película que estuviera haciendo esa semana, por lo general un pequeño sketch tonto”, explica. “Me obsesioné intentando entenderlo”.
Elegir el cine fue simplemente una cuestión de logística, asegura. Su computadora portátil no era el modelo adecuado para ejecutar el software necesario. Sin embargo, al pensarlo un poco más, se adentra más en el tema. “Creo que es porque quería algo un poco más rápido y fácil en algunos aspectos”, plantea. “Con un videojuego, hay mucho trabajo subyacente que hay que hacer antes de poder enfocarse en los aspectos visuales. Tendría que enfocarme mucho en la funcionalidad antes de poder llegar a algo estéticamente atractivo, y el trabajo narrativo en un videojuego es mucho más [intensivo]”. Dicho esto, no descarta hacer algo relacionado con los videojuegos en el futuro. Después de todo, ni siquiera tiene 21 años.
A diferencia de otros de su edad, Parsons no irá a la universidad este otoño. “La misma semana en que se cerró el acuerdo con A24 fue la misma semana en que vencían la mayoría de mis solicitudes para la universidad”, señala. “¿No es una locura?”
‘Backrooms: sin salida’ ya está en cines
Traducción de Michelle Padilla






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