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Spielberg, Coppola y Lucas: la amistad tóxica que forjó el Hollywood moderno

Un nuevo libro relata cómo Francis Ford Coppola, George Lucas y Steven Spielberg pasaron de aliados a rivales e impulsaron en el proceso una revolución en el cine. Por Patrick Smith

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Trío pionero: Steven Spielberg, Francis Ford Coppola y George Lucas
Trío pionero: Steven Spielberg, Francis Ford Coppola y George Lucas (Getty)
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George Lucas pudo haber muerto. Corría 1962 y el joven de 17 años acababa de estrellar su convertible Autobianchi amarillo contra un nogal en Modesto, California. El auto dio varias vueltas, rebotó y finalmente quedó detenido. Estaba “irreconocible, volcado y retorcido como una lata de Coca-Cola aplastada contra el árbol”, escribe Paul Fischer en The Last Kings of Hollywood: Coppola, Lucas, Spielberg and the Battle for the Soul of American Cinema.

Dos semanas después, Lucas despertó en el hospital tras haber estado al borde de un paro cardíaco y, desde entonces, adoptó una nueva convicción: “Quizá hay una razón por la que sobreviví a este accidente que nadie debería haber sobrevivido”.

Si aquella experiencia cercana a la muerte marcó la vida de Lucas, los otros protagonistas del libro —Francis Ford Coppola y Steven Spielberg— también llegaron a Hollywood con sus propias heridas. En el caso de Coppola, la polio que sufrió en la infancia lo mantuvo postrado en cama durante un año; Spielberg, por su parte, soportó acoso antisemita que lo acompañó hasta la adultez.

Construido a partir de testimonios de personas de su entorno —ya que los tres directores rechazaron ser entrevistados—, el libro reconstruye lo que podría definirse como la era del Nuevo Hollywood. Entre 1972 y 1977, estos cineastas batieron récords de taquilla, redefinieron el cine popular y, en las décadas siguientes, discutieron quién merecía el crédito. Así, el volumen ofrece el retrato de una combinación de ambición y talento, pero también de lo que ocurre cuando esas visiones chocan, se desvían y terminan enfrentándose entre sí.

En un contexto de declive del viejo sistema de estudios, irrumpieron Coppola, que llevó la novela de Mario Puzo El Padrino a la pantalla y la convirtió en la película de mafiosos más celebrada de todos los tiempos; Spielberg, que sentó las bases del blockbuster veraniego moderno con Tiburón; y Lucas, que creó Star Wars como una mitología expansiva y duradera. Al seguir su intento por transformar Hollywood —y mostrar cómo terminaron consolidando el modelo de franquicias que hoy domina la industria—, Fischer recorre una amistad tan tensa como competitiva en tres de las décadas más decisivas para el cine.

Lucas se sintió atraído por Coppola, el maestro temperamental, y se convirtió en su aprendiz silencioso durante el rodaje del musical de 1968 El camino del arco iris. Mientras Coppola era expansivo e intuitivo, Lucas se mostraba reservado, meticuloso en lo técnico y más cómodo en la sala de edición que en el set. Spielberg se sumó en 1971, durante la fiesta de cierre de El Padrino. Esa noche, Lucas quedó fascinado al ver en televisión Reto a muerte, el debut como director de Spielberg, y le pidió a Coppola que se sentara a verla con él. De ese encuentro nació un triángulo creativo, a la vez simbiótico, dinámico y conflictivo.

Cinco años después, en 1976, Coppola viajó para reunirse con Lucas con una propuesta clara: quería dirigir Apocalipsis, el proyecto sobre Vietnam que Lucas desarrollaba desde hacía años junto al guionista John Milius. Aunque el guion pertenecía a la productora de Coppola, American Zoetrope, Lucas daba por hecho que la dirigiría después de Star Wars. Sin embargo, Coppola fue directo: “Yo me encargo. Déjame hacerla, aunque sea para sacarla adelante”. Finalmente, Lucas aceptó.

Cuando Steven Spielberg y George Lucas intercambiaron participaciones en las ganancias —Star Wars por Encuentros cercanos del tercer tipo—, Francis Ford Coppola se molestó por haber quedado fuera del acuerdo. Ante su incomodidad, Lucas fue directo: “¿Por qué debería? No tenía ninguna relación con la película”.

En público, Spielberg se mostraba generoso, incluso en exceso; sin embargo, en privado la historia era distinta. Con el tiempo admitiría: “Estaba muerto de envidia por Locura de verano”. En cambio, El Padrino lo llevó a cuestionar su propio futuro como director: “Pensé que nunca podría hacer una película tan buena”. Además, cuando escuchó la banda sonora de Star Wars, estaba convencido de que Lucas se había quedado con el mejor trabajo de John Williams. “Él era más competitivo conmigo de lo que yo lo era con él”, reconoció.

Por su parte, Lucas, todavía resentido por haber dejado escapar Apocalipsis, compró viñedos en Napa para rivalizar con Coppola y, al mismo tiempo, comenzó a insistir —aparentemente con total sinceridad— en que Star Wars era una alegoría de la guerra de Vietnam.

Steven Spielberg estableció el modelo del blockbuster veraniego moderno con ‘Tiburón’
Steven Spielberg estableció el modelo del blockbuster veraniego moderno con ‘Tiburón’ (Universal)

Si este trío pionero logró independizarse de Hollywood, lo hizo con una ayuda considerable. En ese sentido, Fischer es minucioso al reconocer a las mujeres que lo hicieron posible. La editora Marcia Lucas, casada con George entre 1969 y 1983, salvó Star Wars: rearmó la película, encontró su corazón, ganó un Oscar y, durante décadas, quedó prácticamente borrada de la historia.

Por su parte, Melissa Mathison llegó a la casa de los Coppola como niñera adolescente, permaneció siete años en ese entorno y, finalmente, escribió el guion de E.T., el extraterrestre. Asimismo, Kathleen Kennedy —quien más tarde cofundaría Amblin Entertainment con Spielberg y luego dirigiría Lucasfilm— se convirtió en la única persona del círculo de Spielberg con el valor de decirle que no.

Fischer hace justicia a las tres: sus retratos matizados figuran entre las mejores páginas del libro y, al mismo tiempo, funcionan como una crítica silenciosa a la revolución del nuevo Hollywood, que aprovechó su talento con facilidad mientras les negaba el reconocimiento.

Sobre todo, el libro se convierte en una compañía irresistible, que brilla tanto por sus anécdotas —como cuando Michelle Phillips, de The Mamas & the Papas, gritó “¡Ese es mi dealer de marihuana!” al ver a Harrison Ford aparecer en pantalla como Han Solo— como por mostrar el caos detrás de escena que dio origen a estas películas.

Entonces, ¿quién ganó la batalla por el “alma” de Hollywood? Mientras Steven Spielberg conquistó al gran público con éxitos que van desde Jurassic Park hasta Sentencia previa, George Lucas se volvió cada vez más desencantado y nunca volvió a dirigir. Había soñado con hacer películas austeras y abstractas; sin embargo, terminó convirtiéndose, en cierta medida, en aquello que había querido destruir. Con el tiempo, comenzó a presionar a los directores por los presupuestos y creó a los Ewoks con el merchandising en mente. “Es alguien que perdió su detector de tonterías y que terminó creyéndose su propio discurso”, dice Fischer.

Por su parte, Francis Ford Coppola osciló entre la bancarrota y arriesgadas apuestas artísticas cada vez más contemplativas y, años después, él mismo reconoció que “quizá” se volvió demasiado ambicioso. Aun así, puede que haya sido quien se mantuvo más fiel al espíritu del cine independiente, incluso al borde del colapso, como lo demuestra su desastrosa Megalopolis, financiada por él mismo.

Sin duda, Lucas, Spielberg y Coppola cambiaron el cine. Si lo hicieron de la manera en que pretendían, es otra cuestión completamente distinta.

‘The Last Kings of Hollywood: The Battle for the Soul of American Cinema’, de Paul Fischer, ya está a la venta.

Traducción de Leticia Zampedri

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