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Análisis

Trump le da la espalda a Occidente y se alinea con Putin: ¿qué deben hacer ahora el Reino Unido y Europa?

El plan de Trump de negociar sobre Ucrania en China, sin la participación de Kiev, es el episodio más reciente de su campaña de sabotaje en favor de Vladimir Putin, escribe Sam Kiley, editor de Asuntos Internacionales. Ante esta situación, Europa y el Reino Unido deben actuar

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Donald Trump planea mantener “conversaciones de paz” con Vladimir Putin en China sobre el futuro de Ucrania, pero sin la participación del país afectado, e incluso afirmó que Kiev debería estar representada por alguien distinto de Volodymyr Zelensky. Estas propuestas son absurdas, perjudiciales y peligrosas para Europa.

Llegó el momento de que Occidente marque distancia y haga frente al Gobierno estadounidense. El presidente ruso parece tener un aliado incondicional en la Casa Blanca, que, por lo visto, actúa al servicio de los intereses de Moscú.

El Kremlin representa una amenaza para Europa y el resto del mundo. Ante esta situación, los países europeos de la OTAN, Canadá, Japón, Corea del Sur y los líderes de otras democracias deben unir fuerzas para poner fin al absurdo plan de Trump.

Trump, su secretario de Estado y su secretario de Guerra insistieron en que Estados Unidos destinó cientos de miles de millones de dólares a Ucrania sin recibir nada a cambio. Sin embargo, las cifras no respaldan esa afirmación. Desde su regreso al poder, el Gobierno de Trump no proporcionó ayuda militar al país. En cambio, Joe Biden autorizó y asignó alrededor de 127.000 millones de dólares, mientras que Europa y el Reino Unido aportaron cerca de 260.000 millones de dólares en asistencia.

El Kremlin ha adoptado un discurso similar al de Donald Trump
El Kremlin ha adoptado un discurso similar al de Donald Trump (Reuters)

La presencia rusa en Ucrania es el problema más urgente que enfrenta Europa. Por eso, los esfuerzos de Trump para favorecer a Rusia constituyen un acto propio de un enemigo.

Los líderes europeos deben alzar la voz y denunciarlo sin rodeos. También tendrán que explicar a sus ciudadanos, que ya enfrentan una ola de disturbios y protestas en todo el continente, agravada por la manipulación rusa en redes sociales, que será necesario aumentar los impuestos y hacer sacrificios para ayudar a Ucrania a resistir el sabotaje estadounidense.

La administración Trump ha desmantelado dos pilares fundamentales para la defensa de Ucrania. Por un lado, ha interrumpido el intercambio de información de inteligencia que permitía a Kiev, entre otras cosas, recibir alertas tempranas sobre posibles ataques con misiles rusos.

Por otro, ha limitado a 160 km/h la velocidad a la que pueden desplazarse los terminales Starlink por el aire, lo que impide utilizarlos en misiles de defensa aérea y drones en el campo de batalla.

La retirada del apoyo a largo plazo por parte de Trump constituye una traición tanto a Ucrania como a los aliados de Estados Unidos. Pero restringir el acceso a información de inteligencia y dejar fuera de servicio armas utilizadas en el campo de batalla va todavía más lejos: es un acto de sabotaje.

La administración Trump ha exigido que Ucrania acepte las condiciones impuestas por Rusia y ha permitido que los ataques con misiles rusos sigan cobrando vidas ucranianas, en un intento de obligar a Kiev a ceder.

Con estas decisiones, la administración Trump se ha convertido en parte de la campaña que Rusia libra contra las democracias occidentales sin llegar a una guerra convencional. Sus acciones durante el último mes forman parte de la guerra híbrida que el Kremlin mantiene contra Europa y otros países.

Agentes de policía evacúan a un residente de Komyshuvakha, una localidad rural situada en la línea del frente en la región ucraniana de Zaporiyia
Agentes de policía evacúan a un residente de Komyshuvakha, una localidad rural situada en la línea del frente en la región ucraniana de Zaporiyia (Reuters)

Durante el último mes, varios altos funcionarios de inteligencia británicos y europeos, así como el comandante estadounidense de la OTAN, han advertido sobre la intensificación de las operaciones hostiles de Rusia, que incluyen sabotajes, incendios provocados, ciberataques, espionaje, incursiones con drones, campañas de desinformación e injerencia política.

Además, Moscú estaría recurriendo a organizaciones criminales para ejecutar ataques sin dejar pruebas directas de su participación, lo que le permitiría negar cualquier responsabilidad. Algunos funcionarios incluso han advertido que estas operaciones podrían desembocar en ataques con numerosas víctimas o en incursiones militares limitadas en territorio de la OTAN.

Entre quienes han expresado estas preocupaciones se encuentran Sir Ken McCallum, director del servicio de inteligencia interior británico MI5; Martin Jäger, jefe del Servicio Federal de Inteligencia de Alemania (BND); Michal Koudelka, director de la inteligencia checa; el general estadounidense Alexus Grynkewich, comandante supremo aliado de la OTAN; Beate Gangås, jefa del servicio de inteligencia noruego, y varios funcionarios de inteligencia de Dinamarca.

En este contexto, Trump se ha alineado con los intereses de Moscú mediante una serie de decisiones que han favorecido a Rusia. Entre ellas, suspendió las sanciones financieras estadounidenses contra bancos y funcionarios rusos, así como las restricciones impuestas a la flota clandestina de petroleros utilizada para transportar crudo ruso por el mundo y eludir las medidas internacionales.

Asimismo, responsabilizó a Ucrania del aumento del precio del diésel, pese a que sus propios ataques contra Irán contribuyeron al encarecimiento del combustible. A esto se suma un acuerdo alcanzado con Rusia para importar combustible a Estados Unidos.

Según este análisis, estas decisiones han dado un nuevo impulso a la economía de guerra rusa en un momento en que enfrentaba dificultades por los ataques ucranianos con misiles de largo alcance y las sanciones internacionales. Al mismo tiempo, las restricciones al intercambio de información de inteligencia y al funcionamiento de Starlink habrían favorecido la capacidad de Rusia para llevar a cabo ataques mortales.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, junto al enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, y Jared Kushner, tras una conferencia de prensa conjunta en septiembre
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, junto al enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, y Jared Kushner, tras una conferencia de prensa conjunta en septiembre (Reuters)

Esto convierte a Trump en parte de la campaña de sabotaje y guerra híbrida que Rusia libra contra Europa, el Reino Unido y el propio Estados Unidos. Los líderes occidentales saben que el presidente estadounidense se convirtió en un enemigo, pero se niegan a reconocerlo. Esa falta de reconocimiento limita la capacidad del mundo libre para hacer frente a la amenaza que representa.

Mientras Trump permanezca en la Casa Blanca, seguirá actuando como si trabajara para Putin, tal como lo hizo hasta ahora. Europa y el Reino Unido se encuentran, por tanto, ante un punto de inflexión histórico que exige dejar las palabras de lado y tomar medidas concretas.

El panorama es desalentador para los líderes europeos y para una población que ya salió a las calles para protestar contra el deterioro de los servicios públicos, los altos impuestos y la caída de su calidad de vida. En una democracia, resulta difícil imaginar que un político pueda pedir aún más sacrificios a sus ciudadanos y, al mismo tiempo, aspirar a la reelección.

La célebre frase de Winston Churchill, “sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo”, difícilmente serviría para ganar unas elecciones. Pero no se trata de un eslogan de campaña, sino de una advertencia sobre los sacrificios necesarios para sobrevivir.

Traducción de Leticia Zampedri

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