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Los alimentos ultraprocesados tienen más en común con los cigarrillos que con las verduras, según un estudio

El alto consumo de ultraprocesados se asocia con obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y trastornos de salud mental

¿Qué tan dañinos son los alimentos ultraprocesados? | Decomplicated
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Los alimentos ultraprocesados deberían enfrentar regulaciones más estrictas, según un estudio que advierte que estos productos tienen más similitudes con los cigarrillos que con las frutas y verduras.

A través de la investigación, realizada por universidades de Estados Unidos, los expertos sostienen que tanto los ultraprocesados como el tabaco han sido diseñados para incentivar el consumo y generar dependencia, y reclama mayores esfuerzos de salud pública para reducir su impacto.

Datos de 50 países ya vinculan el alto consumo de estos alimentos con el aumento de la obesidad, cambios neurológicos y trastornos metabólicos, incluidas enfermedades como el Parkinson, y estimaciones recientes señalan que, en Estados Unidos, una persona muere cada cuatro minutos por enfermedades prevenibles asociadas a estos productos.

En el estudio, elaborado por investigadores de la Universidad de Harvard, la Universidad de Duke y la Universidad de Michigan, se señala que ambas industrias han recurrido a estrategias similares para eludir regulaciones y aumentar el atractivo de sus productos, mecanismos que, en conjunto, “secuestran la biología humana”.

Aunque los ultraprocesados incluyen ejemplos evidentes como papas fritas, golosinas y pizzas congeladas, también abarcan productos que muchas personas consideran saludables, como barras de granola envasadas, bebidas deportivas y yogures con fruta.

Los fabricantes de alimentos ultraprocesados han empleado tácticas similares a las de la industria tabacalera
Los fabricantes de alimentos ultraprocesados han empleado tácticas similares a las de la industria tabacalera (Getty)

Entre los ejemplos que menciona la investigación figuran las estrategias de marketing de productos como las barras proteicas, que se promocionan como “bajas en grasa” o “sin azúcar”. Según los científicos, se trata de tácticas de “maquillaje saludable”, comparables a las que utilizó la industria tabacalera en la década de 1950 para publicitar los filtros de los cigarrillos como supuestamente más seguros.

Tanto los cigarrillos como los alimentos ultraprocesados están diseñados para ofrecer una dosis “justa” de sustancias que refuerzan el consumo: nicotina en el caso del tabaco, y carbohidratos refinados y grasas en el de los ultraprocesados.

En el estudio, publicado en la revista especializada The Milbank Quarterly, los invfestigadores analizaron datos de los campos de la nutrición, la ciencia de las adicciones y la historia de la salud pública para establecer estas comparaciones..

Aunque la reducción del tabaquismo fue uno de los mayores logros sanitarios del siglo XX, los ultraprocesados siguen dominando el mercado alimentario global, lo que ha reavivado los llamados a aplicar herramientas de política pública como restricciones a la publicidad dirigida a niños y límites a su disponibilidad en las escuelas.

Los autores concluyeron que los ultraprocesados no deberían evaluarse solo desde una perspectiva nutricional, sino también como sustancias adictivas diseñadas industrialmente.

“Las lecciones de la regulación del tabaco —incluidos los litigios, las restricciones al marketing y las intervenciones estructurales— ofrecen una hoja de ruta para reducir los daños asociados a los ultraprocesados”, señalan en el informe.

“Los esfuerzos de salud pública deben dejar de centrarse en la responsabilidad individual y avanzar hacia la rendición de cuentas de la industria alimentaria, reconociendo a los ultraprocesados como potentes impulsores de enfermedades prevenibles”.

La profesora Ashley Gearhardt, de la Universidad de Michigan, psicóloga clínica especializada en adicciones y una de las autoras del estudio, señala que sus pacientes suelen hacer la misma comparación. “Me dicen: ‘Siento que soy adicto a estas cosas, las necesito. Antes fumaba cigarrillos y ahora tengo el mismo hábito, pero con las gaseosas y las donas. Sé que me están matando y quiero dejar de consumirlas, pero no puedo’”, relata.

Gearhardt agrega que, durante mucho tiempo, la responsabilidad recae solo en el individuo. “Decimos: ‘Bueno, fuma con moderación, toma con moderación’, hasta que finalmente entendemos cuáles son las palancas que puede accionar la industria para crear productos capaces de enganchar a las personas”.

Traducción de Leticia Zampedri

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