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¿Te muerdes las uñas? Esta es la razón, según un psicólogo

El psicólogo clínico Dr. Charlie Heriot-Maitland sugirió que nos mordemos las uñas como una forma de protegernos a nosotros mismos

Morderse las uñas y arrancarse la piel no son simples reflejos automáticos, sino mecanismos de supervivencia, según explicó el psicólogo clínico Dr. Charlie Heriot-Maitland
Morderse las uñas y arrancarse la piel no son simples reflejos automáticos, sino mecanismos de supervivencia, según explicó el psicólogo clínico Dr. Charlie Heriot-Maitland (Getty/iStock)
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Morderse las uñas o arrancarse la piel no son simples reflejos automáticos: son mecanismos de supervivencia, según el análisis psicológico de nuestros hábitos cotidianos.

Aunque no existe una causa única que explique por qué las personas se muerden las uñas, hay varias teorías al respecto. Algunas apuntan a que se trata de una forma de lidiar con emociones difíciles, el aburrimiento o la necesidad de mantener las manos ocupadas. Otras sugieren que el hábito podría adquirirse por imitación de los padres.

Estas conductas pueden parecer poco higiénicas, dolorosas e incluso contradictorias. Sin embargo, el psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland plantea que hemos desarrollado estos “pequeños daños” como una forma de protegernos emocionalmente.

“El cuerpo, al generar una pequeña sensación física, logra un enfoque inmediato, una liberación rápida de tensión y una sensación de control”, explicó el Dr. Charlie Heriot-Maitland a The Independent. Y añadió: “Eso es preferible a la alternativa, que es dejarse llevar por emociones abrumadoras y descontroladas”.

Su nuevo libro, Controlled Explosions in Mental Health (“Explosiones controladas en la salud mental”), se divide en tres grandes secciones: autoboicot, autocrítica y autolesión. Estos comportamientos incluyen acciones como desaparecer de la vida de un nuevo amigo (ghosting), el perfeccionismo y morderse las uñas.

El psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland plantea que hemos desarrollado estos “pequeños daños” como una forma de protegernos emocionalmente
El psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland plantea que hemos desarrollado estos “pequeños daños” como una forma de protegernos emocionalmente (Getty/iStock)

Explicó que conductas como arrancarse la piel o morderse las uñas son formas leves de autolesión con las que muchas personas pueden sentirse identificadas, mientras que problemas más graves —como los cortes o los trastornos alimentarios— representan versiones más extremas de esa misma dinámica. Al hablar de hábitos como estos, espera que el público pueda comprender mejor las formas más estigmatizadas de autolesión.

“Si generas dolor al arrancarte el cabello, justo después del dolor experimentas alivio. Es como si activaras las endorfinas naturales del cuerpo”, señaló.

Sin embargo, aclaró que no lo hacemos solo para obtener alivio inmediato, sino también como una forma de protegernos emocionalmente.

Además, agregó: “Nuestro cerebro es una máquina de supervivencia. No está programado para optimizar nuestra felicidad o bienestar, sino para mantenernos con vida. Necesita que vivamos en un mundo predecible. No le gustan las sorpresas. No quiere que nos tomen desprevenidos”.

Este mecanismo de protección se basa en un principio fundamental: el cerebro prefiere enfrentarse a una amenaza controlada y conocida antes que lidiar con la posibilidad de una amenaza desconocida y fuera de control.

La base científica de esta teoría se encuentra en la evolución del cerebro humano, diseñado principalmente para la supervivencia y no para la felicidad. El cerebro está programado para detectar peligros en todas partes, una capacidad que fue crucial para la supervivencia de la especie. Sin embargo, hoy eso implica que estamos especialmente sensibles a posibles amenazas —físicas o emocionales— incluso antes de que ocurran.

En muchos casos, las personas que desarrollan hábitos como morderse las uñas pueden haber comenzado a hacerlo en momentos de ansiedad, y con el tiempo se transforma en una acción repetitiva que se vuelve aprendida, sugirió el Dr. Heriot-Maitland.

Aunque existen consejos prácticos para abandonar el hábito —como cortarse las uñas más cortas o usar tratamientos específicos para evitar morderlas—, el Dr. Heriot-Maitland advierte que no hay “soluciones rápidas”.

En lugar de centrarse solo en eliminar la conducta, explicó que es fundamental “comprender la función de estos comportamientos” y “algunos de los miedos subyacentes que están siendo protegidos”.

Traducción de Leticia Zampedri

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