Historiador sostiene que famoso retrato atribuido a Ana Bolena en realidad muestra a otra figura real
¿Decapitarla otra vez? Un retrato de la colección de la National Portrait Gallery, atribuido durante siglos a Ana Bolena, podría no solo representar a otra figura real, sino haber sido una poderosa herramienta política para reforzar el poder de Isabel I en el trono
Un retrato de Ana Bolena, conservado en la National Portrait Gallery, pudo haber sido pintado para destacar importantes similitudes entre la controvertida segunda esposa de Enrique VIII y su hija, quien llegó al trono como Isabel I.
Un grupo de investigadores sostiene que la obra, realizada en 1584, casi cinco décadas después de la ejecución de Bolena, fue concebida deliberadamente con un parecido a Isabel I como rasgo central. Además, señalan que el objetivo fue reforzar la legitimidad de la reina en un momento en que enfrentaba diversas amenazas.
“Este es definitivamente un retrato de Ana Bolena, y eso es lo que el artista quiso representar. Pero es más que una simple semejanza, porque tiene un peso político”, afirmó el doctor Owen Emmerson, cocurador de una nueva exposición en Hever Castle, la residencia ancestral de la familia Bolena.
Emmerson subrayó que se trata de una obra cuidadosamente concebida: “No es algo realizado a posteriori. Fue encargado de esta manera; hay una intención clara y cumple una función”.
El historiador explicó a The Independent que el contexto de su creación es fundamental para comprender su propósito. “Este es un momento clave del reinado de Isabel”, señaló, haciendo referencia a la creciente presión que enfrentaba la monarca ante las múltiples conspiraciones católicas que amenazaban su gobierno.
“Fue excomulgada, lo que dio al papa licencia para que sus súbditos la desafiaran y derrocaran. Además, ya no estaba en edad de tener hijos y seguía soltera, por lo que no podía proyectar su legitimidad hacia el futuro”, concluyó.
Señaló que en ese período surgió un patrón en varios retratos de Ana Bolena, en los que aparece con un marcado parecido a su hija. Además, el doctor Emmerson sostuvo que se trató de una maniobra astuta para “promover su legitimidad mirando al pasado y así consolidar su derecho al trono”.

“Es una forma inteligente de hacerlo”, afirmó. Luego explicó que la necesidad de que Isabel se asemejara a sus antepasados respondía al estigma que rodeaba a su madre, Ana Bolena, ejecutada por traición y adulterio. Además, circulaban ampliamente rumores que ponían en duda la filiación de Isabel, sugiriendo que no era hija legítima de Enrique VIII. Por ello, de forma retrospectiva, se buscó presentarla como una auténtica Tudor mediante recursos visuales como este retrato.
A pesar de las décadas transcurridas desde la ejecución de su madre, Isabel I mostró un marcado interés en utilizar la imagen de Ana Bolena como herramienta propagandística, especialmente en un contexto en el que se intensificaban las dudas sobre la solidez de su autoridad en el trono.
“Esto no fue un esfuerzo cuidadosamente orquestado”, explicó Emmerson. Sin embargo, subrayó que el retrato tiene un fuerte peso simbólico: “Ana Bolena no debería parecer una Tudor, ya que se casó con uno, pero ese detalle no resulta central. Se trata de una forma visual muy eficaz de reforzar la legitimidad de Isabel”.
Según Emmerson, el retrato fue probablemente encargado por un cortesano cercano a la reina, con fines de exhibición pública, como un gesto de lealtad y apoyo. “Es una declaración audaz de su legitimidad”, afirmó.
En el siglo XVI, cuando las tasas de alfabetización eran bajas, la imagen jugaba un papel clave en la comunicación política. La sociedad se apoyaba en un lenguaje visual, y gran parte del mensaje del poder se transmitía a través del retrato.

“No eran piezas baratas de producir; eran bastante costosas”, señaló el historiador del arte Lawrence Hendra, en referencia a los retratos del siglo XVI.
El retrato de Ana Bolena fechado en 1584 fue atribuido a un artista anónimo, reconocido por su distintiva técnica para pintar perlas. Hendra, quien trabaja con el galerista y presentador de televisión Philip Mould, identificó varias obras que comparten este estilo, lo que llevó a bautizar al autor como “el pintor de las perlas”.
Fue Hendra quien llamó la atención del doctor Owen Emmerson sobre los retratos de Ana Bolena y Catalina de Aragón conservados en Hever Castle. Al analizarlos, Emmerson detectó por primera vez un notable parecido entre Ana Bolena e Isabel I, su hija, lo que alimentó la hipótesis de una construcción visual deliberada de legitimidad.
Este hallazgo es uno de los temas centrales del nuevo libro de Emmerson, Capturing the Queen: The Image of Anne Boleyn, coescrito junto con Kate McCaffrey, curadora asistente de Hever Castle.
Una exposición con el mismo nombre abrirá el 11 de febrero de 2026 en el propio Hever Castle. Reunirá la mayor colección de obras de arte y objetos vinculados a Ana Bolena jamás presentada en un solo lugar.
Traducción de Leticia Zampedri







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