Cómo el partido entre Irlanda e Israel se convirtió en el encuentro más polémico del mundo
La tensión y el enojo en torno a la doble jornada de la Liga de Naciones se consideran “sin precedentes” para un partido entre dos países que no están en conflicto, informa Miguel Delaney desde Dublín
A unos 2 km del Aviva Stadium de la República de Irlanda, que no albergará los partidos de la Liga de Naciones contra Israel la próxima semana, hay una clara muestra de los motivos. En Liberty Hall, sede en Dublín del principal sindicato de trabajadores del país, una enorme pancarta insta a la selección nacional a “Detener el partido”.
Ese es también el nombre de la campaña ciudadana que respalda la pancarta, en la que se lee además: “Sigue tu conciencia, no seas cómplice del genocidio”.
El seleccionador irlandés, Heimir Hallgrimsson, fue aún más lejos la semana pasada al anunciar la convocatoria. “No estamos jugando con el genocidio, estamos jugando contra el genocidio. Estamos jugando contra Israel, no estamos jugando con Israel”, afirmó.
La contundencia de sus palabras causó sorpresa, pero reflejó la fuerte movilización de la sociedad irlandesa en torno a estos partidos y, al mismo tiempo, provocó la indignación de Israel.
Aunque organismos como la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU han calificado de genocidio las acciones de Israel en Gaza, ningún tribunal internacional ha emitido hasta ahora una sentencia definitiva que establezca que Israel haya cometido genocidio. Israel rechaza esa acusación.
Un portavoz de la Asociación de Fútbol de Israel declaró: “Es imposible hablar de genocidio contra nosotros y no responder”. En una publicación oficial en redes sociales, la entidad añadió: “Todavía no hemos encontrado la cura para la estupidez, la ignorancia y la hipocresía que demuestra [Hallgrimsson]. No jugamos con la ignorancia, la hipocresía y la estupidez; jugamos contra el entrenador que las personifica”.
Según informes, la Asociación de Fútbol de Israel estudia presentar una queja ante la UEFA, en medio de versiones de que los jugadores no intercambiarán camisetas al final del partido y de que el seleccionador israelí, Ran Ben Shimon, no estrechará la mano de Hallgrimsson.
La tensión ya era evidente el lunes, seis días antes del primer encuentro. La Asociación de Fútbol de Irlanda (FAI) canceló todos sus compromisos con los medios, excepto los exigidos por la UEFA, mientras que David Courell, director ejecutivo de la federación, calificó los duelos como “un par de partidos excepcionales”.
Israel jugará como local el domingo en Debrecen, Hungría, e Irlanda hará lo propio una semana después en Backa Topola, Serbia. RTÉ transmitirá ambos encuentros en directo por obligación contractual, pero prescindirá de la cobertura adicional. Tampoco habrá elementos comerciales ni actos tradicionales: las pantallas LED mostrarán únicamente mensajes de “respeto” y se suspenderán las habituales cenas entre dirigentes.
Todo ello responde, en gran medida, a la profunda indignación que existe en Irlanda por la guerra en Gaza y ha dado lugar a unas circunstancias que varias figuras del fútbol, incluidos altos cargos de la UEFA, han calificado de “sin precedentes” para dos países que no están en conflicto entre sí. “Nunca había visto nada igual”, afirmó una fuente.
En Irlanda, el debate sobre si la selección debería negarse a disputar los partidos ha dominado la conversación pública, con duras críticas a la FAI por su supuesta “cobardía”.
Fintan Drury, agente de fútbol irlandés y autor de dos libros críticos con el apoyo occidental a Israel, ha sido una de las voces más destacadas a favor de esa postura.
“El apoyo público a Palestina se ve sofocado por la cobardía institucional, empezando por un gobierno hipócrita. Su indiferencia permitió que la junta directiva de la FAI retirara su petición a la UEFA para que sancionara a Israel y luego decidiera disputar los partidos cuando le tocó enfrentarse a su selección”.
Una de las razones por las que Irlanda disputará como local en Serbia son los “desafíos operativos” que, según Courell, “podrían afectar la organización del encuentro” en Dublín, donde el partido habría provocado importantes protestas por lo que sus detractores consideran una “normalización” de las relaciones con Israel en un momento de especial relevancia histórica.
En Israel, personas cercanas a la selección consideran que la situación va más allá de la vivida en otros encuentros de los últimos tres años, en particular el partido de clasificación para el Mundial disputado contra Noruega en noviembre de 2025. Esos desplazamientos han incluido la presencia de 16 agentes del Mossad y francotiradores en los hoteles, en medio de la percepción de que no existe suficiente conciencia sobre el impacto que el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 tuvo en la sociedad israelí, incluidos los jugadores.
En cuanto a este partido, algunos han destacado el simbolismo que supone que Irlanda sea uno de los pocos países que no puede recibir a Israel en condiciones de seguridad, a diferencia de sus rivales de grupo, Kosovo y Austria.
Fuentes del fútbol europeo han expresado comprensión hacia la FAI por el delicado equilibrio diplomático que debe afrontar. Sin embargo, dentro del organismo irlandés también existe frustración por el hecho de que haya recaído sobre la federación la decisión de disputar o no los partidos.

Courell expresó su deseo de que este tipo de decisiones se tomaran en instancias superiores. Hallgrimsson coincidió y señaló una comparación habitual con Rusia: afirmó que no se ha explicado por qué un país está excluido y el otro no.
La respuesta es que esto depende, en gran medida, de la postura que adopten las distintas federaciones nacionales.
La postura general de la UEFA y la FIFA es evitar la exclusión de federaciones nacionales, tanto por el principio de que una selección representa a su federación y no necesariamente al gobierno de turno —Israel, por ejemplo, destaca la presencia de jugadores árabes en su equipo— como por la reticencia de ambos organismos a pronunciarse de forma reiterada sobre conflictos internacionales.
En ese sentido, ni la FIFA ni la UEFA sancionaron a Rusia por iniciativa propia tras la invasión de Ucrania, sino que actuaron después de que Polonia se negara a disputar contra la selección rusa un partido de repechaje para el Mundial, una postura respaldada por otros países.
Sin embargo, se entiende que la gravedad de la situación en Gaza llevó a la cúpula de la UEFA a debatir en octubre de 2025 una posible votación para excluir a Israel, aunque la iniciativa se aplazó en medio de las negociaciones de paz. La decisión llegó poco antes del partido contra Noruega, que anticipó muchas de las tensiones que ahora rodean los encuentros con Irlanda.
Las protestas bajo el lema “Detengan el partido de la selección” rodearon un encuentro que se convirtió en el evento deportivo con el mayor dispositivo de seguridad desplegado en el país desde los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994. La presidenta de la Federación Noruega de Fútbol, Lise Klaveness, ofreció una tensa conferencia de prensa, después de haber encabezado los llamados para excluir a Israel.
Klaveness recalcó que su postura no se debía a las recientes conclusiones de la Comisión de Investigación de la ONU, sino a que, según sostuvo, los equipos israelíes infringían las normas de la FIFA al jugar en territorio ocupado. Ese argumento, planteado inicialmente ante la FIFA por la Federación Palestina de Fútbol, fue retomado por la Asociación de Fútbol de Irlanda (FAI) ante la UEFA en 2024. Un panel independiente de la FIFA no se pronunció sobre el asunto y citó el “estatus jurídico no resuelto” de Cisjordania, pese a que la Corte Internacional de Justicia había determinado que la ocupación israelí del territorio palestino era ilegal.
En ese mismo grupo de clasificación, Italia disputó su partido contra Israel en el pequeño estadio Friuli de Udine, también por motivos de seguridad. La ciudad quedó sometida a un fuerte dispositivo policial, mientras políticos locales intentaban impedir que se celebrara el encuentro.
Udine también había sido sede de la Supercopa de la UEFA de 2025, dos meses antes, cuando las mascotas del organismo exhibieron pancartas con los mensajes “Dejen de matar niños” y “Dejen de matar civiles”. Según numerosas fuentes, funcionarios israelíes reaccionaron con indignación ante lo que consideraron “hipocresía” y “partidismo”.

Mientras tanto, Noruega donó a Médicos Sin Fronteras la recaudación de su partido, aunque ni su federación ni la italiana llegaron a plantearse un boicot por iniciativa propia.
Estas posturas han encontrado poco respaldo en amplios sectores de Irlanda, considerado por muchos uno de los países más propalestinos de Europa. Los vínculos históricos se remontan a más de un siglo, cuando funcionarios coloniales británicos desempeñaron funciones en ambos territorios, y desde entonces se han trazado numerosos paralelismos, en particular con Irlanda del Norte. En 1980, Irlanda se convirtió en el primer país de la entonces Comunidad Económica Europea en reclamar la creación de un Estado palestino. Como resumió una figura del fútbol irlandés: “Las fotos de niños muertos deberían ser suficientes”. Sin embargo, la relación también ha tenido sus complejidades: la política de neutralidad de Irlanda durante la Segunda Guerra Mundial generó tensiones posteriores con Israel.
Personas cercanas a la selección israelí consideran que en Irlanda no se comprende del todo su situación ni el papel de Hamás. Por todo ello, el resultado del sorteo causó consternación en ambas federaciones, aunque ninguna se negó finalmente a disputar los partidos.
La FAI sostiene que debe proteger los intereses a largo plazo del fútbol irlandés y calcula que un boicot podría costarle más de 5,5 millones de euros, además de exponerla a otras posibles sanciones. La delicadeza de la situación queda de manifiesto, sin embargo, en la insistencia de Courell en que la UEFA no ha amenazado a la federación con tales medidas.
Una posible prueba para la postura de la FAI es que el Tribunal de Arbitraje Deportivo respaldó la negativa de Polonia a jugar contra Rusia. Sin embargo, no está claro que ese caso siente un precedente, ya que la FIFA y la UEFA alegaron motivos de seguridad para suspender a Rusia, incluso en campo neutral. Además, aquella decisión se produjo después de que varios países amenazaran con boicotear los partidos, mientras que Irlanda tendría que asumir por sí sola el riesgo de una sanción.
Courell ha insistido en que la FAI continúa sus gestiones para que Israel sea excluido de las competiciones, aunque existe escepticismo al respecto tanto entre sus miembros como dentro de la UEFA. Las federaciones nacionales más cercanas a Irlanda aseguran no tener conocimiento de ninguna iniciativa en ese sentido.
La UEFA, sin embargo, ha dado a entender que en el futuro podría considerar la posibilidad de mantener separados en los sorteos a países cuando existan tensiones de este tipo. Ese podría ser uno de los legados de estos encuentros.
En otra excepción al protocolo habitual, la FAI habló sobre los partidos con los jugadores y el cuerpo técnico. “Ninguno de nosotros se siente cómodo disputando estos encuentros, pero, una vez que decidimos jugarlos, nos mantenemos unidos y lo hacemos como un solo equipo”, declaró Hallgrimsson.
Algunos jugadores también tienen presente la posible influencia de la Liga de Naciones en la clasificación para la Eurocopa 2028, que Irlanda coorganizará junto con Gran Bretaña. “Va a suceder”, señaló una fuente. “Así que los jugadores tienen que afrontarlo como cualquier otro partido”.
Sin embargo, todo lo que rodea estos encuentros indica precisamente lo contrario.
Traducción de Leticia Zampedri





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