El “mayor error” detrás del extraordinario colapso de Aryna Sabalenka en cuartos de final
La primera cabeza de serie y número uno del mundo quedó en shock tras perder 12 de los últimos 13 games en una sorpresiva derrota ante Diana Shnaider, una caída que, según confesó, la hizo sentir ganas de dejar el tenis
Lo que el calor agobiante y el sol hicieron con Jannik Sinner, el viento y su propia cabeza terminaron haciéndolo con Aryna Sabalenka. La número uno del mundo y máxima favorita había llegado a cuartos de final de Roland Garros sin perder un solo set en sus primeros cuatro partidos y solo una vez había permanecido más de una hora y media en cancha.
Pero apareció Diana Shnaider, preclasificada número 25 y debutante en unos cuartos de final de Grand Slam, en un partido marcado por fuertes ráfagas de viento que giraban bajo el techo abierto de la Philippe-Chatrier. Y el desenlace volvió a ofrecer una imagen conocida: Sabalenka, ya dueña de cuatro títulos de Grand Slam, aunque todavía en busca de consolidar definitivamente su dominio, dejó la cancha golpeada anímicamente tras caer por 3-6, 7-5 y 6-0.
Visiblemente afectada, la bielorrusa fue contundente en conferencia de prensa. Dijo sentirse vacía: “Sin pensamientos, sin emociones. Ahora mismo quiero dejar el tenis, pero veremos qué pasa en unos días”.
También admitió que no logró recomponerse cuando el partido empezó a escapársele: “Espero volver a encontrarme. Mentalmente no pude recuperarme después del segundo set. Creo que ese fue mi mayor error”.
Y profundizó en un problema que, pese a los avances, sigue apareciendo en los momentos críticos: “De verdad necesito dar un paso atrás y encontrar una solución, porque estoy cansada de perder partidos de la peor manera, dejando que las emociones me superen”.
Desde el comienzo, ambas tuvieron dificultades para adaptarse a las condiciones. El viento levantaba polvo rojo constantemente y volvía impredecibles los intercambios. Sabalenka reaccionó mejor al inicio: tomó una ventaja de 5-1 y mostró todas las variantes de un juego cada vez más completo, desde la potencia desde el fondo hasta las dejadas y las voleas.
Pero las señales de alerta ya estaban ahí. Shnaider empezó a resistir, redujo la diferencia hasta el 5-3 y la frustración de Sabalenka comenzó a hacerse evidente mientras se recriminaba errores y gesticulaba hacia su box.
Después de años trabajando el aspecto mental, especialmente tras los problemas con las dobles faltas que marcaron el inicio de su carrera, la bielorrusa consiguió avances evidentes. Sin embargo, todavía aparecen esos momentos de desconexión. El derrumbe emocional que sufrió durante y después de la final perdida ante Coco Gauff el año pasado terminó pareciendo, visto en perspectiva, un anticipo de lo que volvería a ocurrir en la Chatrier.
Cuando le recordaron aquella derrota en conferencia, respondió con una sonrisa irónica. Reconoció que ya había atravesado situaciones difíciles y que había logrado superar muchas de ellas, aunque todavía intenta entender qué es lo que a veces “deja de funcionar” para encontrar la manera de resolverlo.
Y cuando le preguntaron cómo piensa recuperarse esta vez, fue tan sincera como breve: “No lo sé”.
Más tarde retomó la pregunta y dejó una última frase entre la frustración y el humor: “¿Conocen esos lugares donde puedes entrar a romper cosas? Es probable que mañana pase todo el día ahí descargándome”.
Todo parecía bajo control cuando ganó el primer set y quebró el saque de Shnaider en el primer game del segundo. La rusa, de 22 años, empezó a acumular errores, mientras que la potencia de Sabalenka, aun con fallos propios provocados por el viento, la mantenía siempre un paso adelante.
Pero después de ponerse 4-1 arriba en el segundo set, todo se derrumbó. Sabalenka perdió 12 de los últimos 13 juegos y 18 de los últimos 23 puntos. Con ventaja de 5-3 en esa manga, estuvo a solo dos puntos de la victoria y de alcanzar su séptima semifinal consecutiva de Grand Slam. Lo que siguió fue un colapso monumental, comparable al desplome de Sinner bajo el calor la semana pasada, cuando cayó de forma contundente ante Juan Manuel Cerúndolo en segunda ronda.
La caída comenzó con una dejada mal ejecutada y una doble falta, errores que permitieron a Shnaider recuperar el quiebre y acercarse 4-2.
Después del partido, la rusa explicó:
“Las condiciones eran difíciles por el viento. Era la primera vez que jugaba contra Aryna y estaba muy nerviosa. Era mi primer cuarto de final de Grand Slam, así que claro que sentía nervios. Sentí que primero tenía que adaptarme a su juego y después a las condiciones, al viento. Pensé: ‘Bueno, las condiciones son complicadas, ella es la número uno del mundo. Voy a intentar dar lo mejor hasta el final y ver qué pasa’”.
Y quedó claro que, una vez que se acomodó al partido y empezó a generar dudas en Sabalenka, Shnaider tomó el control. Casi todos sus 24 winners llegaron gracias a su espectacular derecha paralela, mientras que su potencia como zurda y sus golpes planos le permitieron dominar cada vez más los intercambios.
De repente, tuvo un punto de set después de que una ráfaga de viento a favor hiciera que un globo cayera justo dentro de la línea de fondo. Para entonces, Sabalenka ya estaba cada vez más errática: le gritaba a su equipo y protestaba con evidente frustración, mientras Shnaider mantenía la calma
Tras dos primeros sets de 48 y 53 minutos, respectivamente, el parcial decisivo apenas duró 33. Sabalenka acumuló 57 errores no forzados, 17 de ellos solo en el último set. Sus potentes golpes dejaron de marcar diferencias frente al viento y ante la confianza creciente de Shnaider, quien firmó uno de los mejores partidos de su carrera.
En un larguísimo game de saque de Sabalenka al inicio del set decisivo, cuando Shnaider ya estaba arriba 1-0, la bielorrusa estuvo cerca de meterse en problemas. Después de que un primer servicio rebotara en ella, pateó una pelota hacia la zona de los jueces de línea y las tribunas, antes de levantar las manos con gesto de disculpa. Shnaider respondió de inmediato con una derecha ganadora imposible de alcanzar.
Con el marcador 3-0 en contra, Sabalenka volvió a fallar un golpe largo y se agachó unos segundos sobre la cancha para intentar recomponerse, mientras el público la aplaudía con cierta compasión. Nada le salía. Intentar pegar más fuerte solo multiplicaba los errores, el primer saque desapareció y tampoco apareció una alternativa táctica.
Después envió otra pelota a la red, lanzó la raqueta por el aire y les gritó a los integrantes de su equipo. Ya con el marcador 4-0 en contra, desaprovechó un débil segundo servicio de Shnaider, y la rusa (que jugó un set final impecable) solo necesitó mantener la calma mientras su rival se derrumbaba.
Al sacar para seguir con vida en el partido, Sabalenka estrelló una pelota contra la red y entregó tres puntos de partido. Luego, el viento le dio un pequeño respiro cuando un globo de Shnaider salió fuera de la cancha.
No importó. Sabalenka todavía tenía un error más por cometer: un remate débil que terminó en la red y selló un colapso total.
“No recuerdo cuándo fue la última vez que me pasó algo así”, dijo después. “Supongo que mentalmente caí en un pozo muy profundo y oscuro, y ya no pude recuperarme”.
“Tampoco entiendo por qué dejaron el techo abierto, hacía muchísimo viento. Pero ¿cómo voy a quejarme si durante gran parte del partido todo estuvo a mi favor y después se me escapó de las manos? Aunque iba arriba en el marcador, jugué un tenis muy desordenado. Ella jugó increíble en estas condiciones, pero sigo sin entender por qué dejaron el techo abierto”.
Una Shnaider radiante aseguró que estaba “sin palabras” tras la victoria. El viernes enfrentará en semifinales a otra jugadora que atraviesa el mejor momento de su carrera: la polaca Maja Chwalinska, surgida desde la qualy.
Para Sabalenka, en cambio, fue otra oportunidad dorada que dejó escapar. Era la primera vez que recibía un 6-0 desde su partido ante Donna Vekic en Dubái, en 2024, y ocurrió en el escenario más importante, en un torneo donde partía como la gran favorita.
Si el derrumbe de Sinner la semana pasada tuvo un componente físico, este pareció mental. Como tantas otras veces, la mayor debilidad de Sabalenka, en un tenis que muchas veces parece físicamente impenetrable, volvió a estar en su propia cabeza. Su reacción y la forma en que logre salir de este “pozo oscuro” serán determinantes en su intento por convertirse en la jugadora más completa del circuito.
Traducción de Leticia Zampedri





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