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ANÁLISIS

La historia secreta de cómo la visita del papa Francisco terminó debilitando a Viktor Orbán en Europa

El editor político David Maddox rastrea los orígenes de la aplastante derrota de Viktor Orbán hasta las consecuencias inesperadas de una visita del papa Francisco hace casi tres años

Péter Magyar celebra una victoria aplastante en Hungría y promete un cambio político en su discurso
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Quienes analicen con atención la aplastante derrota del gobierno de Viktor Orbán en Hungría, uno de los líderes más derechistas de Europa, llegarán a una conclusión clara: su distancia con la Unión Europea, su cercanía con Vladimir Putin, su incapacidad para conectar con los votantes jóvenes y la creciente percepción de corrupción política explican su caída.

Sin embargo, esta explicación presenta un problema. Todos esos factores también estaban presentes cuando Orbán obtuvo una victoria igualmente contundente en las elecciones de 2022, un resultado que pareció consolidar su poder y dejarlo prácticamente intocable.

Es más, en esta ocasión Orbán parecía contar con una posición política incluso más favorable que entonces. Su aliado Donald Trump ocupaba la Casa Blanca, en lugar de un adversario político como Joe Biden. Además, el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, participó en un acto de apoyo de último momento durante un mitin en la víspera de las elecciones. No obstante, varias encuestas indicaron que ese respaldo pudo haber resultado contraproducente.

Entonces surge la pregunta: ¿qué cambió en los cuatro años que siguieron a aquella victoria que dejó a la oposición frente a su partido, Fidesz, prácticamente aniquilada?

La respuesta se encuentra en un episodio inesperado que marcó el inicio del desgaste político de Orbán: la visita del papa Francisco. El escándalo que estalló después expuso la corrupción dentro de Fidesz y del propio gobierno. Como resultado, dos de sus aliados políticos perdieron sus carreras y la figura de Péter Magyar ganó fuerza como principal candidato para reemplazarlo como primer ministro.

El papa Francisco y Viktor Orbán mantuvieron profundas diferencias políticas y sociales
El papa Francisco y Viktor Orbán mantuvieron profundas diferencias políticas y sociales (AFP/Getty)

Una visita papal improbable

En abril de 2023, el papa Francisco realizó una visita oficial a Hungría. El viaje se presentó como un momento culminante para la era de Viktor Orbán y como un posible aval a sus políticas católicas conservadoras, centradas en la defensa de la familia y en su rechazo a la agenda LGBTQ+.

Sin embargo, desde el punto de vista político, el viaje resultó inesperado. Francisco y Orbán representaban posiciones casi opuestas, sobre todo en relación con la postura dura del primer ministro húngaro frente a la inmigración.

Aun así, el pontífice sentía un vínculo especial con Hungría. Cuando era superior de los jesuitas en Argentina, conoció a monjas húngaras que habían huido del país tras la represión comunista del levantamiento de 1956. A partir de ese contacto nació su interés por la cultura del país e incluso aprendió el idioma.

Además, Orbán contaba con un aliado clave en Roma: Eduardo de Habsburgo, embajador de Hungría ante la Santa Sede y descendiente de la antigua familia imperial austrohúngara. El diplomático logró establecer una relación cercana con el Papa.

De hecho, ya había tejido una inesperada vía de diálogo con el pontífice en torno a la guerra en Ucrania. Ambos exploraron la posibilidad de una salida negociada con Vladimir Putin que pusiera fin al conflicto, en lugar de apostar por una solución militar. Ese acercamiento también pudo influir en la decisión del Papa de visitar Hungría.

Las consecuencias de la visita

La visita en sí fue un éxito. Sin embargo, sus consecuencias desestabilizaron el gobierno de Orbán y debilitaron de forma duradera su control del poder.

Péter Magyar lideró protestas anticorrupción en Hungría tras estallar el escándalo
Péter Magyar lideró protestas anticorrupción en Hungría tras estallar el escándalo (AFP/Getty)

En un intento por reflejar el mensaje de misericordia del papa Francisco, el gobierno húngaro decidió conceder clemencia a 25 personas condenadas por distintos delitos. La medida pronto se convirtió en un desastre político. Entre los indultados figuraba Endre Konya, exsubdirector del hogar infantil Kossuth Zsuzsa de Bicske. Konya había intimidado a varios niños para que ocultaran pruebas de abuso sexual y pedofilia, con el fin de proteger a su superior.

Cuando el caso salió a la luz, la reacción pública fue inmediata. La indignación creció aún más cuando se supo que el indulto se había concedido bajo la presión de Zoltán Balog, un exarzobispo que luego pasó a la política y se convirtió en aliado cercano de Orbán.

El escándalo terminó con la dimisión forzada de dos figuras clave del gobierno. La primera fue Katalin Novák, presidenta de Hungría y considerada por algunos como posible heredera política de Orbán. Durante años había sido una de las principales impulsoras de la agenda gubernamental a favor de la familia. Fue ella quien firmó el indulto, mientras que Balog actuaba como su mentor político.

La segunda figura fue Judit Varga, otra dirigente en ascenso dentro de Fidesz y exministra de Justicia. Desde su cargo había presentado la lista de personas que recibirían el perdón presidencial.

A comienzos de 2024, Orbán ordenó a ambas mujeres que renunciaran, lo que puso fin a sus carreras políticas. Para entonces, sin embargo, el daño ya era profundo. A partir de ese momento, el liderazgo de Orbán comenzó a perder fuerza con rapidez.

El ascenso de Péter Magyar

La salida de dos figuras clave de la nueva generación de Fidesz no fue la única consecuencia del escándalo. Las repercusiones se sintieron con especial fuerza en el caso de Judit Varga.

En el momento de su dimisión, Varga lideraba los esfuerzos para construir una coalición de derecha euroescéptica de cara a las elecciones al Parlamento Europeo. Su objetivo consistía en articular una alianza entre distintos partidos conservadores del continente.

En ese marco, buscaba colaborar con fuerzas como Fratelli d’Italia, el partido encabezado por Giorgia Meloni, con la intención de impulsar un giro en la política europea. Sin embargo, esos planes se debilitaron cuando Varga salió del escenario político.

Con su caída también se diluyeron, al menos por el momento, las expectativas de consolidar una nueva hegemonía de la derecha en Europa.

Eduard Habsburg fue embajador de Hungría ante el Vaticano
Eduard Habsburg fue embajador de Hungría ante el Vaticano (Embajada de Hungría)

Sin embargo, un hecho resultó mucho más significativo: el fin del matrimonio de Judit Varga con el ambicioso abogado y político Péter Magyar, antiguo miembro del partido de Orbán.

La relación terminó poco antes de que la carrera política de Varga se derrumbara. A partir de ese momento, Magyar inició una campaña en redes sociales en la que reveló numerosos episodios internos de Fidesz y denunció lo que describió como una red de corrupción dentro del partido y del gobierno.

Poco después asumió el liderazgo del partido de centroderecha Tisza. Desde esa posición encabezó multitudinarias protestas contra la corrupción y, con el tiempo, tomó el control de la coalición que finalmente derrotó a Orbán y lo llevó al cargo de primer ministro de Hungría.

Su perfil político marcó una diferencia clave frente a intentos anteriores de desalojar a Orbán del poder. A diferencia de las coaliciones opositoras del pasado, Magyar provenía del propio campo conservador y no de la izquierda. Esa condición lo convirtió en un adversario mucho más difícil para el oficialismo.

Al igual que ocurrió en Polonia con Donald Tusk, quien logró desplazar a otro gobierno de derecha enfrentado con la Unión Europea, Magyar contó con una clara simpatía de la Comisión Europea. El respaldo fue tan visible que Orbán y el vicepresidente estadounidense J. D. Vance llegaron a acusar a Bruselas de interferir en las elecciones.

Ahora Magyar se prepara para encabezar un gobierno de centroderecha más moderado y claramente proeuropeo, lo que pondrá fin al último gobierno abiertamente enfrentado con Bruselas dentro de la Unión Europea.

Una gran pérdida para la derecha global

La salida de Orbán fue, en gran medida, consecuencia del escándalo y de una creciente arrogancia política. Sin embargo, su caída también implica la desaparición de una red intelectual y política que durante años sirvió de referencia para sectores de la derecha en distintas partes del mundo. Orbán mantenía vínculos estrechos con el Likud en Israel, con Donald Trump y el movimiento MAGA en Estados Unidos, y con figuras cercanas a Nigel Farage y al Partido Reformista en el Reino Unido.

Durante su gobierno, además, impulsó una infraestructura ideológica destinada a consolidar una agenda conservadora para el siglo XXI. Apoyó a centros de pensamiento como el Instituto del Danubio y el Colegio Mathias Corvinus, espacios que funcionaron como plataformas para el intercambio de ideas entre la derecha europea y la estadounidense. En ese mismo marco, Hungría comenzó a acoger la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), uno de los principales encuentros del conservadurismo estadounidense.

La victoria de Péter Magyar podría desarticular buena parte de esa red. Al mismo tiempo, abre la puerta para que la Unión Europea adopte una postura más firme frente a Vladimir Putin en relación con la guerra en Ucrania. Con la salida de Orbán desaparece el último líder del bloque que mantenía una relación directa con Trump y que, al mismo tiempo, se mostraba reticente a la línea dura de Bruselas.

En ese nuevo contexto, Hungría también podría recuperar los fondos europeos que la Comisión había retenido debido a las políticas más polémicas del gobierno de Orbán.

La visita del papa Francisco se pensó como un momento de consagración para el líder húngaro. Sin embargo, con el paso del tiempo terminó por marcar el inicio de su caída política.

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