Lionel Messi sabe cuándo retirarse: una despedida que contrasta con Cristiano Ronaldo
Messi se retira del fútbol internacional en el momento justo, escribe Will Castle, mientras que su supuesto rival en el debate sobre quién es el mejor de todos los tiempos sigue erosionando su propio legado

En el boxeo, algunos dicen que la forma más elegante de retirarse es tendido boca arriba, mirando las luces. A todos nos gustan los finales de cuento de hadas, pero hay cierta sensación de cierre en despedirse después de una derrota.
Independientemente de lo que ocurra el martes por la noche en Buenos Aires, durante el amistoso contra Benín, Lionel Messi cerrará su etapa con Argentina de una manera similar. Al final, el último sabor que quedará será el de la derrota.
El ocho veces ganador del Balón de Oro, de 39 años, anunció su retiro del fútbol internacional después del Mundial de 2026. Su partido de despedida se disputará en el emblemático Estadio Monumental, casa de River Plate.

Considerado por muchos como el mejor futbolista de todos los tiempos, Messi se despide después de que su prestigio creciera todavía más este verano. En el Mundial superó con creces todas las expectativas, incluso las propias, y demostró que todavía podía ser una figura decisiva a las puertas de los 40 años. Sus ocho goles y cuatro asistencias, además de haber ostentado brevemente el récord de máximo goleador histórico del torneo antes de que Kylian Mbappé, ganador de la Bota de Oro, se lo arrebatara, conformaron una actuación extraordinaria del astro argentino, aunque finalmente no bastó para conquistar el título.
Tras conducir a los campeones defensores hasta su segunda final consecutiva de la Copa del Mundo, Messi no pudo repetir la hazaña de Qatar y despedirse por todo lo alto. Todo lo contrario: el desenlace fue desastroso. La trifulca posterior al partido, protagonizada por Leandro Paredes y otros jugadores, dejó una imagen bochornosa de la selección argentina, y Messi tampoco quedó al margen de aquel lamentable desenlace.
Después de que Enzo Fernández derribara a Pau Cubarsí y fuera expulsado en el tiempo añadido de la segunda parte, Messi intentó sacar partido de que Marc Cucurella hablara tapándose la boca y pidió al árbitro que le mostrara la tarjeta roja en virtud de la llamada “Ley Vinicius”, una norma incorporada al reglamento después del presunto episodio racista protagonizado por su compatriota Gianluca Prestianni. Fue un intento desesperado por obtener ventaja y una inusual muestra de falta de deportividad por parte de un astro acostumbrado a parecer inmune a este tipo de errores.

Sus esfuerzos, tanto en ese sentido como con el balón en los pies, fueron en vano. España se impuso con justicia en la prórroga ante el antifútbol desplegado por Argentina.
Las lágrimas de Messi en Nueva Jersey parecían confirmar lo inevitable. Aunque su despedida fue menos ignominiosa que la de Diego Maradona, cuya carrera internacional terminó tras dar positivo en un control antidopaje durante el Mundial de 1994, Messi también se encaminaba hacia el final de su etapa como gran héroe de Argentina. La sensación se acentuó con la muerte de su padre y agente, Jorge, a los 68 años, tras una larga enfermedad.
Seis semanas después de la final, Messi confirmó su retiro. “Queda poco y se van cerrando etapas y esta es una que me duele mucho. Amo, amé y amaré siempre estar en la Selección. Me vacié, ya no tengo más para dar y aparte vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar”, escribió en Instagram.
Parecía el momento adecuado. Después de 21 años, 207 partidos, 125 goles y 68 asistencias, solo le queda un encuentro. Su carrera internacional estuvo marcada tanto por el dolor como por la perseverancia y llega a su fin con una Copa del Mundo, dos Copas América y una medalla de oro olímpica. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en su carrera de clubes, muchas veces se quedó a las puertas de la gloria.
Argentina fue subcampeona en dos Mundiales y tres Copas América durante la era Messi, y esas repetidas decepciones terminaron por convertirse en el combustible de una generación empeñada en darle los títulos que tanto había perseguido antes de que fuera demasiado tarde. Lionel Scaloni construyó un equipo dispuesto, ante todo, a dejarlo todo por Messi, y ese grupo conquistó la primera Copa del Mundo de Argentina desde México 1986 y la tercera de su historia.
Messi se retira con su gran objetivo cumplido y como un héroe indiscutido. No puede decirse lo mismo de su rival en el debate sobre quién es el mejor futbolista de todos los tiempos, si es que todavía cabe llamarlo así, porque la carrera internacional de Cristiano Ronaldo corre el riesgo de terminar de forma lamentable tras su último berrinche.
Después de pasar al menos dos años lastrando al equipo, aferrado a una titularidad que podría haber ocupado un jugador más joven y con mayores méritos, Ronaldo decidió no aprovechar el cierre natural del ciclo mundialista para retirarse de la selección y optó por continuar. Eso cambió cuando abandonó el combinado nacional después de quedarse en el banco sin jugar por primera vez en 18 años, durante un partido de la Liga de Naciones contra Noruega que Portugal ganó gracias a un gol de su reemplazo, Gonçalo Ramos. “A su debido tiempo, contaré a todos los portugueses la verdad sobre las razones que motivaron mi salida de la selección”, escribió en redes sociales. Y después llegó su cuarta entrevista con Piers Morgan.
La verdad es que ya no le importa a nadie. Ronaldo es como ese adolescente engreído que publica: “Borro mis redes sociales, estoy harto de la gente falsa. Si me necesitan, escríbanme”. Solo que él no tiene 14 años, sino 41. Por eso resulta difícil seguir prestándole atención: como ocurre con un niño problemático, hacerlo solo sirve para alimentar ese comportamiento.
En cambio, todas las miradas se dirigen a su rival, que ha observado en silencio cómo Ronaldo clavaba otro clavo en el ataúd de sus argumentos para proclamarse el mejor de todos los tiempos. El legado del portugués se deteriora cada vez más con el paso de los meses. El de Messi, en cambio, sigue brillando pese a venir de un fracaso, tanto individual como colectivo, en el escenario más importante de todos. Ha acumulado méritos de sobra para que se le perdone.

En Buenos Aires volverán a correr las lágrimas, pero serán de gratitud, orgullo y una enorme tristeza. No habrá enojo, decepción ni resentimiento. Messi marcó una era del fútbol y alcanzó en Argentina una dimensión casi divina. Ahora se despide en el momento justo, con la admiración intacta, la dignidad de siempre y la frente en alto.
Traducción de Leticia Zampedri




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