Si Shane Gillis quiere ofender a las mujeres, podría al menos intentar ser gracioso
La parte más ofensiva del chiste de Gillis sobre “mujeres que se visten como p***s” fue lo profundamente mediocre que es, escribe Holly Baxter
Hace tiempo que no veo Saturday Night Live, así que no me había dado cuenta de que los hombres ya no son graciosos.
Si no te has enterado, el humorista Shane Gillis fue invitado de nuevo al programa de comedia este fin de semana —después de haber sido despedido por varios chistes racistas y homófobos— y celebró la ocasión diciendo que acababa de volver al gimnasio después de mucho tiempo. ¿Sabías que ahora las mujeres allí se visten como p***s? Llevan shorts cortos de colores llamativos que se ajustan a las nalgas. ¿Lo sabías? ¿Lo has visto? Y lo peor de todo, ni siquiera te dejan mirarlas cuando llevan esos shorts tan provocativos: “No mires. No puedes mirar. En serio, no mires, ¡porque te están grabando!”.
Tengo muchísimas preguntas sobre este monólogo. La primera es: ¿De verdad le llevó una semana escribirlo? Porque, sobre todo, el chiste es increíblemente aburrido. ¿De verdad hemos llegado al punto de pagarles a los comediantes enormes sumas de dinero para que digan “los shorts cortos hacen que las mujeres parezcan p***s”, algo que podríamos obtener gratis de cualquier pastor evangélico local? Porque sí, este chiste viola la regla de “no te burles de los oprimidos” en la comedia, pero también viola la regla de que la comedia tiene que ser graciosa. Aquí tenemos a un hombre al que le pidieron que abriera uno de los programas de televisión más importantes del mundo, que tuvo una semana entera para preparar un par de minutos de comedia pensando en un público mixto (en lugar de, digamos, un público de niños de 12 años), y esto es lo mejor que pudo ofrecer. Quizás la próxima vez que salga, pueda intentar con “¡¿Qué tal esa comida de avión?!”.
Por cierto, más adelante en el programa, Gillis dijo “m****a” accidentalmente durante un scketch, por lo que luego se disculpó . Decir “m****a” no causa un daño social como llamar “p***s” a las mujeres en el gimnasio, pero sí afecta tu posibilidad de volver a la televisión en directo cuando incomodas a quienes tienen que censurar el momento, así que supongo que tiene sentido.
La respuesta de Gillis a cualquiera que no le gustara el chiste de las mujeres como p***s —como de costumbre, como dice cada vez que se mete en líos racistas, misóginos y homófobos— fue que él “rompía barreras” y “se arriesgaba” con su comedia, y que se disculpaba con cualquiera que se hubiera sentido ofendido. Obviamente, esta es una opinión increíblemente débil, porque un hombre borracho me gritó “¡P***a!” hace un par de meses en el metro y no fue declarado inmediatamente una de las mentes cómicas más brillantes y valientes de nuestra generación. “Las mujeres parecen p***s con shorts ajustados” no rompe ninguna barrera en absoluto en un país (Estados Unidos) en el que el presidente es un hombre que una vez habló de agarrar a las mujeres “por la c****a”; en el que el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, no quiere ascender a las mujeres en el Ejército; y en el que la Corte Suprema acabó con el derecho federal al aborto: es, en cambio, una demagogia obvia y perezosa.

Ojalá Shane Gillis nos ofreciera una comedia transgresora y provocadora, algo que realmente contradijera el statu quo actual, como “Tal vez la inteligencia artificial que amenaza con acabar con el mundo debería estar regulada” o “¿Y si no fusiláramos a un hombre en directo por televisión?”. Obviamente, estoy bromeando, pero si tuviera una semana, seguro que se me ocurrirían frases realmente graciosas sobre esos temas. De hecho, estoy segura de que la mayoría podría pensar en algo. Lo que de verdad me indigna es que a los hombres les paguen una fortuna por semejante mediocridad.
Tal vez, Shane Gillis podría decirme, es el momento adecuado para la comedia retrógrada, porque refleja la realidad social de EE. UU.: estamos retrocediendo. Y cuando digo retrocediendo, para que quede claro, no me refiero tanto a los años 80 como a que estamos volviendo al siglo XVI, cuando las ejecuciones públicas eran normales y todo el mundo conocía a una mujer que tenía catorce hijos y pasaba la mayor parte del tiempo horneando pan. Las mujeres encienden las noticias en este país ahora mismo y leen habitualmente sobre agentes de ICE que disparan a padres que van en el auto con sus hijos de cinco años; o estudiantes de universidades de la Ivy League siendo violadas en grupo; u otro asesino de familias que mató a varias generaciones en un tiroteo masivo; o el presidente invitando a Irán a lanzar bombas nucleares sobre Los Ángeles y San Diego. Y en medio de todo este horror, en medio de toda esta desolación implacable, de todo este trabajo extenuante por salarios que ya no alcanzan para comprar comida ni gasolina, de toda la preocupación por los pistoleros y los agentes secretos enmascarados en las calles y la inminente posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, encendemos la televisión al final de la semana y ¿ya ni siquiera podemos reírnos? ¿Lo mejor que pueden sacar del fondo del barril es un hombre que cree que los shorts de gimnasia hechos de licra son una novedad?
Creo en el poder del humor para ayudarnos a superar los momentos más difíciles. Y si tengo que renunciar a mis derechos, al menos me gustaría poder participar de la broma. Es un insulto a mi inteligencia intentar manipularme para que crea que la verdadera razón de que no me guste el chiste es que simplemente no tolero la comedia transgresora.

Debo decir que no odié del todo el resto del monólogo de Gillis. Fue lo suficientemente gracioso, y de hecho, gran parte de él jugaba con estereotipos sexistas, pero de una manera mucho más sutil y, por lo tanto, humorística. En un momento dado, contó que el comediante Theo Von le había dicho que parecía un huevo de gasolinera mientras estaba en la sauna y que esa era “una de las cosas más crueles” que le habían dicho jamás. Eso es bastante gracioso. También subraya que él nunca podría sobrevivir como mujer, porque a mí me han gritado cosas peores a través de la ventanilla abierta de un auto unos estudiantes de secundaria mientras voy en camino a reuniones, y ni siquiera me estropearon la mañana del lunes.
Probablemente lo más identificable que dijo Gillis fue durante un segmento final sobre su calvicie incipiente. “O eres gay o Hitler, ¿y no es ahí donde estamos como país?”, fue como terminó la frase, lo cual es cierto, ¿no? Hoy en día, o te alías con el fascismo o eres un maricón con mentalidad progresista que propaga el virus con una agenda comunista y Pete Hegseth te pateará la cabeza, o al menos intentará hacer una dominada de forma teatral frente a ti mientras se bebe una lata de Huel. Al menos este es un chiste que nos interpela a todos y se burla adecuadamente de lo absurdo de la situación.
Sin duda, lo más gracioso del monólogo de Gillis fue cuando dijo que su amigo Joe Rogan tenía un gimnasio privado en Texas al que podía ir, e hizo una pequeña pausa que claramente pretendía dar pie a los aplausos para Joe Rogan, pero nadie —ni siquiera los que disfrutaron del segmento de “mujeres como p***s”— aplaudió. Ese momento sí que me hizo sonreír.
Quizás aún haya esperanza para la sociedad estadounidense.
Traducción de Sara Pignatiello

Bookmark popover
Removed from bookmarks